La historia de Agustín, un vecino de San Martín de 43 años, conmovió en la última edición de Antes de ver el sol. Junto a su padre de 73 años, vive en situación de calle tras sufrir la usurpación de su vivienda cuando se ausentaron una semana por la muerte de un familiar.
«Usurparon mi casa y no tengo dónde vivir. Estoy agradecido porque Rotary Club nos abrió las puertas, pero no es fácil esto. No se lo deseo a nadie», expresó Agustín con la voz quebrada en diálogo con Oscar Campi.
Agustín y su padre están actualmente alojados en el salón del Rotary Club, ubicado en Pasteur 174, gracias al accionar solidario de un grupo de vecinos. Antes se alojaban en el refugio de Palmira, pero las condiciones no eran las adecuadas para un adulto mayor.
«Necesitamos empatía. Que no nos miren con miedo. No somos delincuentes. Solo tuvimos la mala suerte de quedarnos sin casa y sin trabajo», dijo Agustín, quien trabajó durante años en la planta de La Campañola, hoy cerrada y abandonada en San Martín.
El caso está judicializado, pero la familia no cuenta con recursos para acelerar el proceso legal. “No tengo plata para pagar un abogado, ni para alquilar. Solo quiero recuperar mi casa y volver a trabajar”, relató con angustia.
El pedido de Agustín no es solo personal. Asegura que hay muchos como él en la misma situación. “Se están muriendo de frío en la calle. Al intendente, al gobernador, a quien sea: piensen con el corazón y abran más refugios. No miren para otro lado”, reclamó.
Una historia dolorosa, pero también una oportunidad para reflexionar sobre la exclusión social, la falta de acceso a la vivienda y el estigma que pesa sobre quienes pierden casi todo, menos la esperanza.












































