PREVENCIÓN DEL SUICIDIO: POR QUÉ ESCUCHAR Y ACOMPAÑAR PUEDE SER CLAVE

En el marco de Septiembre Amarillo, la licenciada en Psicología Agostina Della Longa abordó la prevención del suicidio, las señales de alerta, los mitos que todavía rodean al tema y la importancia de escuchar sin juzgar. Durante su participación en Mañanas de Ciudad, remarcó que hablar, acompañar y construir redes de apoyo puede ser fundamental para que una persona pueda pedir ayuda a tiempo.

Hablar del suicidio no aumenta el riesgo ni provoca que una persona comience a pensarlo. Por el contrario, habilitar espacios de escucha, reconocer cambios importantes en la conducta y tomar en serio las manifestaciones de sufrimiento forman parte de la prevención.

Ese fue uno de los principales conceptos desarrollados por la licenciada en Psicología Agostina Della Longa durante una entrevista en Mañanas de Ciudad, conducido por Carina Coria por Ciudad FM 90.5, en el marco de Septiembre Amarillo, mes dedicado a generar conciencia sobre la prevención del suicidio.

La profesional explicó que durante mucho tiempo la problemática estuvo atravesada por el silencio, los prejuicios y el temor a hablar. Frente a ese escenario, destacó la necesidad de modificar la manera en que socialmente se aborda el tema.

“Cambiar la narrativa” significa, según explicó, dejar atrás la idea de que conversar sobre suicidio puede empeorar una situación y comenzar a generar ámbitos donde las personas puedan expresar lo que sienten sin miedo a ser juzgadas.

“Hablar del suicidio también es una manera de prevenirlo”, remarcó Della Longa durante la entrevista.

La psicóloga explicó además que no existe necesariamente una única causa detrás de una situación de riesgo suicida. Señaló que pueden confluir factores psicológicos, biológicos, sociales o económicos y advirtió sobre la necesidad de evitar explicaciones simplistas después de una muerte por suicidio.

Desde esa perspectiva, la prevención no depende únicamente de la persona que está atravesando una crisis. Della Longa destacó la importancia de las redes familiares, comunitarias y profesionales, así como la necesidad de políticas públicas vinculadas con la salud mental.

También hizo hincapié en trabajar desde edades tempranas sobre el reconocimiento y la expresión de las emociones, evitando asociar el pedido de ayuda con debilidad.

Uno de los ejes centrales de la conversación estuvo relacionado con las señales de alerta que pueden aparecer en una persona que atraviesa un profundo sufrimiento emocional.

La profesional aclaró que una conducta aislada no necesariamente permite establecer que existe riesgo, pero señaló que deben observarse especialmente los cambios importantes respecto de la forma habitual de comportarse de cada persona.

Entre los ejemplos mencionados durante la entrevista aparecen modificaciones marcadas en el sueño, dormir mucho más o mucho menos que antes, manifestaciones de agotamiento, agobio o rabia, descuido de la higiene o de la imagen personal y cambios bruscos en los hábitos cotidianos.

También mencionó posibles conductas de despedida, como entregar objetos especialmente significativos, un aumento excesivo en el consumo de alcohol o drogas cuando no era habitual y la presencia de autolesiones.

Della Longa fue especialmente enfática ante una de las frases que todavía suele escucharse socialmente: que quien expresa que quiere suicidarse solamente busca llamar la atención.

“No hay que minimizar su dolor, porque realmente está pidiendo auxilio”, señaló.

La psicóloga explicó que detrás de esas expresiones puede existir un sufrimiento que la persona ya no sabe cómo afrontar y destacó que cualquier manifestación vinculada con hacerse daño o quitarse la vida debe ser tomada seriamente.

En ese sentido, cuestionó también el mito de que quien verdaderamente piensa suicidarse nunca lo comunica.

La profesional indicó que algunas personas pueden expresarlo directamente, mientras que otras pueden hacerlo mediante frases, modificaciones conductuales o diferentes señales que necesitan ser observadas por quienes forman parte de su entorno.

Ante esos cambios, una de las primeras herramientas es algo tan sencillo como preguntar cómo se encuentra la persona.

Dependiendo del vínculo, también puede preguntarse directamente si alguna vez pensó en hacerse daño. Della Longa sostuvo que formular esa pregunta no incrementa el riesgo suicida.

Por el contrario, puede abrir una puerta para que una persona que viene atravesando una situación de sufrimiento finalmente pueda hablar.

“Preguntar cómo está, estar presente y acompañar a la persona” fue uno de los conceptos centrales planteados durante la entrevista.

La escucha, agregó, necesita realizarse sin minimizar lo que sucede. Frases que buscan relativizar el problema o responder rápidamente desde las propias experiencias pueden resultar insuficientes ante situaciones que necesitan intervención profesional.

Por eso insistió en que familiares y amigos cumplen un papel importante como red de apoyo, pero no tienen por qué poseer todas las herramientas.

El acompañamiento profesional en salud mental, la evaluación y el seguimiento son fundamentales cuando existe ideación suicida o riesgo.

“Necesitamos prevención, evaluación y seguimiento”, explicó Della Longa, al remarcar que no alcanza necesariamente con una única intervención.

También señaló que el entorno familiar puede experimentar miedo, incertidumbre y angustia, por lo que en determinados casos también puede necesitar acompañamiento psicológico.

Otro punto abordado fue el duelo después de una muerte por suicidio. Según explicó, puede presentar características diferentes y estar atravesado por interrogantes y sentimientos de culpa entre familiares y personas cercanas.

Preguntas como “¿cómo no me di cuenta?” pueden aparecer reiteradamente.

Frente a eso, Della Longa volvió a remarcar el carácter multifactorial del suicidio y la necesidad de no reducir una situación tan compleja a un acontecimiento aislado, como una separación, la pérdida de un trabajo u otro problema puntual.

Durante Mañanas de Ciudad también se repasaron algunos de los principales mitos vinculados con la problemática.

Uno de ellos sostiene que si alguien ya decidió quitarse la vida no existe nada que pueda hacerse. La profesional indicó que esa afirmación es falsa y remarcó que una intervención puede modificar el curso de una situación.

Otro mito plantea que hablar sobre suicidio puede instalar esa idea en una persona. Della Longa explicó que conversar responsablemente sobre la problemática puede, por el contrario, habilitar un pedido de ayuda.

También advirtió que una aparente mejoría no significa automáticamente que el riesgo haya desaparecido. Por eso destacó nuevamente la necesidad de evaluación y seguimiento cuando existieron pensamientos o conductas de riesgo.

“Puede haber un cambio y por eso es importante prevenir e intervenir”, resumió.

La licenciada señaló además que la prevención necesita continuar mucho más allá de septiembre. Si bien el mes permite una mayor visibilización del tema, afirmó que la atención sobre la salud mental, los cambios conductuales y las señales de sufrimiento debe mantenerse durante todo el año.

La entrevista también puso el foco sobre docentes, compañeros de trabajo, amistades y otros integrantes de la comunidad que, por compartir gran cantidad de tiempo con una persona, pueden advertir cambios significativos y convertirse en un primer punto de apoyo.

El objetivo, remarcó Della Longa, no es que esas personas reemplacen a un profesional, sino que puedan escuchar, acompañar y favorecer el acceso a una atención adecuada.

Sobre el final, la psicóloga pidió además tener especial cuidado con la información que circula en redes sociales y recurrir a profesionales formados y matriculados.

“Necesitamos profesionales que estén matriculados, que sepan al respecto y puedan darnos la verdadera ayuda que necesitamos”, señaló.

Durante la entrevista también se recordó el 0800-345-1435 del Centro de Asistencia al Suicida, disponible para llamados desde todo el país. La existencia de esa vía de asistencia continúa vigente.

El mensaje que atravesó toda la conversación fue claro: una expresión de sufrimiento no debe ser minimizada y pedir ayuda no representa debilidad.

Septiembre Amarillo abre una oportunidad para hablar de un tema históricamente rodeado de silencios y prejuicios, pero la prevención necesita mantenerse los 365 días del año.

Escuchar sin juzgar, preguntar, acompañar y facilitar el acceso a profesionales pueden convertirse en acciones fundamentales cuando alguien atraviesa una crisis.

La entrevista completa a Agostina Della Longa en Mañanas de Ciudad puede verse a través de las plataformas de Ciudad FM.

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