En la edición de este miércoles de Antes de ver el sol, el programa conducido por Hugo Lombardi, se abordó un tema que afecta a millones de personas y que, en muchos casos, pasa desapercibido hasta que se transforma en un problema grave: el síndrome de burnout. El invitado fue el licenciado en Psicología Walter Motilla, quien brindó un completo análisis sobre esta problemática que atraviesa a buena parte de la población trabajadora argentina.
Según recientes informes, más del 65% de los trabajadores del país afirman estar afectados por el estrés laboral. El burnout, también conocido como el “síndrome del quemado”, dejó de ser una rareza clínica para convertirse en un fenómeno cada vez más frecuente y alarmante. A pocos días de conmemorarse el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo (28 de abril), Motilla subrayó que la salud mental merece el mismo nivel de atención que la física.
“El burnout es un trastorno emocional asociado a un estrés crónico e inmanejable en el ámbito laboral”, explicó el psicólogo. La Organización Mundial de la Salud lo reconoce desde el año 2000 como una enfermedad profesional, con importantes implicancias tanto laborales como previsionales. El síndrome presenta tres componentes clave: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. “La persona siente que no puede más, que se ha desconectado de sí misma y que ha perdido el sentido de su trabajo”, detalló.
Aunque inicialmente se estudió en profesiones de servicio como docentes y policías, hoy el burnout afecta a un espectro mucho más amplio. “Todas las profesiones que implican contacto con personas están en riesgo: médicos, enfermeros, empleados públicos, y también psicólogos y psiquiatras”, enumeró Motilla. Entre los factores de riesgo, destacó la sobrecarga laboral, la falta de reconocimiento, ambientes tóxicos y la imposibilidad de equilibrar vida laboral y personal.
El trabajo remoto, que creció exponencialmente tras la pandemia, ha desdibujado los límites entre la vida personal y profesional. “Muchas personas no pueden desconectarse y viven con la sensación de estar siempre trabajando”, advirtió. Los síntomas exceden el ámbito laboral e impactan en el hogar, en el descanso, en el sueño, y en las relaciones personales.
Frente a este panorama, el primer paso es la toma de conciencia. “El burnout no es una debilidad, es una señal de alerta del cuerpo y la mente”, afirmó Motilla. Reconocerlo permite pedir ayuda profesional, buscar tratamiento y repensar la relación con el trabajo. El abordaje terapéutico incluye psicoterapia, cambios en los hábitos de vida y, en casos más severos, intervención psiquiátrica con medicación.
Respecto a la prevención, Motilla fue tajante: “Las empresas e instituciones, sobre todo las grandes o estatales, no hacen nada. Son estructuras que han perdido el vínculo humano y funcionan como moledoras de carne”. La falta de políticas de cuidado y acompañamiento agrava el panorama, llevando a los trabajadores a pedir licencias por estrés, hostigamiento o incluso persecución.
Sin embargo, el psicólogo también rescató el valor de pensar nuevas formas de trabajo: “Debemos ser creativos y animarnos a generar emprendimientos propios que nos permitan tener mayor control sobre nuestra vida laboral”. En ese camino, rodearse de “personas vitamina”, hacer actividad física, descansar verdaderamente y replantear prioridades, puede marcar la diferencia entre sobrevivir o quemarse.
La charla con Walter Motilla dejó en claro que el burnout no es solo una condición médica, sino también un fenómeno social, estructural y emocional. Un mal silencioso que, si no se atiende a tiempo, apaga incluso las pasiones más fuertes. Y como dijo Lombardi al cerrar la entrevista: “Hay que hablar del burnout, porque cuando se nombra, se empieza a curar”.
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