La licenciada en Nutrición Pilar Morales explicó cómo las elecciones alimentarias, la actividad física, el descanso y la hidratación pueden influir en la memoria, la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento cotidiano. Durante su columna en Mañanas de Ciudad, destacó que cuidar el cerebro no depende de un alimento aislado, sino de hábitos sostenidos y una alimentación variada.
Morales regresó al programa conducido por Carina Coria y confirmó que formará parte de la programación de Ciudad FM todos los jueves, con un espacio destinado a brindar información vinculada con la nutrición, la salud y la prevención.
En esta oportunidad, la especialista abordó la relación entre la nutrición y el funcionamiento cerebral. Explicó que el organismo necesita recibir un combustible adecuado para mantener un buen rendimiento físico y mental.
“El alimento es el combustible. Ese combustible puede ser bueno o no tan bueno”, señaló la nutricionista durante la entrevista.
Según expresó, cuando una persona incorpora pequeñas modificaciones en su alimentación puede mejorar progresivamente diferentes aspectos de su bienestar. No se trata solamente de seguir una dieta estricta, sino de aprender a elegir los alimentos disponibles y comprender qué función cumplen dentro del organismo.
Morales remarcó que una alimentación favorable para la salud cerebral debe incluir una buena cantidad de fibra, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, proteínas y grasas saludables. También mencionó el pescado por su aporte de omega 3, el aceite de oliva, las semillas y los frutos secos consumidos en cantidades moderadas.
En relación con la memoria y la concentración, aclaró que no existe un único alimento capaz de producir un efecto inmediato.
“Ningún alimento tiene un efecto directo por sí solo en la parte mental. Es un conjunto”, explicó.
Por ese motivo, recomendó priorizar la diversidad alimentaria. Una manera práctica de hacerlo es elegir frutas y verduras de estación, que suelen encontrarse a precios más accesibles y permiten incorporar distintos nutrientes a lo largo del año.
Entre los ejemplos mencionados durante la entrevista aparecieron el repollo, el brócoli, el coliflor y los cítricos. También destacó el valor de los frutos rojos, como frutillas, arándanos y frambuesas, por su aporte de polifenoles y su acción antioxidante y antiinflamatoria, según lo expresado durante la columna.
Morales explicó además que la relación entre el intestino y el cerebro es bidireccional. Según detalló, la alimentación influye en la diversidad de la microbiota intestinal y en diferentes procesos relacionados con el bienestar general.
La profesional señaló que una alimentación variada puede favorecer la producción y regulación de sustancias relacionadas con el estado de ánimo. Por ese motivo, consideró que la nutrición debe ser tenida en cuenta en personas que atraviesan períodos de cansancio, agotamiento o cambios emocionales.
“Una alimentación equilibrada tiene una repercusión directa en el estado de ánimo”, afirmó.
Uno de los puntos principales de la conversación fue el consumo de azúcar. Morales indicó que el organismo no necesita azúcar agregada y recomendó disminuirla de manera gradual, especialmente cuando forma parte de productos ultraprocesados, tortas, facturas, bebidas y otras preparaciones.
La nutricionista explicó que el consumo excesivo puede generar picos de glucemia y producir un efecto inflamatorio en el organismo. Para disminuirla, propuso reducir progresivamente la cantidad utilizada en el café, el mate, las infusiones y las preparaciones caseras.
También aclaró que el azúcar mascabo y el azúcar blanca aportan cantidades similares de calorías. La principal diferencia, según explicó, es que el azúcar mascabo atraviesa menos procesos de refinamiento y conserva parte de su melaza.
Otro de los ejes fue la idea de que comer saludable resulta necesariamente más costoso. Morales rechazó esa mirada y sostuvo que, con el mismo presupuesto, muchas veces pueden elegirse opciones más nutritivas.
Como ejemplo, relató una situación en la que observó la compra de pan, salchichas y fiambres por una suma importante de dinero. Frente a esa elección, señaló que con un presupuesto similar podrían adquirirse huevos, verduras o legumbres para preparar tortillas, omelettes o hamburguesas de lentejas.
“Nutrirse o comer rico y sano no tiene que ver solamente con gastar más. Tiene que ver con lo que una persona sabe y con cómo aprende a cocinar”, manifestó.
La especialista insistió en la importancia de la educación alimentaria. Consideró que contar con información permite elegir mejor, aprovechar los alimentos disponibles y comprender que una alimentación saludable no significa eliminar por completo determinadas comidas, sino evitar que los productos de menor calidad nutricional se conviertan en la base de la alimentación diaria.
Morales mencionó la recomendación de incorporar una amplia variedad de alimentos de origen vegetal a lo largo de la semana. Dentro de esa variedad incluyó frutas, verduras, legumbres, avena, trigo, cebada, centeno, semillas y otros cereales.
La nutricionista explicó que no es necesario contar cada alimento, pero sí intentar cambiar las elecciones. Por ejemplo, alternar repollo verde y morado, incorporar brócoli y coliflor o variar las semillas utilizadas en ensaladas, yogures y preparaciones.
En cuanto al desayuno, recomendó combinar proteínas, fibra y grasas saludables. Entre las alternativas mencionó panes integrales, huevos, ricota, frutas, semillas, preparaciones con verduras y productos elaborados con harinas integrales.
El objetivo, según indicó, es evitar comenzar el día únicamente con café o con alimentos que aporten energía de manera rápida pero poco sostenida.
Morales también anunció que forma parte de un proyecto gastronómico saludable que funcionará en San Martín, cerca del centro universitario. La propuesta buscará ofrecer alternativas prácticas, sabrosas y nutricionalmente equilibradas para estudiantes, profesores y personas que circulen por la zona.
Al hablar de estrés y ansiedad, volvió a aclarar que ningún alimento puede resolver por sí solo estas situaciones. Sin embargo, consideró beneficioso incorporar alimentos con omega 3, frutas, verduras, legumbres, semillas y una adecuada cantidad de fibra.
La especialista señaló que el omega 3 puede obtenerse principalmente del pescado, especialmente de pescados grasos. Para quienes no consumen pescado, mencionó alternativas como semillas de chía, semillas de lino y nueces.
También se refirió a los suplementos de omega 3. Explicó que pueden utilizarse en determinados casos, aunque la suplementación debe adecuarse a la situación de cada persona y, cuando corresponda, ser indicada por un profesional.
Además de la alimentación, Pilar Morales enumeró otros hábitos necesarios para mantener un buen funcionamiento cerebral: una hidratación adecuada, dormir entre siete y nueve horas, realizar actividad física, meditar y ejercitar la mente.
“La pastilla que recomiendo es hacer ejercicio todos los días”, expresó al describir la importancia del movimiento corporal.
La nutricionista aclaró que la actividad puede adaptarse a cada persona. Caminar, andar en bicicleta, asistir al gimnasio o realizar otra práctica de manera frecuente puede contribuir al bienestar físico y mental.
Otro hábito destacado fue la escritura. Morales sostuvo que escribir ayuda a ordenar pensamientos, expresar situaciones difíciles y mantener activo el cerebro. Recomendó reservar algunos minutos durante la mañana o la noche para registrar emociones, preocupaciones o experiencias.
También sugirió realizar actividades como sudokus, juegos mentales y ejercicios que permitan recuperar hábitos que se han perdido por el uso constante de teléfonos celulares y dispositivos electrónicos.
Durante el tramo final de la entrevista, la especialista respondió una serie de mitos relacionados con la nutrición y el cerebro. Negó que comer pescado una sola vez mejore inmediatamente la memoria, que el azúcar sea el mejor alimento para el cerebro o que los suplementos funcionen de la misma manera en todas las personas.
También explicó que el chocolate no aumenta la inteligencia, que saltarse comidas no mejora el funcionamiento cerebral y que ningún alimento puede prevenir por sí solo enfermedades como el Alzheimer.
Respecto de los frutos secos, indicó que pueden formar parte de una alimentación saludable, pero deben consumirse en porciones adecuadas. El exceso, como sucede con cualquier alimento, puede terminar aportando más energía de la necesaria.
Morales destacó finalmente que la dieta mediterránea es uno de los modelos alimentarios más estudiados por sus posibles beneficios para la salud. Este tipo de alimentación prioriza pescados, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y una amplia variedad de alimentos naturales.
La licenciada en Nutrición continuará participando todos los jueves en Mañanas de Ciudad, por Ciudad FM 90.5, con nuevas columnas destinadas a brindar información, derribar mitos y acercar herramientas prácticas para mejorar la alimentación y la calidad de vida.
La entrevista completa permite conocer todas las recomendaciones de Pilar Morales sobre nutrición cerebral, microbiota, azúcar, omega 3, memoria, concentración, descanso y actividad física.











































