En el programa La Brújula, el silencio fue sustituido por la verdad. Viviana Heras, artista plástica y madre, compartió un testimonio desgarrador y valiente sobre lo que significa convivir con un hijo atrapado por las adicciones. La charla, sincera y profunda, dejó expuesta una realidad que muchas familias prefieren callar: el dolor de ver caer a un ser querido en el abismo de la droga y el largo camino hacia la recuperación.

Viviana no es psicóloga ni médica, pero aprendió de la experiencia más dura: ser madre de un joven que cayó en el consumo de cocaína. “Uno ve los cambios, pero se engaña, busca excusas”, dijo. Contó cómo el consumo comenzó, como en muchos casos, con tabaco, alcohol y marihuana, y luego avanzó hacia sustancias más destructivas. Reconoció que lo más difícil no fue solo identificar la adicción, sino aceptar que el problema estaba dentro de su hogar. “Los padres queremos ver cualquier cosa menos la verdad”, confesó.

Su testimonio fue tan revelador como doloroso. Habló de la manipulación, de las mentiras del adicto, de la fractura familiar que genera la enfermedad. “Las familias se destruyen, los hermanos se enfrentan, los padres se culpan”, dijo. Su hijo, hoy en recuperación, logró salir gracias a la contención, la ayuda profesional y el amor familiar. Pero llegar a ese punto implicó noches enteras de angustia, impotencia y miedo.

Viviana insistió en la importancia de hablar, de no callar, de pedir ayuda. “No hay que tener vergüenza, hay que aceptar que es una enfermedad”, sostuvo. Su paso por La Brújula no fue solo un relato personal, sino un mensaje social: detrás de cada adicto, hay una historia, una familia, una posibilidad de cambio.

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