En una entrevista reveladora con Hugo Lombardi en «Antes de Ver el Sol», la secretaria de la Comisión Directiva detalló cómo Rodrigo Godoy, coordinador de Deportes municipal, ejecuta un plan para desplazarla junto a su marido, Carlos Flores, presidente de la institución. Multas millonarias, recorte de subsidios históricos y reuniones clandestinas: el relato pormenorizado de una batalla que trasciende lo deportivo.
Cada número que Valeria Córdoba recita de memoria – $3.260.000 en multas, $17.000.000 invertidos de su patrimonio, 300 niños afectados – parece clavar un puñal en la mesa de transmisión. La secretaria del Centro Deportivo Rivadavia no lee notas: vive esta crisis en carne propia.
El Partido que Desató el Escándalo
Todo comenzó con la suspensión del encuentro ante Palmira. La Liga Mendocina aplicó multas por $3.260.000, incluyendo $700.000 por un supuesto traslado de Guaymallén que nunca ocurrió. «Presentamos notas con sellos oficiales avisando que no teníamos categoría 2017, pero las ignoraron», explicó Córdoba. El club, que ya paga $2.000.000 mensuales en planillas arbitrales, se declaró en rebeldía.
La situación se agravó cuando, según Córdoba, la Liga no tuvo en cuenta las notas presentadas previamente por el club, donde se notificaba que la categoría 2017 no podía competir por falta de jugadores. “Es un problema de administración interna de la liga”, sostuvo. Finalmente, y tras la insistencia del club, se reconoció el error y las sanciones quedaron sin efecto.
Pero lo más alarmante de la entrevista fue la acusación directa contra el coordinador de deportes de la Municipalidad de Rivadavia, Rodrigo Godoy. Córdoba denunció que existe una persecución personal hacia ella y su esposo, y que tras el conflicto con la Liga, Godoy vio la situación como una oportunidad: “Esta es la oportunidad nuestra de voltearlo al Gordo”, habría dicho en referencia a Carlos Flores.
Valeria también expresó su cansancio frente a esta hostilidad: “Este chico lamentablemente tiene un problema personal con nosotros. Ya me cansé. El año pasado me quedé callada.” Denunció además que en una reciente reunión convocada de forma irregular por el municipio, no se notificó a toda la comisión directiva y se intentó deslegitimar su gestión sin el debido proceso institucional.
Córdoba reveló que el club ha pagado siempre en tiempo y forma las obligaciones con la Liga Mendocina, y brindó detalles del alto costo que representa mantener todas las divisiones compitiendo. Indicó que los pagos mensuales pueden llegar hasta los 7 millones de pesos, dependiendo de las fechas de localía.
Recordando su inicio en la comisión comentó: “El club estaba triste, sucio, abandonado. No entendía nada de fútbol, pero empecé a ir a la siesta, a pedirle ayuda a mis hermanos para cortar el pasto, limpiar. Era una mugre total”, relata. No había nada: ni orden, ni motivación, ni transparencia. Pero sí muchas ganas de hacer. Y fue así que comenzaron.
Rodrigo Godoy, quien era en ese entonces el coordinador de fútbol del centro deportivo, estaba casi ausente: “Iba cinco minutos y se iba. Nosotros lo bancamos uno, dos años… pero la situación era insostenible”. El malestar creció. Godoy llegaba tarde, se iba antes, y jamás quería firmar el libro de entradas y salidas del material deportivo. La comisión, cansada de los incumplimientos, decidió bajarlo a entrenador de una categoría. Eso, según ella, marcó el inicio de una persecución.
“Se fue resentido, muy dolido. Ahora que es funcionario público a cargo de la dirección de deportes de Rivadavia, la semana pasada nos enteramos que le dijo a alguien: ‘Pediles la renuncia, asumí vos, y nosotros te damos todo’”, revela. Ese “alguien” es Julio Olivera, el nuevo coordinador, quien tras ese planteo decidió renunciar. “Nos planteó que si nosotros nos íbamos, a él le daban todo. Por eso te digo que es una persecución personal”.
La carga emocional es evidente. Y el cansancio también. “Ya estoy cansada”, dice. Y no es para menos.
Desde 2018, cuando asumieron la conducción del club, junto a su marido han invertido no solo tiempo, sino una fortuna. “El contador nos dijo: ‘Están locos’. El año pasado el balance dio negativo. ¡17 millones de pesos pusimos! Lo hicimos solos, sin ayuda del municipio”. Ese monto cubrió la participación histórica en el Torneo AFA y la Liga Mendocina, contrataciones de técnicos, ambulancias, policía, comida para delegaciones, médicos. Todo.
Y sin embargo, el club sobrevive con muy poco. Las cuotas son mínimas —17.000 pesos por chico— y hay muchos que no pueden pagarlas. “De los 300 chicos que hay, solo 100 están al día. Y con eso pagamos planillas, liga, mantenimiento. El resto lo seguimos poniendo nosotros”, relata.
Los gastos no paran: pintura, riego, corte de césped, traslado de jugadores, camisetas, sueldos. Solo abrir la cancha para jugar de local implica dos millones y medio de pesos por fin de semana. Y el plantel de Primera, salvo el técnico, no cobra sueldo: todos los jugadores son de inferiores. El club se sostiene, literalmente, a pulmón y con sacrificio familiar.
“Muchas veces yo soy secretaria, utilera, lavo camisetas. Paso comprobantes todos los viernes. El club es mi casa, lo cuido como tal”, afirma. Y entonces surge la pregunta inevitable del conductor Hugo Lombardi: ¿por qué seguir?
“Porque asumimos un compromiso. Y el compromiso es más fuerte que todo. El año pasado pensamos irnos, pero no encontramos a alguien responsable a quien dejárselo. Cuando llegamos el club estaba tirado. No vamos a dejarlo en manos de cualquiera”.








































