La comunicadora social y gestora de encuentros de libros Silvia Lauriente advirtió que la posible derogación de la norma que establece un precio uniforme para los libros podría perjudicar a las librerías independientes, las editoriales pequeñas y los autores emergentes. Además, sostuvo que la discusión no se limita al valor comercial de las publicaciones, sino que involucra el acceso a la cultura y la diversidad de voces.
Durante una entrevista en el programa Antes de ver el Sol, conducido por Hugo Lombardi y Antonella Prandina por Ciudad FM 90.5, Lauriente analizó la iniciativa impulsada por el Gobierno nacional para modificar o derogar la denominada Ley de Defensa de la Actividad Librera, que regula el precio de venta de los libros.
La comunicadora explicó que la normativa vigente permite que una publicación mantenga el mismo precio tanto en una pequeña librería de barrio como en una gran cadena. Ese mecanismo, según señaló, busca evitar que las empresas con mayor capacidad comercial realicen descuentos imposibles de igualar para los comercios independientes.
“El libro no es un producto cualquiera”, afirmó Lauriente al plantear que una obra literaria no puede ser analizada únicamente bajo las reglas aplicables a otros bienes de consumo.
Para la entrevistada, las publicaciones cumplen una función social y cultural que justifica la existencia de medidas específicas de protección. “El libro es un vehículo de conocimiento, de memoria, de imaginación y de pensamiento crítico”, expresó.
Según su análisis, la eliminación del precio uniforme podría otorgar una ventaja considerable a las grandes cadenas, que tendrían mayor capacidad para ofrecer promociones, negociar condiciones comerciales y absorber márgenes de rentabilidad más reducidos. Las librerías pequeñas, en cambio, tendrían serias dificultades para competir.
Lauriente señaló que muchos de esos espacios ya atraviesan una situación compleja y dependen de actividades complementarias para sostenerse, como presentaciones de autores, encuentros culturales, clubes de lectura y propuestas destinadas a construir una comunidad de lectores.
La comunicadora aseguró que mantuvo conversaciones con libreros independientes preocupados por la iniciativa. Según lo expresado durante la entrevista, algunos de ellos estarían evaluando la posibilidad de cerrar sus puertas en caso de que la modificación avance y profundice las dificultades que ya enfrentan.
“Los libreros independientes están resistiendo”, sostuvo al describir el reducido margen de ganancia con el que trabajan y las limitaciones que encuentran para ofrecer descuentos durante las ferias y actividades literarias.
Ante el argumento oficial mencionado durante la entrevista de que la desregulación podría permitir la comercialización de libros más baratos, Lauriente manifestó sus dudas. Consideró que una reducción inicial de precios en determinados puntos de venta podría terminar debilitando a las librerías pequeñas y concentrando el mercado.
También advirtió que el posible impacto alcanzaría a las editoriales independientes, que cumplen un papel importante en la publicación de autores emergentes, obras regionales y propuestas que no siempre tienen espacio dentro de las grandes firmas.
En Mendoza, explicó, existen numerosas librerías independientes con perfiles definidos. Algunas se especializan en autores mendocinos; otras trabajan con editoriales pequeñas de Buenos Aires, Córdoba y distintas regiones del país; mientras que otros espacios combinan catálogos alternativos con publicaciones de mayor circulación.
Para Lauriente, esa variedad forma parte de la bibliodiversidad, un concepto que definió como “la pluralidad de voces”. La existencia de diferentes librerías, sellos editoriales y autores permite que los lectores accedan a múltiples miradas, territorios, experiencias y formas de pensamiento.
“La bibliodiversidad es la pluralidad de voces”, remarcó.
La entrevistada sostuvo que, si solamente permanecen las empresas con mayor capacidad económica, podría reducirse el acceso a escritores menos conocidos y a producciones procedentes de otras provincias. De ese modo, los lectores quedarían expuestos principalmente a los títulos seleccionados por los grandes grupos comerciales.
La situación también podría afectar a los nuevos autores. Lauriente explicó que el camino de un escritor emergente suele comenzar con la participación en un concurso, la publicación mediante una editorial pequeña y la presencia posterior en ferias, librerías independientes o encuentros culturales.
La disminución de esos espacios podría interrumpir la cadena que permite que una obra llegue finalmente a sus lectores. Por esa razón, consideró que la discusión sobre la ley también debe contemplar el futuro de quienes comienzan una carrera literaria.
Durante la conversación, la comunicadora vinculó el debate con otras políticas culturales y mencionó la importancia de los programas que garantizan la llegada de libros a escuelas y bibliotecas. También hizo referencia a la Ley 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura, citada durante la entrevista, y planteó la necesidad de conocer cuál es actualmente el nivel real de acceso a publicaciones dentro de las instituciones educativas.
Lauriente rechazó además la afirmación generalizada de que las personas leen cada vez menos. Desde su perspectiva, las prácticas de lectura se transformaron y actualmente conviven el libro impreso, los soportes digitales, las plataformas virtuales y distintas formas de consumo cultural.
Reconoció que el elevado precio de los ejemplares impresos puede haber reducido la cantidad de libros comprados por algunos sectores, pero aseguró que continúa existiendo un fuerte interés por la literatura.
Como ejemplo, mencionó el funcionamiento de los clubes de lectura y el crecimiento de comunidades vinculadas con los libros a través de las redes sociales. También destacó el fenómeno de las sagas de fantasía entre los adolescentes, quienes en muchos casos coleccionan ejemplares y encuentran en esas historias una puerta de entrada a la lectura.
La comunicadora también analizó el crecimiento de las plataformas de venta online. Si bien reconoció su importancia como canal para conseguir publicaciones, advirtió que una concentración excesiva en grandes empresas digitales podría reducir la visibilidad de las editoriales pequeñas y limitar el acceso de quienes no pueden pagar determinados formatos o servicios.
A su vez, sostuvo que los altos costos y las dificultades de acceso pueden fomentar la descarga ilegal de publicaciones. Esa práctica, señaló, perjudica directamente los derechos de autor y el trabajo de escritores, traductores, editores y otros integrantes de la cadena del libro.
Lauriente consideró que la discusión económica y el acceso a la cultura no pueden abordarse por separado. En su interpretación, el precio, la supervivencia de las librerías, la circulación de nuevos autores y la diversidad cultural forman parte de un mismo problema.
La entrevistada fue especialmente crítica al analizar las motivaciones de la iniciativa. Según su opinión, una mayor concentración del mercado podría favorecer la circulación de un pensamiento cultural más uniforme y debilitar las expresiones vinculadas con las distintas identidades regionales.
Estas afirmaciones fueron presentadas por Lauriente como su interpretación personal sobre las posibles consecuencias culturales y políticas de la propuesta, y no como hechos ya comprobados.
“No se trata solamente del precio del libro; también se está discutiendo la cultura de calidad y la posibilidad de acceder a una oferta diversa”, señaló en una frase destacada basada en el sentido general de la entrevista.
Consultada sobre las acciones que podrían desarrollarse en caso de que la iniciativa avance, reconoció no conocer en detalle las herramientas legales disponibles. Sin embargo, consideró necesario que lectores, comunicadores, escritores, libreros y gestores culturales expresen públicamente sus posiciones.
También propuso ampliar el debate con representantes del Estado y organismos culturales de Mendoza para conocer cómo una eventual modificación podría afectar a los proyectos locales y a las librerías vinculadas con instituciones públicas.
Al finalizar, Lauriente insistió en que un libro no puede recibir el mismo tratamiento que cualquier otro producto comercial. “Un libro no es una zapatilla”, afirmó para sintetizar su posición.
La entrevista completa con Silvia Lauriente en Antes de ver el Sol profundizó en el posible impacto de la iniciativa sobre las librerías independientes, las editoriales pequeñas, los nuevos escritores y el acceso de los lectores a una producción cultural diversa.
https://youtu.be/cA7-xMtmJRM









































