El Flamengo ya festejaba este miércoles su victoria en Rio, cuando el River Plate le arrancó a última hora un empate 2-2 en el primer juego del Grupo D de la CONMEBOL Libertadores 2018, un reencuentro de dos gigantes del continente que se celebró a puerta cerrada.
Un gol de penal de Henrique Dourado abrió el marcador para los brasileños apenas al minuto 53, pero fue rápidamente contestado por el tanto de cabeza del uruguayo Rodrigo Mora (55′), directo a la esquina de la portería de Diego Alves.
Fue Everton quien definió (65′) el desempate después de un giro y un disparo que llevó la pelota al final de la red.
Aunque Mayada aprovechó un rebote y echó por tierra la felicidad carioca cuando faltaban apenas cuatro minutos para el final.
Ambos equipos suman un punto en el Grupo D, donde también se encuadran el Santa Fe colombiano y el Emelec de Ecuador.
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A lo largo de los 90 minutos, River fue un fiel reflejo de esa situación: impotencia pura y cero equilibrio. Sin el rendimiento esperado de los refuerzos, encontró rebeldía, coraje y alma en dos jugadores a los que extrañaba en demasía por su continua adaptación: Mora, la figura por su entrega y compromiso como nadie, y Mayada, por su vital ingreso. Los uruguayos se pusieron la capa goleadora para igualar dos veces un encuentro que se le hizo cuesta arriba durante todo el complemento por los festejos de Henrique Dourado, de penal, y Everton.
Con un 4-1-4-1 (que se movía a 4-3-3) con Ponzio como único volante central, Enzo Pérez y Zuculini como internos, más Mora y De La Cruz en las bandas, el equipo de Gallardo no logró una versión superadora. Pasivo y sin explosión, le costó mucho llegar con claridad ofensiva y solo consiguió aproximarse con pelotazos cruzados, centros desde las bandas y alguna pelota parada. Además, volvió a mostrar problemas en la marca y el retroceso.
Hoy, ya cuesta encontrar alguna individualidad que lo rescate para conseguir una victoria: los niveles de Ponzio y Enzo Pérez son bajos, De La Cruz y Pratto no aparecen, y Mora es la única carta de ataque que ofrece alguna garantía. Así, las ausencias en el equipo titular de Scocco y Quintero, dos de los futbolistas que han aportado algo diferente en los últimos partidos, tienen poca explicación.
El cabezazo de Mora (en offside) y el zapatazo en el cierre de Mayada fueron dos oasis para River en un juego que en varios tramos se transformó en un eterno bostezo. Ante un vacío, pero impactante Estadio Olímpico Nilton Santos (con capacidad para 45 mil espectadores), la soledad fue predominante: se vio poco fútbol colectivo de ambos equipos y mínimas ideas para romper esquemas. Flamengo y River se neutralizaron mutuamente y el partido por momentos se transformó en un bostezo eterno.
Así, el ambiente fue totalmente disímil de lo que se suele vivir en cualquier país sudamericano en la Libertadores: sin público por la sanción de Conmebol al equipo brasilero, únicamente alrededor de 300 personas pudieron observar las acciones entre el campo y las tribunas. Gritos, protestas, aplausos, insultos y festejos de los jugadores predominaron la escena de un partido de bajo vuelo. Afuera, las calles del barrio de Engenho de Dentro tuvieron paz, ya que tan solo unos 100 hinchas del Mengão se acercaron a las inmediaciones del estadio para alentar e intentar, sin suerte, infiltrarse.
Tras un partido completamente extraño por el contexto, River vuelve de Brasil con un empate en el bolsillo que no le da tranquilidad por su rendimiento y lo obliga a mejorar, pero que a la vez le permite tomar aire y evitar que la caída libre se siga pronunciando.







































