La ansiedad no debe ser reprimida ni dominada, sino reconocida, comprendida y gestionada con conciencia. La licenciada en Psicología Andrea Lizana explicó cómo las emociones intensas pueden manifestarse en el cuerpo y destacó la importancia de evitar que la pasión se transforme en descontrol.

Durante una entrevista en Hola Gente, por Ciudad FM 90.5, la profesional analizó la euforia colectiva, los impulsos, las señales físicas de la ansiedad y la necesidad de construir recuerdos atravesados por la alegría, el cuidado y el respeto.

“No hay que dominar a nadie, ni siquiera a las emociones”. Con esa definición, Andrea Lizana respondió a uno de los interrogantes planteados durante el programa conducido por Oscar Mila, Celeste González y Pilar Campagnolo: cómo afrontar la ansiedad en momentos de alta tensión emocional.

La psicóloga explicó que las emociones intensas pueden provocar efectos positivos y negativos. Por un lado, permiten que las personas se sientan vivas, se conecten con la alegría y se alejen momentáneamente de las dificultades cotidianas. Por otro, cuando la reacción es desmedida, pueden aparecer manifestaciones físicas y conductas impulsivas.

Según señaló, durante acontecimientos deportivos de gran importancia conviven la alegría, el miedo, la ilusión, la frustración y la euforia. Cada persona las expresa de una manera diferente: algunas saltan, lloran, gritan, golpean una mesa o buscan compartir el momento con familiares y amigos.

Lizana consideró que esas expresiones forman parte de una experiencia emocional colectiva, pero advirtió que deben mantenerse dentro de límites que protejan la salud y la convivencia.

“La persona que vive ese arrebato no tiene conciencia de que el arrebato está”, explicó al referirse a las reacciones que pueden aparecer durante situaciones de mucha tensión.

La ansiedad también puede trasladarse al cuerpo. Durante la entrevista mencionó síntomas como dolores de cabeza, molestias estomacales, taquicardia, alteraciones en la presión y diferentes malestares físicos.

Ante esas señales, sostuvo que cada persona debe preguntarse qué ocurrió para que una situación determinada produjera semejante reacción.

“No es el fútbol. Soy yo frente al fútbol”, resumió.

La frase plantea que el problema no siempre se encuentra en el acontecimiento exterior, sino en la forma en que cada persona responde frente a la incertidumbre, la espera o la posibilidad de que algo no resulte como esperaba.

Esa misma reacción puede aparecer antes de un examen, frente a una dificultad familiar, durante una espera importante o cuando se debe resolver un conflicto. Por eso, Lizana remarcó que reconocer la manera personal de reaccionar permite comenzar a gestionar la ansiedad.

La profesional también destacó el papel de quienes acompañan a una persona que está atravesando un momento de desborde. Cuando alguien pierde momentáneamente la capacidad de reconocer lo que le sucede, la intervención respetuosa de otra persona puede ayudar a disminuir la intensidad.

Expresiones sencillas como pedirle que se tranquilice, sugerirle que camine, recordarle que la situación pasará o ayudarla a respirar pueden contribuir a recuperar la conciencia sobre lo que está ocurriendo.

Otro eje central fue la responsabilidad de los adultos frente a niños y adolescentes. Lizana señaló que las reacciones de los mayores transmiten mensajes sobre cómo enfrentar la frustración, aceptar una derrota o celebrar un triunfo.

La forma de comportarse frente a aquello que no sale como se esperaba también constituye un aprendizaje.

“Somos ejemplo para otras generaciones”, afirmó.

En ese sentido, planteó que los acontecimientos deportivos pueden transformarse en una oportunidad para enseñar que no todas las situaciones tendrán el resultado deseado y que, aun frente a la dificultad, es posible mantener el respeto y buscar nuevas estrategias.

La psicóloga diferenció la emoción espontánea de las conductas en las que aparecen otros componentes, como el consumo excesivo de alcohol. Cuando eso sucede, puede disminuir la percepción del riesgo y aumentar la posibilidad de realizar acciones peligrosas.

Viajar sobre el techo de un vehículo, exponerse en una camioneta en movimiento o provocar daños no forman parte de una expresión emocional saludable. Para Lizana, esas situaciones muestran que todavía existen dificultades para comportarse responsablemente en comunidad.

El encuentro colectivo, sin embargo, también tiene un valor positivo. Durante una celebración pueden desaparecer momentáneamente las diferencias sociales, políticas, deportivas o personales. Personas que habitualmente están enfrentadas pueden compartir un mismo objetivo y experimentar una sensación de pertenencia.

La profesional relacionó esa experiencia con la importancia del trabajo en equipo.

“No es sin el otro”, expresó al destacar que los objetivos colectivos requieren del acompañamiento, el compromiso y la energía de toda una comunidad.

También consideró valioso que los jugadores manifiesten abiertamente sus emociones. Ver a hombres abrazándose, llorando o hablando de sus sentimientos transmite un mensaje que contradice antiguas ideas sobre la masculinidad y la obligación de ocultar la vulnerabilidad.

Otra situación analizada fue el vacío emocional que puede aparecer cuando termina un acontecimiento muy esperado. Durante varios días, las personas viven conectadas con la ilusión, la esperanza y una realidad que se presenta como extraordinaria.

Cuando esa experiencia finaliza, deben regresar a sus problemas, responsabilidades y conflictos cotidianos. Lizana describió ese proceso como la salida de un ambiente de fantasía para volver a la vida diaria.

Para atravesarlo, propuso conservar los aprendizajes construidos durante la experiencia: trabajar en equipo, no abandonar frente a la dificultad, aceptar que incluso las personas más talentosas pueden equivocarse y buscar estrategias para seguir adelante.

La ansiedad, en consecuencia, no se resuelve anulando las emociones. Se gestiona aprendiendo a reconocerlas, escuchando las señales corporales y tomando decisiones conscientes.

La psicóloga recomendó respirar profundamente, caminar cuando la tensión resulte demasiado intensa, escuchar los límites del cuerpo y recordar que se trata de una experiencia que debe ser disfrutada sin poner en riesgo la salud propia ni la de los demás.

“Estamos construyendo recuerdos y tenemos que pensar cómo queremos armarlos”, sostuvo.

Ese fue uno de los mensajes finales de la entrevista: los momentos importantes permanecen en la memoria y cada persona puede decidir si los construye desde el descontrol o desde la pasión acompañada por el cuidado.

Andrea Lizana invitó a vivir las emociones plenamente, con alegría, amistad, respeto y conciencia comunitaria. La entrevista completa puede verse en las plataformas de Ciudad FM.

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