A las 8:38 de la mañana, los estudios de Ciudad FM recibieron a dos integrantes de la Olla Solidaria de Rivadavia, una organización que desde hace más de un año reparte viandas los martes por la noche en los barrios más vulnerables del departamento. José Vered y José «Pepe» Andrada , acompañados por el conductor Hugo Lombardi, relataron cómo surgió esta iniciativa, su impacto y los desafíos que enfrentan.
Un comienzo humilde
Todo empezó con tres ollas pequeñas en la casa de José. «Mi esposa y yo siempre ayudábamos a quien lo necesitara. Un día, conversando con Pepe en el auto, decidimos formalizarlo», recordó. Hoy, cocinan en cinco ollas de cien litros, alcanzando a más de mil personas por semana. La cifra récord de la semana anterior los llenó de orgullo, pero también de preocupación: «La necesidad crece», admitió Pepe.
Logística y solidaridad
El equipo funciona como una cadena: unos pelan verduras en sus casas, otros cocinan (como el chef Mauro Scalonia, quien prepara los guisos ad honorem), y algunos distribuyen en camionetas donadas. Los martes, la casa de José se transforma: «Adaptamos todo: gas, agua, luz. La boleta de electricidad llegó a $600.000«, explicó. Para cubrir gastos, crearon un alias de donaciones: SERVICIO.RVIA.
«El día que llegue la política, esto se termina»
José fue claro: la ayuda no tiene banderas. El grupo, vinculado al movimiento religioso Emaús, prioriza la acción sobre los discursos. «Trabajamos en silencio, pero ahora necesitamos más manos», dijo. El padre Daniel de la Parroquia San Isidro Labrador les cedió su cocina para ampliar el alcance. «Ahora podremos llegar a más barrios», celebró Pepe.
Historias que conmueven
Entre anécdotas, José relató cómo una mujer fue directo a un contenedor tras recibir su vianda: «Iba a buscar más comida para sus hijos». Esa realidad los impulsa a seguir, pese al frío o el cansancio. «Los niños nos esperan gritando ¡La comida, la comida!. Algunos vienen descalzos«, contó con voz quebrada.
Un llamado a la comunidad
Ambos coincidieron: Rivadavia está peor que nunca. «Antes los obreros locales tenían trabajo; hoy las empresas traen gente de afuera», criticó José. Por eso, planean cursos de oficios para jóvenes. Mientras, invitan a sumarse: «No hace falta dinero. Pueden pelar papas o lavar ollas. Lo importante es no mirar para otro lado«.









































