Este martes 13 no trajo mala suerte. Pero sí un dato revelador: en los registros civiles del Este mendocino, nadie se casó. Ni en Rivadavia, ni en San Martín. Fue el disparador perfecto para una charla tan profunda como necesaria en Antes de ver el sol, donde Hugo Lombardi entrevistó al abogado Eduardo «Nano» Tolosa, especialista en derecho civil, laboral y penal, quien expuso con claridad las transformaciones que ha sufrido la institución del matrimonio, y cómo esto refleja los cambios sociales y económicos de nuestro tiempo.
“Ya no es que no se casan por cábala. Hoy no se casan porque el sistema tampoco te lo exige”
Así lo resumió Tolosa, tras confirmar que la baja en la cantidad de matrimonios no es coyuntural ni casual. “En los últimos años, sobre todo después de la reforma del Código Civil, el matrimonio dejó de ser la única vía para institucionalizar una pareja. Hoy existen las uniones convivenciales, que otorgan derechos similares, pero sin la carga legal o simbólica del casamiento”.
Según explicó, las uniones convivenciales son reconocidas legalmente cuando una pareja convive por más de dos años y lo declara formalmente. Desde ese momento, los bienes que adquieren juntos se consideran parte de una “sociedad de hecho”. La diferencia con el matrimonio, dice, es solo de “título jurídico”, pero no tanto de consecuencias: “Hoy las parejas piensan más en el proyecto de vida que en el vestido blanco”.
DIVORCIO EXPRESS: «Ahora es tan fácil divorciarse como casarse»
Uno de los puntos más impactantes de la charla fue el divorcio exprés. Tolosa explicó que desde la reforma del Código Civil de 2015, divorciarse se volvió un trámite administrativo, sin necesidad de expresar causas ni atravesar un juicio.
“Ahora basta con que uno de los dos quiera. Vas con tu DNI al Registro Civil, presentás la solicitud, se notifica a la otra parte y se labra un instrumento público. Si no hay bienes o hijos menores en disputa, el trámite termina ahí. No hace falta abogado, ni juez, ni juicio.”
Sin embargo, aclaró que si hay bienes en común o hijos menores, esos aspectos se resuelven por vías paralelas: “Ahí sí se abre un expediente judicial para tratar alimentos, régimen de comunicación y división patrimonial”.
Para Tolosa, esta simplificación fue positiva, ya que evita procesos largos y costosos. “Antes, uno de los dos tenía que demostrar culpa del otro. Hoy prima la autonomía de la voluntad”.
EL SISTEMA QUE FOMENTA LA SEPARACIÓN
Uno de los puntos más delicados que abordó fue cómo el Estado, con sus políticas públicas, llegó a incentivar la disolución de las parejas, sobre todo en sectores vulnerables. “Durante el kirchnerismo, muchas mujeres se divorciaban o dejaban de convivir formalmente con sus parejas para no perder planes sociales o asignaciones familiares”, afirmó sin rodeos.
Y añadió: “No era por conveniencia sentimental. Era una decisión económica. ¿Quién diseñó ese sistema? Los legisladores. La culpa no es de la gente, es del Estado que desalentó el matrimonio o la convivencia estable”.
En su opinión, esas políticas rompieron con el valor de la familia como núcleo social. Y si bien no culpa a los beneficiarios, sí pone el foco en la legislación: “Un Estado inteligente no debería poner en conflicto el bienestar económico con los vínculos afectivos”.
LOS CAMBIOS CULTURALES Y EL FIN DE LOS MANDATOS SOCIALES
Hugo Lombardi propuso una mirada desde lo simbólico: ¿por qué los jóvenes no quieren casarse? Tolosa respondió con honestidad: “Porque hoy nadie siente la obligación de hacerlo. Antes, si no te casabas, estabas fuera de la norma. Hoy, casarte es la excepción”.
Además, habló del avance de las mujeres en su autonomía económica y emocional: “Hoy no se casan para depender. No necesitan el apellido ni la manutención. Eso es un gran logro social”.
También se refirió a la creciente cantidad de mujeres que asumen roles activos en el derecho familiar, muchas veces como cabezas de hogar: “La mujer que se divorcia, generalmente, es la que se queda con la tenencia de los hijos, busca trabajo, y además inicia los reclamos judiciales por alimentos. El varón, muchas veces, se desentiende”.
DERECHO LABORAL: DESPROTECCIÓN, COSTOS Y TRAMPAS
Otro eje que ocupó buena parte de la entrevista fue el sistema laboral argentino, al que Tolosa calificó como “desactualizado, caro y lleno de trampas”. Contó que en muchos casos, los trabajadores hacen juicios no porque lo desean, sino porque es su única forma de cobrar lo que les corresponde. Y al mismo tiempo, muchos empleadores eligen no registrar empleados por miedo a reclamos futuros.
“Hay pymes que quieren hacer todo bien, pero no pueden pagar las cargas. Y hay trabajadores que también abusan del sistema. Pero no es culpa de ellos, sino de una estructura que castiga a quien quiere hacer las cosas como corresponde.”
Tolosa también criticó duramente la doble indemnización que rigió durante la pandemia: “Fue una medida absurda, porque encareció aún más la contratación. El problema no es el trabajador, sino un sistema que desalienta la formalidad y genera litigios por default”.
EL CASO DE LOS EMPLEADOS MUNICIPALES Y LA BRECHA SALARIAL
Sobre el cierre, se abordó otro tema que Tolosa no esquivó: los sueldos en la administración pública. Apuntó a la enorme diferencia entre los salarios de funcionarios políticos y los empleados de base.
“Hay empleados municipales con 20 años de antigüedad que no llegan a los 300 mil pesos. Mientras tanto, hay funcionarios que ganan un millón y medio. Es un escándalo.”
También cuestionó el uso político de los concursos en el Estado, y pidió una reforma laboral integral: “Hay que discutir en serio cómo premiar la capacitación, la trayectoria y la eficiencia en el sector público”.
UNA CHARLA QUE REFLEJA EL ESTADO DE LA SOCIEDAD
La entrevista a Eduardo Tolosa dejó algo en claro: detrás del gesto simbólico de no casarse un martes 13, hay un país que ya no cree en las formalidades, que desconfía del sistema legal y político, y que elige, cada vez más, los vínculos por afinidad y no por contrato.
Y aunque eso puede parecer una evolución cultural, también revela una alerta: el sistema debe aggiornarse, pero no desentenderse de su deber de proteger, incluir y fomentar relaciones justas, tanto en lo afectivo como en lo económico.










































