El chef Javier Sosa viajó como voluntario a Venezuela y montó una cocina de campaña en La Guaira, donde prepara alimentos para rescatistas, operarios, policías, militares y familias afectadas. Según relató durante la entrevista, cada jornada asisten entre 600 y 800 personas en medio de un escenario marcado por los escombros, las pérdidas y la búsqueda de desaparecidos.
Sosa compartió su experiencia en Antes de Ver el Sol, por Ciudad FM 90.5, durante una comunicación realizada desde un centro de acopio ubicado frente al edificio Los Corales, en una de las zonas que describió como más afectadas. En la entrevista fue acompañado por Hugo Lombardi y Susana Gómez, quienes dialogaron con él sobre la organización del voluntariado, la alimentación y las historias humanas que encontró desde su llegada.
El cocinero explicó que su vínculo con el pueblo venezolano comenzó mucho antes de este viaje. Durante siete años participó en la instalación de comedores de campaña en diferentes fronteras de América Latina para asistir a ciudadanos venezolanos que abandonaban su país caminando y recorrían largas distancias hasta llegar a destinos como Argentina o Chile.
Ese trabajo le permitió conocer de cerca la denominada diáspora venezolana y generó en él una profunda admiración por la capacidad de resistencia de quienes atravesaban el continente.
“Sentí una terrible admiración por la sangre venezolana, por su resiliencia, su empuje y su fe”, expresó.
Esta es la primera vez que Sosa ingresa a territorio venezolano. Su llegada fue posible luego de que una organización llamada Somos Potencia Estados Unidos conociera su intención de vender algunas pertenencias para financiar el viaje. Según contó, la entidad decidió colaborar con los pasajes y con la instalación de la cocina de campaña.
Al llegar, comenzó durmiendo en el patio de una vivienda dañada. Durante una de las primeras noches quedó expuesto a la lluvia y se le mojó la ropa. Posteriormente se acercó a un centro de acopio para explicar el trabajo que pretendía realizar y solicitar autorización para cocinar sin interferir con las actividades de rescate.
Los voluntarios del lugar lo invitaron a permanecer en el campamento y le ofrecieron instalar allí su centro de operaciones. Desde entonces trabaja junto con otros colaboradores, entre ellos dos jóvenes a quienes identificó como Leonidas y Sergio.
El espacio no se limita a la preparación de alimentos. También distribuye guantes, elementos de seguridad, productos de higiene, medicamentos y otros insumos recibidos mediante donaciones.
Sosa sostuvo que las jornadas comienzan alrededor de las seis de la mañana y pueden extenderse hasta las dos o tres de la madrugada. El calor, la humedad, la tierra suspendida por las máquinas y los olores provenientes de las zonas de búsqueda hacen que las condiciones de trabajo sean especialmente difíciles.
Durante la entrevista, el chef tenía la garganta afectada, los ojos irritados y los oídos tapados. Atribuyó esas molestias al polvo levantado de manera permanente durante la remoción de escombros.
El escenario que describió incluye edificios completamente derrumbados y otros que permanecen de pie, pero que no podrían volver a ser habitados. Las cifras y dimensiones mencionadas por Sosa corresponden a su observación y a la información que recibió en el lugar, sin que hayan sido verificadas de manera independiente por Ciudad FM.
“Esto es apocalíptico. Estar acá y dar un recorrido es terrible”, manifestó.
El voluntario señaló que muchas familias viven actualmente en carpas, refugios, clubes, espacios comunitarios y campamentos militares. También indicó que algunos niños perdieron sus útiles escolares y todas sus pertenencias.
En medio de ese contexto, su principal misión es sostener la cocina. Allí prepara comidas con los ingredientes disponibles y adapta cada menú a las provisiones que llegan al centro de acopio.
La propuesta puede incluir arroz, papa, zanahoria, carne, pollo, verduras o café. Sosa aseguró que intenta elaborar platos nutritivos, sabrosos y correctamente cocidos, incluso cuando los recursos son limitados.
“Aquí el título lo dejás colgado en la pared. Se trata de hacer lo más rico y nutritivo con lo que hay, porque la gente merece dignidad”, afirmó.
Entre las personas que reciben alimentos se encuentran operadores de maquinaria, equipos de rescate, paramédicos, policías, militares y habitantes de las zonas afectadas. El chef explicó que no realiza diferencias entre quienes se acercan al puesto porque considera que todos están colaborando en la recuperación de La Guaira.
Según sus cálculos, la cocina atiende diariamente a entre 600 y 800 personas. Una jornada completa, que incluye desayuno, almuerzo, merienda y cena, tendría un costo cercano a los 600 dólares, de acuerdo con lo expresado por Sosa.
Los recursos provienen principalmente del centro de acopio y de donaciones difundidas a través de redes sociales. También mencionó la posibilidad de recibir un contenedor con insumos enviado desde Curazao.
El agua es administrada con especial cuidado. El campamento recibe abastecimiento mediante camiones y los voluntarios intentan utilizarla solamente para las necesidades esenciales. Sosa contó que se bañan con el contenido de una botella grande de gaseosa para evitar desperdicios.
Dentro de su tarea también asistió a rescatistas argentinos que, en dos oportunidades, necesitaron provisiones. El chef les preparó comida y les acercó hielo y agua para que pudieran continuar trabajando.
El relato estuvo atravesado por historias personales que muestran la dimensión humana de la emergencia. Una de ellas fue la de una mujer que cocinaba fideos para los rescatistas mientras esperaba noticias de su hija desaparecida.
Sosa se acercó para felicitarla y preguntarle por qué preparaba esa comida. La mujer le respondió que su hija había estado en un departamento con una amiga durante el terremoto. El cuerpo de la amiga ya había sido encontrado, pero todavía no tenían noticias de su hija.
El chef quedó impactado por la capacidad de esa madre para colaborar con quienes trabajaban entre los escombros mientras atravesaba su propia búsqueda.
“¿Tendríamos la fortaleza de cocinar para los rescatistas sabiendo que una hija está debajo de los escombros?”, reflexionó.
Otra de las historias es la de un hombre de 78 años que perdió todas sus pertenencias y comenzó a vivir en el campamento. Los voluntarios lo ayudaron con ropa, atención médica y traslados al hospital debido a una fractura en un pie y una posterior descompensación.
Sosa manifestó su intención de reunir fondos para alquilarle una habitación. El costo estimado, según explicó, sería de entre 80 y 100 dólares mensuales. Para ello difundió los datos bancarios del propio hombre con la expectativa de que alguna persona pudiera colaborar directamente.
El chef también mencionó campamentos con niños que perdieron a sus padres y que extrañan sus hogares, sus camas y sus rutinas. A su entender, la atención psicológica será una de las principales necesidades durante la recuperación.
Esa preocupación se intensificó después de conversar con un policía que trabajaba desde el primer día. El hombre se acercó durante la madrugada para agradecerle y comenzó a contarle cómo había vivido el terremoto y qué había sucedido con su madre.
Durante la conversación rompió en llanto. Para Sosa, esa reacción demostró que muchos integrantes de los equipos de respuesta continúan trabajando sin haber podido procesar emocionalmente lo sucedido.
“La parte más importante hoy es la psicológica, la salud mental de la gente que quedó de pie”, advirtió.
El propio voluntario sufrió una reacción física poco después de llegar. Mientras compraba ollas e insumos comenzó a perder el equilibrio, tuvo dificultades para ver y se cayó en varias oportunidades. Los paramédicos que lo acompañaban lo asistieron con medicación y suero.
Sosa interpretó posteriormente que se trató de un ataque de pánico provocado por el impacto de observar la destrucción y comprender que debajo de cada estructura podía haber personas atrapadas.
A pesar de esa experiencia, afirmó que se siente agradecido por haber podido colaborar. Su preparación espiritual, aseguró, le permite continuar frente a escenas que resultarían difíciles de procesar en condiciones normales.
La entrevista también permitió conocer cómo fue su ingreso a Venezuela. En el aeropuerto fue interrogado porque no tenía un pasaje de regreso y no pertenecía formalmente a una organización humanitaria.
Sosa explicó a las autoridades que viajaba solo, con la intención de cocinar, limpiar, soldar, mover escombros o realizar cualquier tarea que fuera necesaria. Tras el diálogo recibió autorización para continuar y posteriormente gestionó el salvoconducto requerido para trasladarse a La Guaira.
Con el paso de los días construyó vínculos con policías, militares, paramédicos, enfermeros, rescatistas y voluntarios. Según señaló, dejó de sentirse un visitante y comenzó a ser tratado como un vecino más.
Además de la tragedia, el chef destacó permanentemente la capacidad del pueblo venezolano para levantarse. Contó el caso de un hombre que perdió completamente su comercio y, pocos días después, ya vendía café y cigarrillos.
También mencionó a un importante empresario del sector de productos navideños que habría perdido la totalidad de su estructura comercial. Aun así, el hombre le aseguró que encontraría una manera de reconstruirse y responder por sus empleados.
“La fortaleza del venezolano me la llevo en el corazón cuando me muera”, expresó Sosa.
El voluntario admitió que evalúa regresar próximamente a Mendoza. Su madre atraviesa problemas de salud y estuvo cerca de ser internada, mientras que su hermana, sus hijos, su pareja y el resto de su familia también esperan su regreso.
No tiene todavía una fecha definitiva, pero siente que deberá encontrar un equilibrio entre la tarea que realiza en Venezuela y las necesidades de sus seres queridos en Argentina.
Antes de despedirse, pidió acompañamiento para las familias afectadas y resumió el valor de cada aporte, sin importar su dimensión.
“Un plato, un jabón, un dólar, un abrazo y una oración suman”, afirmó.
El mensaje final de Javier Sosa fue un pedido para no olvidar a quienes continúan buscando familiares y enfrentando el duelo en La Guaira.
“Oren por La Guaira. Hay mucho dolor, mucho luto y mucho duelo”, concluyó.
La entrevista completa puede verse en las plataformas digitales de Ciudad FM, donde el chef también comparte registros de su trabajo en la cocina de campaña y de las personas que conoce durante su misión voluntaria.










































