Con humor, costumbrismo y emoción futbolera, Hugo Videla convirtió las tradiciones navideñas argentinas en una metáfora sobre el deseo que atraviesa a millones de hinchas antes de la final del Mundial: que “Papá Lionel” vuelva a aparecer y entregue una nueva copa. La columna fue presentada en el segmento La palabra no se mancha, dentro del programa Antes de Ver el Sol de Ciudad FM 90.5.

Hugo Videla construyó una escena reconocible para cualquier familia argentina: un Papá Noel soportando el calor de diciembre, mesas desbordadas de comida, aires acondicionados al límite, películas repetidas, discusiones familiares y costumbres importadas que fueron adaptadas con una identidad completamente nacional.

Desde ese punto de partida, el columnista describió con ironía la contradicción de celebrar una Navidad propia del hemisferio norte en medio de temperaturas superiores a los 35 grados. Mientras los personajes navideños caminan vestidos para el Polo Norte, los argentinos enfrentan cenas cargadas de calorías y aparatos de aire acondicionado que, según bromeó, necesitan ser reemplazados desde “hace un par de mundiales”.

“Me molestan las costumbres navideñas heredadas de otros lugares que se respetan a rajatabla en la Argentina”, planteó al iniciar su reflexión.

La columna no se quedó únicamente en la crítica. Videla destacó que la sociedad argentina tomó aquellas tradiciones y las transformó con elementos propios: la ensalada de frutas que nadie pide pero todos terminan probando, los históricos especiales musicales de Crónica TV, las discusiones políticas después de la medianoche y los programas deportivos utilizados para soportar la espera hasta la cena.

El relato avanzó hacia una escena familiar que combina ternura, absurdo y humor nacional. Después del brindis y los abrazos, aparece un Papá Noel transpirado justo cuando uno de los integrantes de la familia se ausenta misteriosamente para ir al baño.

Mientras los niños reciben sus regalos, los adultos intentan refrescar al visitante navideño con una jarra de fernet antes de que continúe su recorrido por las casas del barrio.

“A las doce aparece un Papá Noel todo sudado, justo cuando un familiar fue al baño, y empieza a repartir los regalos”, relató.

Ese momento funcionó como el puente hacia el verdadero eje de la columna. Para Videla, la Argentina futbolera realizó durante la última Navidad un pedido colectivo que no necesitó ser escrito en ninguna carta.

El deseo, según expresó, nació desde lo más profundo de una sociedad atravesada por el fútbol: que Papá Noel estuviera presente el 19 de julio en Nueva Jersey, pero transformado en “Papá Lionel”.

La figura elegida fue Lionel Messi, capitán y símbolo de la Selección Argentina. La esperanza es que vuelva a presentarse con la misma imagen que dejó durante el Mundial de Qatar 2022 y entregue otra copa ante la mirada de quienes esperan una derrota argentina.

“Ese pedido fue que Papá Noel esté presente el 19 de julio en Nueva Jersey y se convierta en Papá Lionel”, expresó Videla.

La comparación entre Messi y Papá Noel resume el tono de toda la columna. No se trata solamente de esperar un resultado deportivo, sino de proyectar sobre el capitán argentino un deseo compartido por millones de personas.

Videla describió a una sociedad que volverá a reunirse frente al televisor para atravesar la final con cábalas, rituales, supersticiones, nervios y una ilusión que supera cualquier análisis racional.

En cada casa habrá una forma diferente de vivir el encuentro. Algunos repetirán la ubicación utilizada durante los partidos anteriores. Otros vestirán la misma camiseta, evitarán cambiar de lugar, prepararán la misma comida o recurrirán a todo tipo de “brujerías” futboleras.

La palabra “premedicados”, incluida con humor en la columna, retrata además el nivel de ansiedad que puede generar una final del mundo en un país donde el fútbol ocupa un lugar central dentro de la cultura popular.

“Falta poco, un paso más. El domingo volveremos a ser millones delante de un televisor, con cábalas, con brujerías y con la ilusión inmensa de tener otra estrella en el escudo”, sostuvo.

El deseo de obtener otra estrella aparece como la síntesis de una generación acostumbrada a vivir momentos históricos junto a la Selección. La referencia a Qatar 2022 no fue casual: aquella conquista terminó de consolidar la relación emocional entre Messi y una sociedad que durante años esperó verlo levantar la Copa del Mundo.

En la mirada de Videla, Messi posee algo que trasciende su capacidad deportiva. Lo definió como un hombre “angelado”, capaz de aparecer en el momento decisivo y, quizás, marcar el gol que entregue la victoria.

El columnista evitó realizar un análisis táctico o anticipar con certeza lo que ocurrirá en la final. Su intervención se concentró en el sentimiento previo, en las imágenes que construye la expectativa y en el deseo de que la historia tenga un cierre feliz.

“Quién te dice, termina metiendo el gol de la victoria”, imaginó.

La columna también dejó un mensaje dirigido a quienes participen de los festejos posteriores. Más allá del resultado, Videla pidió disfrutar el acontecimiento y, si corresponde salir a las calles, hacerlo sin violencia.

La recomendación adquirió un valor especial por tratarse de una jornada en la que millones de argentinos estarán pendientes del partido y una eventual celebración podría generar concentraciones multitudinarias.

El fútbol aparece así como una oportunidad para compartir, abrazarse y construir una memoria colectiva, no como una excusa para provocar incidentes.

“Que disfrutemos, pase lo que pase. Y si hay que salir a las calles, que se salga en paz”, remarcó durante el cierre.

La palabra no se mancha volvió a utilizar el fútbol como punto de partida para hablar de la identidad argentina. En esta oportunidad, el recorrido unió las contradicciones de la Navidad en pleno verano, los rituales familiares y la fe depositada en el capitán de la Selección.

La columna de Hugo Videla no buscó explicar por qué la Argentina puede ganar o perder la final. Eligió retratar cómo la espera modifica la rutina de una sociedad que convierte cada partido decisivo en un acontecimiento familiar, cultural y emocional.

El “Papá Lionel” imaginado por el columnista no llega en trineo ni desciende por una chimenea. Aparece en una cancha de Nueva Jersey, con la camiseta argentina, la cinta de capitán y la posibilidad de entregar el regalo que millones esperan sin haberlo escrito.

La expectativa ya está instalada. Falta un solo paso y, como cada vez que juega la Selección, las casas volverán a llenarse de cábalas, camisetas, promesas, nervios y esperanza.

La columna completa de Hugo Videla puede verse en las plataformas digitales de Ciudad FM, dentro del segmento La palabra no se mancha de Antes de Ver el Sol.

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