El Gobierno nacional anunció una reestructuración total del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que incluye la derogación de 973 normas con el objetivo de reducir la intervención estatal en los procesos productivos y eliminar la burocracia que por décadas caracterizó al sector.
En un comunicado oficial, el ministro de Regulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, destacó que la medida “deja atrás décadas de control estatal sobre cada paso de la producción” y que el nuevo esquema permitirá al INV enfocarse exclusivamente en garantizar la aptitud para el consumo del vino.
“La industria del vino ya demostró lo que puede ofrecer. Argentina produce 900 millones de litros de vino por año, es el quinto productor mundial y exporta 800 millones de dólares anuales. Pero el consumo global cambia y debemos darle al sector la flexibilidad para adaptarse”, expresó Sturzenegger en su cuenta oficial de X.
En el programa Antes de Ver el Sol, conducido por Hugo Lombardi, el director ejecutivo de Bodegas, Milton Kuret, analizó el alcance de la medida y coincidió en que se trata de una modernización necesaria para una industria que ya cuenta con los medios técnicos y científicos suficientes para garantizar la calidad de sus productos sin depender de controles excesivos.
“Hoy la genuinidad y la inocuidad del vino pueden verificarse con tecnología. El INV tiene laboratorios y profesionales de primer nivel mundial que pueden analizar una botella y determinar absolutamente todos los parámetros”, explicó Kuret.
El empresario detalló que la eliminación de trámites redundantes permitirá agilizar los procesos desde la cosecha hasta la comercialización:
“Se derogan normativas previas al libre tránsito del vino. Antes los documentos eran obligatorios en el día; ahora serán más flexibles, con datos enfocados en la trazabilidad del producto. También se eliminan inventarios y controles innecesarios dentro de las bodegas”.
Kuret destacó que la industria vitivinícola es una de las más fiscalizadas del país y que esta flexibilización no implica menos control, sino un control más inteligente y moderno.
“Esto va a facilitar mucho el trabajo para vender en el mercado local y también para exportar. Es un paso adelante que la industria necesitaba”, concluyó.










































