En una emotiva entrevista en el programa «Hola Gente» de Ciudad FM 90.5, conducido por Oscar Mila con la participación de Nadin Stenta, la profesora y terapeuta en discapacidad visual Silvina Alarcón compartió su experiencia de años trabajando con personas ciegas y reveló aspectos desconocidos sobre esta realidad que invitan a cambiar la forma en que la sociedad se relaciona con ellas.
«El problema no es no ver, sino tiene otras implicancias mucho más complejas», afirmó Alarcón al explicar los principales desafíos que enfrentan las personas con discapacidad visual. Según la profesional, las verdaderas dificultades están en moverse, controlar el medio ambiente y el entorno, lo que genera implicancias emocionales y sociales profundas: menor autonomía, poco desenvolvimiento, mayor timidez y necesidad de mayor control del entorno social.
La terapeuta destacó una diferencia crucial que muchos desconocen: «Una persona común puede interpretar si le estás prestando atención, si te gusta lo que dice o te desagrada. Hay una lectura corporal que da mucho más información que lo que decimos en forma oral. En la persona ciega este es como un impedimento en la comunicación».
La pregunta clave para ayudar
Cuando se le consultó cómo puede ayudar la sociedad a una persona ciega, Alarcón fue contundente: «Lo más importante es preguntarle ¿cómo lo puedo ayudar? Si no necesita ayuda, hay que respetar porque hay gente que tiene mucha autonomía y desenvolvimiento».
La profesional advirtió sobre un error común: la invasión del cuerpo de las personas ciegas. «Suelen abrazarlos, tomarlos por los brazos, empujarlos en la calle. Esta invasión del cuerpo de la persona ciega es muy abrupta y se siente invasiva», explicó. Lo correcto, según enseñan las terapeutas, es darle el brazo o el hombro para que el cuerpo guíe los movimientos, nunca tomarles el brazo. «Lo peor que puede hacer es tomarles el bastón, porque es su visión a distancia, es su tacto a distancia», advirtió.
Perder la vista versus nunca haber visto
Alarcón explicó una realidad que pocos comprenden: «Si una persona nació ciega, no sabe lo que le falta. Pero la persona que vio y dejó de ver es totalmente distinta, porque el setenta por ciento de la información que entra a nuestro cuerpo es visual».
La profesional reveló que el cerebro humano es visocentrista: «Si nos tapáramos los ojos durante más de tres minutos, empezamos a sentir sonidos que no nos habíamos dado cuenta, porque la visión es sumamente acaparadora. Entonces perder la vista es mucho más impactante que no haber visto nunca».
Respecto a cómo interpretan el mundo las personas que nacieron ciegas, la terapeuta compartió: «Su mirada es analítica, no es global. La visión nos permite una mirada global, pero la persona ciega va viendo lo que va tactando por partes. Va conociendo las cosas desde el análisis de las partes».
Tecnología y barreras
Al hablar sobre los avances tecnológicos, Alarcón fue realista: «Hay mucha tecnología para interpretar entornos, evadir obstáculos. ¿Cuál es el problema? Que todavía no hay algo que logre salvar la falta de visión, porque el ojo es una proyección del cerebro y una neurona que se muere no se puede recuperar».
Sin embargo, destacó que existen herramientas útiles: «Hay visores que interpretan la realidad. Algunos que si voy al supermercado me leen los productos. Hay detectores que hacen la vida mucho más feliz si soy una persona ciega».
Una profesión única en el país
La profesional explicó que en Mendoza existe una carrera única: el Profesorado Terapéutico en Discapacidad Visual que se dicta en la Universidad Nacional de Cuyo. «Esta carrera es la única en el resto del país que tiene esta parte terapéutica», destacó.
Los profesionales acompañan a la persona ciega desde los cuarenta y cinco días de vida, enseñando estimulación temprana, orientación y movilidad (técnica del bastón), y actividades de la vida diaria. «El simple hecho de servir un vaso de agua es complejo para una persona ciega. ¿Cómo detecta cuándo se llena?», ejemplificó.
El bastón: mucho más que un palo blanco
Alarcón detalló las características del bastón: «Nos da dos pasos de anticipación de distancia. Me permite detectar que a dos pasos voy a encontrar un tope, va a cambiar la vereda, me da la sensación del piso».
La profesional explicó el código de colores: el bastón blanco identifica a una persona ciega, el verde a una persona con baja visión, y el blanco y rojo a personas con sordoceguera. «Esto se hizo hace pocos años porque a veces las personas decían ‘estas personas se hacen las ciegas’ al verlas leer el celular pero andar con bastón. Son personas que a lo mejor les queda muy poquito resto visual, pueden leer una letra ubicando el celular pero no ven el piso ni a distancia», aclaró.
El sistema braille: insustituible
Respecto al braille, Alarcón fue enfática: «El braille ha superado todo. Este sistema lo puede leer cualquier persona ciega y le es sumamente útil porque la lectura no hay nada que la suplante. No es lo mismo escuchar que leer».
Sin embargo, señaló que la Ley de Mendoza que obliga a los restaurantes a tener carta en braille «solo se implementa cuando hay controles, pero eso estaría establecido y a veces no se cumple».
La palabra clave: inclusión
Cuando se le preguntó qué hace falta en la sociedad, el trabajo y la educación, Alarcón respondió sin dudar: «La palabra clave es inclusión. Permitirle estar en los ámbitos y darle los apoyos necesarios, porque cualquier persona con discapacidad con apoyos puede desempeñarse con autonomía y lograr lo que quiera. No hacer hincapié permanentemente en la falta».
La profesional compartió un logro significativo: fue pionera en crear un cargo para personas ciegas en la escuela Katena de la zona este, evitando que los niños tuvieran que ir a un internado en la escuela Helen Keller. «Ese cargo creó precedentes en toda la provincia. Por primera vez se abrió un cargo fuera de la escuela central y los chicos no tuvieron que ir más a un internado», recordó con orgullo.
Durante la entrevista, Oscar Mila compartió una anécdota conmovedora: logró conseguir una computadora con sistema braille traída de Estados Unidos para una estudiante de la escuela normal que iba a abandonar sus estudios. La joven hoy estudia psicología gracias a ese apoyo.
Alarcón cerró con un mensaje claro para la sociedad: «Preguntarle qué necesita, cómo te puedo ayudar, cuál es el apoyo que necesita. Querés que te oriente, te lleve, te escriba, te acompañe, te apoye, pero él te va a decir qué necesita. Cualquier persona con discapacidad puede estudiar lo que quiera si tiene los apoyos necesarios».









































