Conviene porque resume los tres ejes centrales de la entrevista: el rol de los padres, los límites y el impacto de la tecnología en niños y adolescentes.

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La licenciada en Psicología Elida Mussa dialogó con Hola Gente sobre los desafíos actuales de criar a los niños en un contexto atravesado por la tecnología, la velocidad de la vida cotidiana, el agotamiento de los adultos y la necesidad de recuperar límites claros sin caer en el autoritarismo. La especialista planteó que no se trata de juzgar a los padres, sino de encontrar nuevas herramientas para acompañar a las familias.

Criar a los niños en la actualidad se volvió una tarea cada vez más compleja para muchas familias. La tecnología, las redes sociales, la inteligencia artificial, la falta de tiempo, el cansancio laboral, las exigencias económicas y la culpa de los adultos aparecen como factores que atraviesan la vida cotidiana y modifican profundamente los vínculos dentro del hogar. Sobre este tema habló la licenciada en Psicología Elida Mussa en Hola Gente, por Ciudad FM 90.5, junto a Oscar Mila y Pilar Campagnolo.

Desde el inicio de la entrevista, Mussa hizo una distinción importante: más que hablar de educar, propuso hablar de criar. Según explicó, la crianza no se limita al aprendizaje escolar, sino que incluye acompañar emociones, transmitir valores, sostener vínculos, poner límites y ayudar a los niños a desarrollarse en un mundo que cambió con enorme rapidez.

“La educación es como algo que le corresponde al mero aprendizaje, sino a gestionar emociones, a dar valores”, señaló la especialista al marcar la amplitud del tema. En ese sentido, sostuvo que los adultos ya no pueden enfrentar el escenario actual con herramientas pensadas para otra época.

Una de las frases centrales de la entrevista fue que no se puede caminar por el mundo actual “con un mapa viejo”. Para Mussa, el escenario cambió tan rápido que incluso a los adultos les cuesta procesar el lugar que ocupan la tecnología, las redes y la inteligencia artificial en la vida diaria. Esa dificultad se vuelve todavía más delicada en niños y adolescentes, que atraviesan una etapa de crecimiento y desarrollo.

“No podemos estar en este escenario actual, que es tan diferente al que teníamos, con un mapa viejo”, afirmó. Y agregó que, ante este nuevo contexto, más que manuales rígidos, las familias necesitan construir una brújula propia.

La psicóloga explicó que su mirada no busca juzgar a los padres ni decirles cómo deben actuar, sino pensar junto a ellos nuevas formas de acompañamiento. Según describió, muchos adultos llegan al final del día agotados, después de trabajar, cocinar, hacer tareas, correr de un lado a otro y permanecer también conectados a dispositivos. En ese estado, muchas veces aparece la culpa por haber gritado o por no haber respondido como hubieran querido.

“Nadie se levanta en la mañana pensando: hoy quiero perder la paciencia”, expresó Mussa, al referirse al esfuerzo que hacen los padres para criar de la mejor manera posible, aun cuando muchas veces se sienten desbordados.

Uno de los puntos más fuertes de la entrevista fue el análisis sobre los límites. Mussa planteó que, en muchas situaciones, los adultos sienten que solo tienen dos caminos: aflojar o explotar. Sin embargo, propuso una tercera vía, basada en sostener límites firmes sin perder el vínculo con los hijos.

La especialista diferenció el límite entendido como “muro” del límite entendido como “baranda”. Según explicó, el límite no debería estar pensado para castigar ni para impedir, sino para dar seguridad, orientar y mostrar por dónde caminar.

“El límite no está para castigar, está para dar seguridad, para mostrarle a los chicos por dónde ir”, señaló durante la entrevista. Esa idea atraviesa buena parte de su mirada sobre la crianza actual: los padres necesitan recuperar autoridad, pero no autoritarismo.

En esa línea, Mussa también cuestionó una interpretación equivocada de la llamada crianza respetuosa. Según advirtió, muchas veces se cree que criar de manera respetuosa implica consultarle todo al niño o ponerlo en un lugar de decisión para el cual no está preparado. Para la psicóloga, eso no fortalece el vínculo, sino que puede dejar a los adultos sin autoridad y a los niños sin una referencia clara.

“Los padres tienen que volver a encontrar la autoridad, no el autoritarismo”, remarcó.

La tecnología ocupó un lugar central en la conversación. Mussa explicó que, más allá de los beneficios que puedan tener las herramientas digitales, el problema aparece cuando las pantallas pasan a ocupar un lugar excesivo en la vida emocional, social y familiar de los chicos. Según planteó, hoy lo riesgoso no necesariamente está fuera de la casa, sino muchas veces dentro del bolsillo de los niños y adolescentes, en el celular.

“El celular se convirtió en el diario íntimo, en la consulta permanente”, sostuvo. Para la especialista, el dispositivo muchas veces reemplaza espacios de diálogo, reflexión y encuentro real con otros.

Mussa advirtió que la virtualidad puede producir un alejamiento de los vínculos concretos. Explicó que lo real no está en la pantalla, sino en el encuentro cara a cara, donde aparece el otro como límite, como presencia y como posibilidad de regulación emocional. En cambio, las redes sociales pueden borrar la frontera entre lo público y lo privado y alterar la percepción del tiempo.

“Lo real no está en la virtualidad. Lo real es en el encuentro con el otro real”, afirmó.

La especialista también habló sobre la dificultad de muchos padres para establecer controles, límites y acuerdos frente al uso de pantallas. Señaló que muchas veces aparece la frase “todos lo tienen” como argumento para entregar un celular o permitir determinadas prácticas. Frente a eso, propuso no demonizar la tecnología, pero sí preguntarse qué lugar ocupa en la vida del niño o adolescente.

Para Mussa, no siempre se trata solo de contar cuántas horas pasa un chico frente a una pantalla, sino de observar qué función cumple ese dispositivo: si es entretenimiento, refugio, compañía, escape del aburrimiento o sustituto del vínculo.

“Para mí no es tanto cuánto tiempo pasa frente a la pantalla, sino qué lugar está ocupando esa pantalla”, explicó.

Otro eje importante fue la sobreprotección y la satisfacción inmediata. Mussa señaló que el mundo actual ofrece estímulos constantes, consumo permanente y poca espera. A diferencia de otras épocas, en las que había tiempos de espera para ver una serie, revelar una foto o acceder a determinados contenidos, hoy muchas experiencias están disponibles de manera inmediata.

La psicóloga explicó que esa falta de espera y frustración puede afectar la construcción psíquica de los niños, porque para crecer también es necesario encontrarse con límites, tiempos, cortes y faltas. “No todo se puede, no todo ya, no todo ahora”, planteó.

En la entrevista también se abordó el rol de los padres frente a la autonomía de los hijos. Mussa aclaró que esa autonomía debe pensarse según la edad y la etapa evolutiva de cada niño o adolescente. En la adolescencia, por ejemplo, es necesario que aparezcan espacios propios, pero esos espacios deben estar reglados, cuidados y acompañados por adultos que sigan presentes.

Cuando se trata de niños, sostuvo que son los padres quienes deben decidir qué es sano y adecuado, aunque no desde el viejo modelo de “porque te lo digo yo”, sino desde una autoridad firme, explicada y sostenida.

La especialista fue clara al responder si los padres deben ser amigos de sus hijos. “No, ese es un error”, señaló. Para Mussa, el padre debe ocupar el lugar de padre y los amigos ocuparán otro lugar. Alguien debe poner reglas, sostenerlas y acompañar el proceso de crecimiento.

“El padre es padre, los amigos ocuparán el lugar de amigos”, afirmó.

También habló sobre señales que pueden indicar estrés o ansiedad en los niños. Mencionó situaciones como no querer ir a determinados lugares, problemas para dormir, miedos excesivos, hacerse pis en la cama, evitar espacios, pedir cambiarse de escuela o manifestar malestar de manera corporal o conductual. Según explicó, los niños no siempre hablan como los adultos: muchas veces expresan lo que les ocurre a través del cuerpo, del comportamiento o de síntomas.

“Hay que poder escuchar cómo hablan. A veces hablan con el cuerpo”, señaló Mussa.

La psicóloga insistió en que los padres no deben resolver todo por sus hijos, porque eso impide que desarrollen recursos propios. Comparó ese acompañamiento con el aprendizaje de caminar: al principio los adultos sostienen, luego acompañan, y más tarde empiezan a dar espacio para que el niño avance, se caiga, se levante y aprenda.

“La vida es un proceso donde cada vez nos van necesitando menos”, expresó, al remarcar que una parte fundamental de la crianza es ayudar a que los hijos adquieran herramientas para resolver situaciones por sí mismos.

Hacia el final, Mussa destacó la importancia de pedir ayuda cuando la crianza se vuelve difícil. Explicó que no se trata de patologizar al niño, sino de preguntarse qué está pasando en la familia y cómo construir nuevas formas de leer el escenario actual. También mencionó la orientación a padres y los talleres como espacios útiles para compartir experiencias, aliviar culpas y sumar herramientas.

“Criar no es fácil, y hoy el escenario es más complejo aún”, sostuvo.

La entrevista dejó una mirada clara: los adultos no necesitan recetas mágicas, pero sí nuevas herramientas para criar en un mundo diferente. Límites firmes, autoridad sin autoritarismo, presencia afectiva, escucha, paciencia, regulación del uso de pantallas y espacios de orientación aparecen como claves para acompañar a niños y adolescentes sin perder el vínculo.

La entrevista completa con Elida Mussa en Hola Gente puede verse en las plataformas de Ciudad FM. Producción realizada sobre la transcripción aportada por el usuario.

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