ESTRÉS O BURNOUT: CÓMO DIFERENCIARLOS Y CUÁNDO PEDIR AYUDA


Sentirse agotado después de una jornada exigente no necesariamente significa atravesar un cuadro de burnout. La diferencia aparece cuando el malestar se vuelve constante, no disminuye con el descanso y comienza a afectar el sueño, los vínculos, el rendimiento y la relación de la persona consigo misma.

La licenciada en Psicología Agostina Della Longa explicó en Mañanas de Ciudad las diferencias entre estrés y burnout, las señales de alerta y la importancia de solicitar acompañamiento profesional antes de llegar a un desgaste generalizado.

La especialista participó de una nueva entrega de Hablemos de Eso, su columna semanal en Ciudad FM 90.5, conducida por Carina Coria. En esta oportunidad abordó el síndrome de desgaste o agotamiento laboral, también conocido como burnout o “síndrome del quemado”.

Della Longa comenzó aclarando que el estrés no debe confundirse únicamente con estar nervioso o preocupado. Se trata de una respuesta física y mental del organismo ante situaciones que el cerebro interpreta como difíciles o que demandan un esfuerzo particular.

Esa activación puede manifestarse a través de pensamientos, sentimientos y emociones, pero también mediante reacciones corporales y cambios de conducta. Entre las señales mencionó dificultades para dormir, irritabilidad, mal humor, palpitaciones y sudoración en las manos.

“El estrés no es solamente sentirnos nerviosos o preocupados; es una respuesta física y mental frente a distintas demandas”, explicó.

La psicóloga señaló que una misma situación puede ser experimentada de maneras muy diferentes por dos personas. No solo influye el hecho concreto, sino también la forma en que cada individuo lo percibe y las herramientas que posee para afrontarlo.

Una semana laboral intensa, una fecha de entrega o una tarea especialmente difícil pueden generar estrés. Sin embargo, al terminar la jornada o llegar el fin de semana, la activación debería disminuir y permitir una cierta desconexión.

La primera señal de alerta aparece cuando esa tensión no baja. La persona llega a su casa, pero continúa mentalmente en el trabajo, repasando tareas pendientes, preocupándose por aquello que no pudo resolver o sintiendo que debería seguir trabajando.

“Hay que prestar atención cuando el estrés no baja y la activación se mantiene de manera constante”, advirtió.

El burnout, en cambio, representa un proceso de desgaste relacionado específicamente con el ámbito laboral. No es simplemente estar cansado después de un día complicado, sino experimentar un agotamiento emocional que comienza a modificar la manera de trabajar y de vincularse con el entorno.

Entre sus características se encuentra una creciente sensación de ineficacia. La persona puede comenzar a creer que ya no sirve para realizar tareas que anteriormente desarrollaba sin problemas o que dejó de cumplir con sus propias expectativas.

También puede aparecer un distanciamiento progresivo del trabajo, acompañado por negativismo, irritabilidad, desgano y falta de compromiso. En algunos casos, el trabajador se limita a cumplir el horario y realizar lo mínimo indispensable.

“No es solamente estar cansado; es sentirse totalmente agotado a nivel emocional”, sostuvo Della Longa.

Aunque el burnout se origina en el plano laboral, sus consecuencias pueden extenderse a otras áreas. El desgaste puede afectar el descanso, la convivencia familiar, las demostraciones de afecto, la paciencia y el deseo de participar en actividades que antes resultaban agradables.

La persona no cierra la puerta del trabajo y deja el problema del otro lado. El malestar continúa en su casa y puede generar conflictos con la pareja, los hijos, los amigos, los compañeros o incluso consigo misma.

Una de las señales más importantes aparece cuando el descanso deja de ser reparador. Las vacaciones o un fin de semana pueden reducir momentáneamente el agotamiento, pero si las condiciones laborales permanecen iguales, la persona regresa al mismo circuito.

Por eso, la especialista desmintió la idea de que unas vacaciones resuelven automáticamente el burnout. Pueden brindar alivio, pero no eliminan aquello que provoca el desgaste.

“Si las condiciones laborales no cambiaron, al regresar se vuelve a la misma situación”, remarcó.

Durante la columna también se analizó la responsabilidad sobre el problema. Della Longa explicó que no corresponde atribuirlo exclusivamente al trabajador ni responsabilizar únicamente a la empresa.

El agotamiento surge de la interacción entre las características personales y las condiciones del empleo. Influyen las herramientas que posee cada persona, pero también la carga laboral, la cantidad de responsabilidades, los plazos disponibles, la autonomía, el respaldo recibido y el ambiente de trabajo.

Contar con un equipo que acompañe, recibir reconocimiento y disponer de tiempos razonables puede cambiar de manera significativa la experiencia laboral. En cambio, la ausencia de apoyo y las demandas sostenidas pueden aumentar el riesgo de desgaste.

Trabajar muchas horas constituye un factor de riesgo, pero no es la única causa. Una persona con una jornada de cuatro o cinco horas también puede atravesar burnout si enfrenta una exigencia muy alta o condiciones laborales adversas.

La psicóloga también cuestionó la idea de que el síndrome representa falta de ganas o de compromiso. El alejamiento y la pérdida de motivación pueden ser consecuencias del propio agotamiento.

Cuando una persona deja de querer ir al trabajo, siente que todo le da igual o pierde por completo la satisfacción que antes encontraba en sus tareas, necesita detenerse a analizar qué está ocurriendo.

El desgaste puede estar relacionado con el salario, la carga de responsabilidades, la falta de reconocimiento, el vínculo con superiores o compañeros, los tiempos de entrega o una combinación de distintos factores.

“Cuando el desgaste es general, deben encenderse las alarmas y hay que pedir ayuda”, señaló.

La especialista recomendó no esperar hasta sentir que la situación se volvió insoportable. El momento de consultar llega cuando el agotamiento permanece, la irritabilidad aumenta, el sueño se altera y la persona siente que ya no puede afrontar el trabajo.

Buscar ayuda profesional no implica confirmar automáticamente un diagnóstico. La función del psicólogo es evaluar la situación particular, ayudar a comprender qué está sucediendo y trabajar sobre herramientas adecuadas para ese caso.

Della Longa remarcó que una persona no debería diagnosticarse por escuchar una columna, leer una publicación o reconocer algunos síntomas generales. Las manifestaciones pueden responder a diferentes causas y necesitan ser analizadas dentro de un contexto individual.

También destacó la importancia de establecer límites y poner en palabras lo que está ocurriendo. Cuando existe la posibilidad, conversar con responsables o superiores puede permitir reorganizar tareas, revisar plazos, dividir responsabilidades o encontrar nuevas formas de trabajo.

“No alcanza con suponer que el otro sabe lo que se está pensando; es importante ponerlo en palabras”, expresó.

La psicóloga explicó que cambiar de empleo no constituye siempre la única solución. En algunos casos pueden trabajarse recursos personales, modificar determinadas dinámicas o alcanzar acuerdos dentro del mismo espacio laboral.

Sin embargo, si las condiciones continúan causando un daño generalizado y no existen posibilidades de transformación, corresponde evaluar otras alternativas con acompañamiento adecuado.

Otro de los mitos abordados fue la idea de que únicamente las personas débiles llegan al burnout. Della Longa explicó que no se trata de fortaleza o debilidad. El estrés sostenido en el tiempo puede afectar a distintas personas, incluso a quienes cuentan con múltiples recursos para afrontar situaciones difíciles.

También desmintió que no sea posible recuperarse. El proceso puede requerir tiempo porque el desgaste alcanza diversas áreas de la vida, pero es posible reconstruir la sensación de eficacia, revisar las condiciones laborales y recuperar el bienestar.

Una parte importante del trabajo consiste en volver a reconocerse capaz. Cuando una persona lleva tiempo pensando que ya no sirve o que perdió habilidades que antes tenía, necesita reconstruir su confianza y analizar el contexto en el cual surgieron esas sensaciones.

Hablemos de Eso busca acercar a la audiencia temas cotidianos de salud mental, cuestionar prejuicios y ofrecer información que favorezca una consulta oportuna. Della Longa recordó que la atención psicológica no está reservada únicamente para cuadros extremos.

El acompañamiento profesional también permite trabajar situaciones diarias, comprender las emociones y adquirir herramientas antes de que el malestar se extienda.

La especialista advirtió además que una conversación con amistades o una búsqueda en internet no reemplazan una evaluación profesional. La información general puede orientar, pero no contempla la historia, el contexto y las necesidades particulares de cada persona.

La recomendación final fue prestar atención al agotamiento persistente, no minimizar los cambios en el sueño, el ánimo o los vínculos y poner en palabras aquello que está generando malestar.

La columna completa de Agostina Della Longa en Mañanas de Ciudad puede verse en las plataformas de Ciudad FM.

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