Gloria Vera y Elisa Rodríguez llevan alrededor de 35 años vinculadas al trabajo artesanal. A lo largo de ese recorrido atravesaron dificultades económicas, pérdidas familiares, cambios personales y obstáculos cotidianos, pero encontraron en sus emprendimientos una herramienta para sostenerse, relacionarse con otras personas y continuar construyendo nuevos proyectos.

Las emprendedoras participaron de una entrevista en Mañanas de Ciudad, el programa conducido por Carina Coria en Ciudad FM 90.5, donde compartieron sus historias de vida, presentaron sus creaciones y dejaron un mensaje para quienes todavía sienten miedo o vergüenza de comenzar una actividad propia.

Gloria Vera está al frente de Arte Mi Ángel, un emprendimiento en el que combina marroquinería, trabajos en resina, accesorios para el cabello, llaveros, collares, bolsos, tejidos y amigurumis. Elisa Rodríguez, por su parte, desarrolla De Ellas junto con su hija Verónica Barroso, quien no pudo estar presente durante la entrevista. En su propuesta trabajan con pintura decorativa, yeso, cerámica, madera, crochet, muñecos de apego y figuras personalizadas para tortas.

Aunque actualmente los paseos de artesanos y emprendedores tienen una mayor presencia en la agenda local, ambas comenzaron cuando los espacios de comercialización eran mucho más limitados. Durante aquellos primeros años, las oportunidades aparecían principalmente en festivales o acontecimientos especiales.

Gloria recordó que podían trabajar durante meses para tener productos preparados y recién ofrecerlos cuando llegaba algún evento. Fuera de esas fechas, las ventas se realizaban desde sus casas y dependían fundamentalmente de las personas que ya conocían su trabajo.

“Nos daban la oportunidad de estar en los festivales y se vendía en ese tiempo nada más”, explicó.

Ese escenario obligó a las artesanas a construir lentamente su propia clientela. Los pedidos para cumpleaños, la elaboración de cotillón y las recomendaciones entre vecinos fueron algunas de las herramientas que les permitieron sostener la actividad.

Gloria también tuvo una extensa experiencia como capacitadora. Según relató, fue convocada para enseñar en talleres culturales, una tarea que desarrolló durante aproximadamente 20 años. Además, trabajó como recepcionista en un sanatorio antes de alcanzar la jubilación.

Después de retirarse de su actividad laboral formal, comprendió que no deseaba permanecer inactiva. Estaba acostumbrada a trabajar, relacionarse con otras personas y mantener una rutina fuera de su casa. La actividad artesanal le permitió continuar con ese ritmo y conservar un lugar dentro de la comunidad.

Su participación en el Paseo del Arte va más allá de atender su propio puesto. Gloria contó que suele recorrer los diferentes estands para conversar con sus compañeros, conocer cómo están y preguntarles por las ventas. Esa cercanía convirtió al espacio en una red de acompañamiento.

La artesana reconoció que su emprendimiento también nació como una respuesta frente a momentos económicos y familiares muy difíciles. En medio de problemas de salud atravesados dentro de su familia y de la necesidad de sumar ingresos al hogar, comenzó a producir y comercializar sus trabajos.

“Fue como salir, como una terapia. También era para ayudar a la casa”, relató.

La actividad no solamente le permitió aportar económicamente. También la ayudó a abrirse socialmente y construir vínculos, algo que, según reconoció, siempre le había resultado difícil.

“Me ayudó a salir adelante, me ayudó a tener amistad”, expresó.

El nombre Mi Ángel guarda una historia profundamente personal. Gloria explicó que fue elegido en homenaje a su nieto, a quien vio nacer y también fallecer. El emprendimiento se transformó así en una manera de mantener presente ese vínculo y de convertir una experiencia dolorosa en un proyecto creador.

Actualmente, Gloria realiza la mayor parte de sus productos sola. Su hijo colabora en algunos momentos confeccionando gorros en telar, aunque sus obligaciones laborales limitan el tiempo disponible.

Dentro de su producción, manifestó una preferencia especial por la marroquinería. Entre los artículos más solicitados se encuentran las carteras pequeñas, los morrales y los bolsos diseñados para trasladar platos y vasos de manera segura.

También reciben una importante demanda sus piezas de resina. Entre los encargos más emotivos aparecen los encapsulados realizados con pelos de mascotas fallecidas. Algunas personas le entregan esos recuerdos para que los transforme en collares u objetos que puedan conservar y llevar consigo.

Gloria aseguró que quienes reciben esos trabajos suelen enviarle fotografías utilizando la pieza terminada. El producto artesanal deja de ser solamente un accesorio y pasa a representar un recuerdo familiar.

Por su parte, Elisa Rodríguez relató que De Ellas surgió junto con su hija Verónica. El nombre fue elegido después de escuchar repetidamente a las personas decir que irían a observar “lo de ellas”. Esa expresión cotidiana terminó convirtiéndose en la identidad del proyecto.

Según lo expresado durante la entrevista, la propuesta lleva cerca de nueve años. Elisa y su hija desarrollan productos de pintura decorativa, figuras de yeso y cerámica, trabajos en madera, elementos tejidos al crochet y diferentes artículos destinados a niños y celebraciones.

Verónica se especializa especialmente en la pintura y los detalles de las figuras. Entre sus creaciones aparecen piezas decorativas, muñecos de apego realizados en tela y figuras inspiradas en personajes infantiles para adornar tortas o veladores.

Uno de los trabajos más solicitados son los llamados “monstruitos”, utilizados como muñecos de apego. También reciben pedidos personalizados para cumpleaños de 15 y otras celebraciones, adaptando vestidos, colores y estilos a la persona homenajeada.

“Lo que uno no piensa que se va a vender es lo que más vende”, reconoció Elisa al referirse a los cambios permanentes en las preferencias del público.

El emprendimiento también atraviesa actualmente una etapa difícil. Elisa contó que su esposo falleció un año antes de la entrevista. Él estaba profundamente involucrado en el proyecto: las trasladaba, las buscaba y permanecía atento a las necesidades de cada jornada.

Su ausencia modificó por completo la organización familiar y obligó a buscar nuevas formas de llegar con los productos al Paseo del Arte. En algunas ocasiones reciben la colaboración de su hijo y, en otras, recurren a un compañero artesano que realiza traslados.

El costo de la movilidad se convirtió en una dificultad adicional. Cada viaje debe ser evaluado en función de las posibles ventas, el precio de los materiales y los gastos necesarios para montar el puesto.

A pesar del dolor, Elisa sostuvo que no desea abandonar una actividad que también era importante para su esposo.

“Él nos tiene que estar ayudando, porque a él le gustaban estas cosas. No podemos quedarnos”, señaló.

Las dos artesanas coincidieron en que emprender implica adaptarse constantemente. A lo largo de tres décadas aprendieron diferentes técnicas, incorporaron nuevos productos y modificaron sus propuestas de acuerdo con las tendencias.

La compra de los materiales constituye otro desafío. Aunque en algunas situaciones pueden encontrar precios más económicos fuera de Rivadavia, los gastos de traslado y la necesidad de comprar grandes cantidades hacen que muchas veces resulte más conveniente trabajar con comercios locales.

Algunos comerciantes les ofrecen descuentos por conocerlas y por la continuidad de sus compras. Sin embargo, ambas explicaron que el aumento de los insumos reduce el margen de ganancia y dificulta la posibilidad de innovar con mayor frecuencia.

La amistad entre Gloria y Elisa también forma parte de esta historia. Son dos de las integrantes con mayor trayectoria dentro del movimiento artesanal local y llevan alrededor de 35 años compartiendo festivales, aprendizajes y experiencias.

No están juntas de manera permanente ni comparten el mismo emprendimiento, pero mantienen una relación construida a través del tiempo. Cuando necesitan desarrollar alguna actividad o resolver un trabajo, se encuentran y colaboran.

El Paseo del Arte representa para ellas mucho más que un lugar de ventas. Allí encontraron una comunidad que describieron como una familia, con diferencias y problemas cotidianos, pero también con compañerismo, colaboración y contención.

Gloria admitió que en diferentes oportunidades pensó en dejar la actividad. Sin embargo, al comenzar un nuevo año vuelve a participar y a producir.

Uno de sus deseos es contar algún día con un pequeño local donde pueda ofrecer sus trabajos de manera estable. Aunque actualmente percibe ese objetivo como lejano, continúa creando y participando de las actividades disponibles.

Al momento de dejar un mensaje para las nuevas generaciones, Gloria y Elisa coincidieron en que no existe una edad determinada para comenzar. También remarcaron que nadie inicia una actividad con todos los conocimientos necesarios y que los errores forman parte del aprendizaje.

“Que no tengan miedo, que sean perseverantes. Nada es imposible y nadie nace sabiendo”, sostuvo Elisa.

La emprendedora agregó que un resultado negativo no debe representar el final de un proyecto.

“Hoy no les va a salir bien; mañana, seguro que sí. De los errores se aprende”, manifestó.

Gloria señaló que trabajar y participar del paseo también permite distraerse de los momentos difíciles. El contacto con otras personas, la valoración del público y la posibilidad de mostrar una creación propia generan una sensación de utilidad y realización personal.

“Es muy lindo. Uno se olvida de los ratos malos mientras está ahí vendiendo”, afirmó.

Las historias de Gloria Vera y Elisa Rodríguez muestran que un emprendimiento puede nacer como una necesidad económica, pero convertirse con el tiempo en una red de afectos, un espacio de expresión y una forma de reconstruirse después de las pérdidas.

La entrevista completa realizada en Mañanas de Ciudad permite conocer sus productos, sus recuerdos y el camino que recorrieron para mantenerse durante más de tres décadas vinculadas al arte y al trabajo independiente.

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