ARMONIZACIÓN FACIAL: QUÉ SE DEBE SABER ANTES DE ELEGIR UN TRATAMIENTO ESTÉTICO


La odontóloga María Tossi explicó las diferencias entre toxina botulínica y ácido hialurónico, la importancia de una evaluación individual y los cuidados necesarios para reducir riesgos antes y después de un procedimiento.

La armonización facial despierta interés, dudas y también numerosas creencias equivocadas. ¿La toxina botulínica y el ácido hialurónico cumplen la misma función? ¿Es conveniente empezar a determinada edad? ¿Qué riesgos existen cuando un procedimiento se realiza sin una evaluación adecuada? Estos fueron algunos de los interrogantes que la odontóloga María Tossi abordó en MAÑANAS DE CIUDAD, en diálogo con Carina Coria.

Tossi describió la armonización facial como un conjunto de procedimientos no quirúrgicos que, según la necesidad de cada persona, pueden buscar cambios en el contorno del rostro, compensar asimetrías, aportar volumen a determinadas zonas o mejorar el aspecto de la piel. Su planteo central fue que ninguna técnica debe elegirse de manera automática: antes es necesario evaluar la anatomía, la salud y las expectativas del paciente.

La profesional explicó que las necesidades pueden cambiar con la edad. Una persona joven puede consultar por el perfil o el contorno de los labios, mientras que en otras etapas aparecen inquietudes relacionadas con la pérdida de sostén y volumen. Sin embargo, destacó que la edad por sí sola no determina un procedimiento y que no todos los pacientes requieren lo mismo.

Una parte importante de la conversación estuvo dedicada a la diferencia entre toxina botulínica y ácido hialurónico. Tossi recordó que “Bótox” es una marca conocida de toxina botulínica y explicó que ese tratamiento se utiliza para actuar sobre la contracción de determinados músculos y, con ello, modificar temporalmente algunas líneas de expresión.
El ácido hialurónico, por su parte, fue presentado como una sustancia empleada en diferentes formulaciones y consistencias, con usos que pueden incluir hidratación, aporte de volumen o corrección de zonas específicas. La odontóloga aclaró que no se trata de un producto equivalente a la toxina botulínica ni de una solución válida para cualquier objetivo estético.

En relación con la duración de los tratamientos, indicó que los efectos de la toxina botulínica son temporales y que la evaluación profesional debe determinar cuándo corresponde repetir una aplicación. También desalentó la idea de que las personas deban comenzar por una edad fija o continuar indefinidamente por obligación.

Tossi advirtió sobre la búsqueda de resultados exagerados. A su entender, el uso excesivo de rellenos puede producir un aspecto de sobrellenado que se aleja de la armonía pretendida. La elección del producto, la zona de aplicación y la cantidad utilizada deben formar parte de un diagnóstico y una planificación individual.

Otro aspecto que consideró fundamental fue la salud bucal. Explicó que las infecciones y ciertos tratamientos odontológicos pueden tener relevancia a la hora de planificar procedimientos faciales y que, por esa razón, es necesario revisar el estado de la boca y coordinar los tiempos de atención. También citó situaciones que pueden requerir postergar la intervención, como lesiones o infecciones activas en la piel, además de otras posibles contraindicaciones generales.

Al hablar de seguridad, la profesional insistió en que un precio elevado no garantiza por sí solo un buen resultado. Es importante, sostuvo, acudir a una persona habilitada y capacitada, recibir información clara y utilizar productos autorizados y trazables. También destacó que, aun tomando recaudos, los procedimientos pueden presentar complicaciones y que el profesional debe saber reconocerlas y abordarlas.

La historia clínica fue otro punto central. Tossi explicó que es necesario dejar constancia de las zonas tratadas, los productos utilizados, sus cantidades y los datos de identificación correspondientes, además de informar al paciente sobre el procedimiento. Mencionó expresamente la importancia del consentimiento informado, que permite conversar sobre expectativas, riesgos y alternativas antes de tomar una decisión.

La odontóloga también se refirió a los bioestimuladores de colágeno y a las consultas vinculadas con la hidratación de labios y otras zonas del rostro. Aclaró que estas prácticas no reemplazan los cuidados cotidianos: dormir adecuadamente, alimentarse bien, evitar la exposición solar excesiva, utilizar protección solar e hidratar la piel siguen formando parte de una mirada integral.

Para Tossi, el objetivo debería ser acompañar la salud y las preferencias individuales, no imponer una obligación estética ni perseguir un modelo de rostro único. La decisión de realizarse un tratamiento, resumió, requiere información, evaluación profesional y expectativas realistas. La conversación dejó una advertencia especialmente relevante: en procedimientos inyectables, la seguridad debe estar siempre por delante de la moda.

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