El sector vitivinícola atraviesa un momento crítico: cada vez hay menos trabajadores dispuestos a desempeñarse en las viñas. Así lo expresó Marcelo Rubio, delegado del Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas (SOEVA), en una entrevista concedida esta mañana en el programa «Antes de Ver el Sol», donde habló sin rodeos sobre el impacto de los bajos salarios y la falta de políticas para sostener a los trabajadores.
Rubio explicó que en las últimas dos reuniones con productores primarios, la negativa a negociar más allá de los ajustes inflacionarios fue total. “Ellos consideran que el arreglo que va de febrero a febrero ya fue compensado con la inflación. No se mueven de ahí”, señaló. Según detalló, un trabajador que recién inicia cobra alrededor de quinientos mil pesos, mientras que los que permanecen en el sistema “son los que tienen antigüedad o alguna categoría”.
El problema, insistió Rubio, es que no hay mano de obra joven calificada para reemplazar a quienes se jubilan. “El trabajador de Viña se jubila a los 57. Y nunca fue pago como calificado. Ahora no tienen quién haga el trabajo”, alertó. Ante esta situación, los mismos jubilados están regresando a la actividad y «ponen su precio», porque saben lo que vale su experiencia, incluso trabajando en condiciones durísimas.
Rubio también se refirió al desconocimiento que existe sobre la exigencia física del oficio. “No sé por qué la gente cree que es fácil. El trabajo de Viña es muy complejo. No es lo mismo estar tironeando una planta con dos o tres grados bajo cero”, subrayó.
Con un llamado a prestar atención a este problema estructural, el delegado dejó en claro que la crisis laboral en la vitivinicultura es tan urgente como silenciosa











































