Editorial | Fer Andrada

 

«UNA DEMOCRACIA PARA UNOS POCOS: EL SILENCIO CÓMPLICE DEL GOBERNADOR»

 

La entrega de viviendas en Santa Rosa debía ser un acto de celebración, un símbolo de progreso para muchas familias que por fin accedían a un techo propio. Sin embargo, la política mendocina tiene sus propios códigos, y lo que debía ser un evento institucional terminó convertido en el escenario de una maniobra que expone con crudeza las verdaderas prioridades del oficialismo provincial.

 

En un movimiento orquestado entre Cambia Mendoza y el espacio Ahora Santarrocinos, la oposición en el Concejo Deliberante desplazó al peronismo de la conducción del cuerpo legislativo local. Con los votos justos y el respaldo tácito del poder provincial, el radical Ezequiel Quiles se convirtió en presidente del Concejo, acompañado en la línea sucesoria municipal por más referentes opositores. ¿Casualidad? Difícilmente.

 

UNA JUGADA PREMEDITADA PARA BLOQUEAR A SANTA ROSA

 

La intendenta Flor Destéfanis no tardó en señalar lo que salta a la vista: este movimiento no es un hecho aislado ni responde a un espíritu democrático. Se trata de una estrategia clara para condicionar la gobernabilidad de su gestión.

 

“No puedo enfermarme ni tomarme unos días de descanso porque quien ha asumido hoy, por voto y decisión de los concejales de Santa Rosa, es una persona que es totalmente opuesta al proyecto político que ganó en las urnas y en democracia en el año 2023”, advirtió la intendenta.

 

Pero su crítica no se limitó solo a lo sucedido en su departamento. Destéfanis dejó en claro que esta maniobra contradice las reglas básicas del sistema democrático, donde la línea sucesoria es respetada incluso en ámbitos donde el oficialismo no tiene mayoría: “Es una falta de respeto a la democracia. En absolutamente todos los Concejos Deliberantes de la provincia de Mendoza, en la Legislatura y aún en la Nación, siendo que el presidente no tiene mayorías, se respeta la línea de sucesión”, enfatizó.

 

CORNEJO, ENTRE EL DISCURSO Y LA REALIDAD

 

El gobernador Alfredo Cornejo, como era de esperarse, optó por la tibieza. En lugar de repudiar o al menos cuestionar la jugada de su espacio político en Santa Rosa, evitó cualquier confrontación y se limitó a expresar su deseo de “acuerdos y consensos”. Un discurso de manual que choca de frente con la realidad de los hechos: no hay consenso cuando se impone una mayoría circunstancial para torcer la gobernabilidad de un municipio. No hay acuerdos cuando se buscan mayorías a cualquier costo, aun cuando eso signifique empujar a Santa Rosa a un escenario de inestabilidad.

 

“Me parece una falta de respeto a esta directiva que dio el gobernador, que viene a querer trabajar en paz, en convivencia social, y que los concejales de la oposición en Santa Rosa solo están pensando en elecciones y en política, cuando nosotros nos estamos concentrando en gobernar y en transformar la vida de la gente”, lanzó Destéfanis, dejando en evidencia la contradicción entre el discurso del mandatario provincial y las acciones de su propio espacio político en el departamento.

 

El gobernador, que ha hecho de la retórica del orden y la previsibilidad su bandera, muestra en los hechos que esas promesas no aplican cuando se trata de perjudicar a una gestión que no responde a sus intereses. Su silencio ante este atropello político es tan elocuente como su apoyo implícito a la movida.

 

LA INTENDENTA RESISTE, PERO ¿A QUÉ COSTO?

 

Flor Destéfanis ha demostrado ser una dirigente con carácter y convicción. No solo ha defendido su gestión con firmeza, sino que también ha expuesto las contradicciones del oficialismo provincial, que habla de paz y diálogo mientras habilita –o al menos consiente– maniobras que generan conflictos innecesarios.

 

Pero la pregunta es: ¿hasta cuándo se seguirá permitiendo que Santa Rosa sea el laboratorio de las operaciones políticas del radicalismo? ¿Cuánto más deberá resistir una gestión elegida democráticamente ante el constante hostigamiento de un poder provincial que, en lugar de cooperar, trabaja para desgastar?

 

La democracia no es solo un conjunto de reglas formales, sino un ejercicio de respeto a la voluntad popular. Y lo que ocurrió en Santa Rosa es un recordatorio de que, para algunos, la democracia solo vale cuando les conviene.

 

 

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