La docente Marianela Bione, profesora de Historia de la Escuela 4-261 Raúl Alfonsín de Maipú, presentó en Antes de Ver el Sol el proyecto “Hablar Bonito”, una iniciativa que busca transformar la convivencia escolar, prevenir el bullying verbal y promover la amabilidad como hábito dentro y fuera del aula.

La convivencia escolar, el maltrato verbal y la forma en que los adolescentes se comunican fueron los ejes de una entrevista profunda y movilizadora en Antes de Ver el Sol, por Ciudad FM 90.5. Marianela Bione, docente de la Escuela 4-261 Raúl Alfonsín, del departamento de Maipú, dialogó con Hugo Lombardi y Hugo Videla sobre “Hablar Bonito”, un proyecto que nació dentro del aula y que, con el paso del tiempo, comenzó a generar cambios visibles en toda la institución.

Bione explicó que la iniciativa surgió a partir de su experiencia como docente y de la observación cotidiana de situaciones de violencia verbal dentro de los cursos. Según relató, muchos alumnos habían naturalizado una comunicación agresiva, ofensiva o cargada de insultos, no necesariamente por maldad, sino porque era la forma de hablar que habían aprendido y repetido.

“Me fui dando cuenta de las situaciones de violencia que eran precedidas por una comunicación agresiva u ofensiva”, señaló durante la entrevista. A partir de esa preocupación, decidió plantear un desafío con tres pilares simples pero profundos: no decir malas palabras, ser amables y hablar bonito.

El proyecto comenzó con tres cursos de primero y segundo año, donde la docente veía una mayor necesidad de intervención. La propuesta fue presentada como un juego, con un sistema de seguimiento basado en símbolos conocidos por los adolescentes: corazones y cruces. El corazón funciona como reconocimiento de una acción positiva o una forma amable de comunicación, mientras que la cruz marca un límite ante una mala palabra, un gesto ofensivo o una conducta negativa.

Bione explicó que la elección de los símbolos no fue casual. El corazón está asociado a la validación instantánea de las redes sociales y resulta muy significativo para los chicos. La cruz, en cambio, no busca etiquetar ni castigar, sino señalar un límite. “El corazón reforzaba todas esas comunicaciones positivas y las cruces marcaban un límite”, explicó.

La respuesta de los estudiantes sorprendió incluso a la propia docente. Según contó, los chicos comenzaron a autorregularse sin necesidad de largos discursos, sanciones o retos permanentes. Cuando alguien decía una mala palabra, sus propios compañeros advertían la situación, y el alumno que recibía una cruz intentaba corregirse. Ese error no lo dejaba fuera del desafío: podía compensarlo con nuevas acciones positivas, como hablar bien, ser amable o ayudar a otro.

“Se autorregulaban simplemente con ese límite, no había necesidad de dar discursos de media hora”, expresó Bione. Para la docente, ese mecanismo permitió trabajar también la resiliencia, porque el objetivo no era excluir al estudiante que cometía una falta, sino ayudarlo a revisar su conducta y modificarla.

Con el tiempo, el proyecto empezó a mostrar resultados visibles. Bione contó que, al finalizar la primera experiencia, junto a preceptores y otros docentes se evidenció una mejora en la comunicación y en el clima de los cursos. Lo que más llamó la atención fue que los cambios no quedaron reducidos al aula: también aparecieron en los recreos, en el ingreso a la escuela y en la relación entre alumnos, docentes, preceptores y celadores.

Luego de esa primera etapa, la propuesta fue extendida a los 24 cursos de la escuela, con participación de casi 600 alumnos y más de 100 profesores. La docente explicó que para llegar a toda la institución se realizaron talleres, reuniones y espacios de acompañamiento. También participó la coordinadora del área de Ciencias Sociales, ya que Bione es profesora de Historia.

“Los profes empezaron a darse cuenta de que funcionaba”, afirmó. Según relató, el proyecto comenzó a ser replicado porque los propios docentes notaban que era una herramienta útil para mejorar el ambiente de trabajo y la convivencia.

Uno de los datos más importantes mencionados durante la entrevista fue que, a partir del relevamiento institucional, se observó una disminución en las actas de sanciones y también en las actas con las familias. Bione aclaró que el proyecto no funciona como una receta mágica y que las situaciones conflictivas pueden seguir existiendo, pero remarcó que la mejora fue evidente para toda la comunidad educativa.

“Era notable el cambio dentro de la escuela. No solamente lo veía yo, lo veían mis compañeros, los celadores, los preceptores y los mismos chicos”, sostuvo.

La participación de las familias también fue un punto destacado. La docente contó que, en las entregas de diplomas, reconocimientos y premios, los padres asistían en gran número, algo que consideró especialmente significativo en el nivel secundario. Según expresó, muchos familiares se acercaban para agradecer, reflexionar sobre el valor de las palabras y manifestar orgullo por el proyecto.

Bione remarcó que “Hablar Bonito” no se limita a usar palabras agradables, sino que propone un cambio de actitud. Para ella, las palabras tienen poder: pueden lastimar, destruir, descalificar o marcar a alguien de por vida, pero también pueden construir, sanar y mejorar los vínculos.

“Cada palabra tiene la capacidad y el poder para destruir a una persona o también para construir”, afirmó.

La docente también contó que está trabajando en un libro sobre el proyecto. Según explicó, la idea no nació como una decisión personal aislada, sino a partir de la insistencia de personas que le pedían dejar por escrito la experiencia para que otras escuelas pudieran conocerla y replicarla. El libro ya está terminado y se encuentra en proceso de trabajo editorial en Buenos Aires, con la intención de incorporar una parte gráfica y didáctica.

El material tendrá diez capítulos y abordará el origen del proyecto, la experiencia docente, las frustraciones que atraviesan los profesores en la escuela, las herramientas prácticas y la posibilidad de adaptar la propuesta a otras instituciones. Bione aclaró que, aunque el libro está pensado especialmente para docentes y escuelas, también puede ser leído por cualquier persona interesada en mejorar la forma de vincularse.

“No es un libro solamente para docentes. Es para cualquier persona que quiera leerlo”, señaló.

Durante la entrevista también se habló de tecnología e inteligencia artificial. Bione sostuvo que las generaciones cambian y que los docentes deben adaptarse a las formas de comunicación de los chicos. En ese sentido, explicó que la simbología del proyecto funciona porque conecta con el lenguaje actual de los adolescentes, atravesado por redes sociales, íconos y validaciones visuales.

La docente afirmó que la inteligencia artificial ya está dentro del aula y que el desafío no es negarla, sino encontrar formas creativas de integrarla al aprendizaje. Como ejemplo, contó que en sus clases de Historia Argentina trabajó con estudiantes de cuarto año en la creación de historietas sobre el período 1955-1976, utilizando inteligencia artificial bajo guía docente.

“Creo que hay que encontrarle la vuelta a la inteligencia artificial, porque ya está entre nosotros”, expresó.

Otro aspecto importante del proyecto es el sistema de reconocimientos. Bione explicó que, ante la falta de financiamiento propio, recurrió a fundaciones, comercios y actores de la comunidad para conseguir premios. Entre los reconocimientos mencionó clases gratuitas en un gimnasio para ganadores, kits escolares completos, meriendas especiales, diplomas y otros gestos de valoración. Para la docente, no se trata de premios extraordinarios, sino de una caricia, una forma de reconocer a quienes se convierten en líderes positivos dentro de la escuela.

También explicó que los ganadores del proyecto se transformaron en embajadores. Esos estudiantes ayudan a enseñar a sus compañeros cómo funciona el desafío, cuáles son sus beneficios y qué consecuencias tiene cada acción. Para replicarlo en otras instituciones, Bione consideró necesario trabajar en capacitaciones y adaptar el modelo a cada escuela, junto a los equipos directivos y gabinetes psicopedagógicos.

En cuanto a la evaluación, la docente explicó que cada profesor cuenta con una planilla individual del curso, donde registra conductas cotidianas vinculadas a la comunicación, los valores y la convivencia. Al finalizar el período del desafío, que dura aproximadamente dos meses, las preceptoras realizan el conteo de corazones y cruces para definir a los estudiantes ganadores.

Más allá del impacto institucional, Bione reconoció que el proyecto también la transformó personalmente. Al hablar del aprendizaje que le dejó “Hablar Bonito”, se emocionó al señalar que le permitió revisar cómo trata a los demás, cómo se habla a sí misma y cómo una palabra puede cambiar el día de una persona.

“Siento que estoy haciendo algo bueno y eso es muy gratificante para mí”, expresó.

La docente sostuvo que el objetivo central del proyecto es prevenir situaciones de violencia antes de que aparezcan, reducir el bullying, mejorar el trato y formar personas más amables, empáticas y capaces de comunicarse de buena manera. Para ella, el desafío no es solo lograr mejores alumnos, sino contribuir a formar mejores personas para la sociedad.

“El objetivo es prevenir situaciones de violencia antes de que aparezcan y formar personas amables”, afirmó.

La entrevista con Marianela Bione en Antes de Ver el Sol dejó una mirada esperanzadora sobre la escuela, los vínculos y el valor de las palabras. “Hablar Bonito” nació como una respuesta concreta a una problemática diaria, pero se transformó en una experiencia de convivencia que demuestra que la amabilidad también puede enseñarse, practicarse y convertirse en hábito. La entrevista completa puede verse en las plataformas de Ciudad FM.

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