MENDOZA Y EL RIESGO SÍSMICO: OCUPARSE, NO PREOCUPARSE


El geólogo Javier Gómez Figueroa explicó que Mendoza continúa siendo una provincia sísmica, pero aclaró que actualmente no existen herramientas capaces de anticipar con precisión cuándo ocurrirá un terremoto. Frente a los mensajes alarmistas, recomendó reforzar la prevención, preparar a las familias y conocer cómo actuar ante una emergencia.

Los recientes movimientos sísmicos mencionados en Venezuela y Colombia volvieron a poner en agenda la actividad tectónica de la región y el riesgo existente en Mendoza. En ese contexto, el geólogo y docente universitario Javier Gómez Figueroa dialogó con Hugo Lombardi y Susana Gómez en el programa Antes de ver el sol, por Ciudad FM 90.5, para explicar qué se sabe, cuáles son los riesgos reales y por qué no corresponde anunciar un terremoto inminente.

El especialista aclaró que hablar de la posibilidad de un terremoto “a corto plazo” tiene un significado diferente dentro de la geología. Los tiempos de la Tierra se miden en períodos extremadamente extensos y, por esa razón, la expresión no permite señalar un día, un año ni una década determinada.

“No podemos determinar fehacientemente cuándo puede haber un sismo”, afirmó Gómez Figueroa.

El geólogo señaló que la energía acumulada en el interior del planeta necesita liberarse y que ese proceso puede manifestarse mediante movimientos sísmicos, actividad volcánica y otros fenómenos propios de la dinámica terrestre. Mendoza, por su ubicación en el oeste argentino y su relación con la formación de la Cordillera de los Andes, forma parte de una región con actividad tectónica.

Durante la entrevista explicó que la interacción entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana genera un proceso denominado subducción. Esta dinámica contribuye al crecimiento de la Cordillera de los Andes y provoca el acomodamiento y rozamiento de las rocas a través de diferentes fallas.

Según indicó, muchas de las fallas presentes en Mendoza tienen una orientación de norte a sur. Algunas se encuentran en el sector occidental de la provincia, pero también existen estructuras profundas hacia la Zona Este que no son visibles en la superficie.

Por ese motivo, los movimientos registrados ocasionalmente en departamentos como San Martín o Rivadavia también pueden estar asociados a la dinámica de fallas ubicadas en profundidad. Gómez Figueroa remarcó que no toda la actividad sísmica se concentra exclusivamente en la zona montañosa.

El entrevistado diferenció los conceptos utilizados habitualmente para describir estos fenómenos. Explicó que “sismo” es un término general para referirse a un movimiento telúrico, mientras que en el lenguaje cotidiano suele denominarse “temblor” a los movimientos de menor intensidad y “terremoto” a aquellos capaces de producir consecuencias más graves.

Consultado sobre si Mendoza atraviesa un período de actividad superior a la habitual, sostuvo que no existen elementos para afirmar que actualmente se esté produciendo un incremento extraordinario.

“Se está moviendo lo habitual”, aseguró.

Para fundamentar esa afirmación, citó estadísticas internacionales sobre la cantidad de terremotos de magnitud superior a siete que suelen registrarse anualmente en el mundo. Según los datos mencionados por el especialista durante la entrevista, los registros actuales se encontraban dentro de los valores esperados.

Gómez Figueroa explicó que la ausencia de un gran terremoto durante varias décadas lleva a los investigadores a estudiar los denominados períodos de recurrencia de las fallas. Sin embargo, conocer esos antecedentes no permite establecer una fecha exacta para un nuevo evento.

“No quiere decir que vaya a temblar mañana, en 2033 o en 2048”, aclaró al referirse a las interpretaciones que pueden surgir cuando se habla de un terremoto a corto plazo.

El geólogo sostuvo que el principal desafío no es vivir con temor, sino comprender que Mendoza se encuentra en una región sísmica y adoptar medidas preventivas. En ese sentido, destacó la importancia de los simulacros, la construcción sismorresistente, la planificación familiar y la preparación de elementos básicos para una emergencia.

“No hay que preocuparse; hay que estar ocupados”, sintetizó.

Como parte de esa preparación, contó que mantiene una mochila de emergencia con agua, una muda de ropa, copias de documentación, pilas, una linterna y elementos para mantener la comunicación. También recomendó que cada familia converse anticipadamente sobre cómo actuar y determine cuáles son los lugares más seguros dentro de la vivienda.

El especialista advirtió que durante un movimiento fuerte las personas pueden experimentar miedo, desorientación o mareos por el desplazamiento del piso y las paredes. Por eso remarcó la importancia de no salir corriendo de manera impulsiva hacia la calle, donde podría existir riesgo por la caída de cables, vidrios, árboles u otros objetos.

Según lo expresado durante la entrevista, cada vivienda debe ser evaluada de acuerdo con sus características. Gómez Figueroa mencionó como posibles alternativas la protección debajo de una mesa resistente o el desplazamiento hacia un espacio abierto previamente identificado, siempre que no existan árboles, cables u otros elementos que puedan caer.

También valoró las normas de construcción sismorresistente existentes en Mendoza y el trabajo desarrollado por organismos especializados. Aclaró que ninguna estructura puede garantizar inmunidad frente a un fenómeno extremo, pero consideró que la provincia cuenta con una cultura sísmica y con criterios constructivos que ofrecen mejores condiciones de preparación.

“No somos Japón, pero bastante encaminados estamos”, expresó al comparar la realidad mendocina con otros territorios expuestos a terremotos.

El geólogo explicó que el nivel de daño depende de diferentes variables, entre ellas la magnitud, la profundidad, la cercanía respecto de las zonas pobladas, las características del terreno y la calidad de las construcciones. Un sismo superficial puede resultar especialmente destructivo, pero sus efectos también estarán condicionados por la configuración tectónica de cada región.

Durante la conversación también descartó una relación entre los terremotos registrados en Venezuela y Colombia. Señaló que ocurrieron en regiones diferentes y separadas por una distancia considerable, por lo que no existiría una asociación directa entre ambos eventos.

Asimismo, negó que el cambio climático sea responsable de los terremotos. Explicó que los movimientos sísmicos forman parte de procesos internos del planeta y no de las variaciones climáticas registradas en la superficie.

“La Tierra es un planeta en movimiento”, afirmó.

Gómez Figueroa también cuestionó algunos mitos populares, como la supuesta posibilidad de anticipar un terremoto mediante el comportamiento de perros o aves, las temperaturas elevadas o determinadas fechas del calendario. Según señaló, no existe evidencia científica comprobada que permita utilizar esos factores como sistemas de predicción.

En relación con los avances tecnológicos, indicó que los instrumentos actuales permiten identificar áreas de riesgo, registrar movimientos y elaborar mapas de frecuencia sísmica. Sin embargo, sostuvo que ni la tecnología disponible ni la inteligencia artificial pueden determinar con certeza el día y la hora de un terremoto.

El especialista remarcó que Mendoza tiene identificadas varias de sus fallas, pero consideró necesario continuar estudiándolas para conocer mejor sus antecedentes y períodos de recurrencia. Para ello, planteó la necesidad de realizar más trabajos de campo, ampliar la instalación de sismógrafos y sostener las investigaciones desarrolladas por universidades y organismos científicos.

También manifestó preocupación por la reducción de recursos destinados a la investigación. Según afirmó, la falta de financiamiento dificulta los traslados al terreno, el estudio detallado de las fallas y la incorporación de nuevos instrumentos de medición.

“Ya sabemos más o menos dónde falla. Ahora habría que ir una por una a buscar evidencias”, señaló.

Gómez Figueroa sostuvo que los planes de ordenamiento territorial deberían contemplar la localización de las fallas y evitar construcciones sobre las zonas identificadas. Para el especialista, el conocimiento científico debe convertirse en prevención, planificación urbana y normas capaces de disminuir las consecuencias de futuros movimientos.

Al finalizar la entrevista, insistió en que los mendocinos no deben vivir con miedo, sino con respeto por el entorno geológico. Recomendó hablar del tema en los hogares, preparar una mochila, conocer las salidas y participar responsablemente de los simulacros.

El mensaje central fue directo: Mendoza es una provincia sísmica y seguirá registrando movimientos porque forma parte de un planeta geológicamente activo. No es posible anunciar cuándo llegará el próximo terremoto, pero sí es posible mejorar la preparación individual, familiar e institucional.

La entrevista completa a Javier Gómez Figueroa puede verse a través de las plataformas digitales de Ciudad FM.

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