Una ruptura afectiva no termina únicamente una relación: también puede modificar rutinas, proyectos, horas de sueño, apetito y la manera de vincularse con el propio cuerpo. La licenciada en Nutrición Pilar Morales y la licenciada en Psicología Agustina Della Longa explicaron por qué la salud emocional y la alimentación deben abordarse de manera conjunta cuando el sufrimiento comienza a interferir en la vida cotidiana.
Durante una entrevista en Mañanas de Ciudad, programa conducido por Carina Coria en Ciudad FM 90.5, las profesionales analizaron qué sucede después de una separación y cómo una experiencia emocional puede expresarse a través de la comida, el descanso, la digestión y diferentes conductas utilizadas para calmar momentáneamente el dolor.
Desde la perspectiva psicológica, Della Longa explicó que una separación no implica únicamente perder a una persona. También se modifica la dinámica cotidiana construida alrededor del vínculo, los horarios compartidos, los proyectos y las expectativas sobre el futuro.
“Cuando atravesamos una ruptura, no solamente perdemos a esa persona”, señaló la psicóloga. La pérdida también alcanza una organización vincular y una forma de pensarse junto a otra persona, por lo que el final de la relación puede producir una profunda sensación de desorientación.
Della Longa indicó que una ruptura supone atravesar un duelo. Este proceso no se limita al fallecimiento de una persona, sino que también puede aparecer ante una mudanza, un proyecto que no prospera, una amistad que termina o cualquier cambio que implique una pérdida significativa.
La profesional remarcó que no existe una única forma de transitarlo. Una persona puede pasar un día sin ganas de levantarse, comer o realizar actividades y, en otro momento, sentir deseos de salir, encontrarse con amigos o comenzar algo nuevo. Esa fluctuación forma parte del proceso y no debería ser evaluada desde la culpa o la obligación de mantenerse constantemente productivo.
“Es necesario ponerle palabras, permitirnos sentir y transitar el dolor”, expresó Della Longa. Según explicó, mantenerse permanentemente ocupado con trabajo, ejercicio u otras actividades no siempre significa que la persona se encuentre bien, ya que esas conductas también pueden utilizarse para evitar el contacto con lo que siente.
La psicóloga sostuvo que la autonomía personal cobra especial importancia durante una separación. Cuando toda la vida cotidiana se organiza en función de la pareja, la ausencia del otro puede dejar a la persona sin referencias propias. Recuperar actividades, decisiones y espacios personales forma parte de la reconstrucción posterior al vínculo.
Desde el campo nutricional, Morales señaló que el estrés asociado con una ruptura puede repercutir de maneras opuestas. Algunas personas aumentan el consumo de alimentos o atraviesan episodios de atracones, mientras que otras pierden el apetito, dejan de cocinar e incluso reducen el consumo de agua.
“Lo que comemos es nuestro combustible”, afirmó Morales al destacar la importancia de sostener la alimentación durante un proceso emocional complejo. La nutricionista recomendó observar cómo responde cada persona, reconocer si tiende a comer más o a restringir los alimentos y pedir acompañamiento profesional cuando la situación comienza a resultar difícil de manejar.
La búsqueda de alimentos con mayores cantidades de grasas o azúcares también fue abordada durante la entrevista. Morales explicó que estos productos pueden generar una sensación inmediata de placer, pero luego aparecer malestar físico, inflamación, culpa o una nueva necesidad de comer, construyendo un círculo que profundiza la angustia.
La profesional aclaró que el objetivo no debería ser prohibir completamente un alimento. El punto central consiste en identificar los detonantes emocionales, registrar qué se está comiendo y evitar que la culpa sostenga una relación cada vez más conflictiva con la comida.
En el extremo contrario, la falta de apetito también requiere atención. Morales advirtió que reemplazar las comidas únicamente por mate y galletitas no garantiza una alimentación adecuada y puede profundizar el cansancio o el desequilibrio nutricional. Por eso propuso avanzar con metas pequeñas y posibles: una comida a la vez y una acción concreta por día.
El estrés emocional también puede expresarse en el sistema digestivo. Según explicó Morales, durante una separación algunas personas pierden registro de qué comen, cómo lo hacen y en qué cantidad. Esa situación puede estar acompañada por distensión abdominal, diarrea, estreñimiento u otras molestias digestivas.
Durante la conversación, las profesionales coincidieron en que aquello que no logra ponerse en palabras muchas veces encuentra otras vías de expresión en el cuerpo. Por ese motivo, el trabajo nutricional no debería separarse de la dimensión emocional.
Della Longa explicó que, cuando las emociones parecen incontrolables, la comida puede convertirse en uno de los pocos aspectos sobre los cuales una persona siente que todavía tiene dominio. Esa necesidad puede manifestarse mediante atracones, restricciones o un control excesivo del cuerpo.
La psicóloga también se refirió a la presión estética y al pensamiento de que adelgazar o modificar la apariencia podría provocar el regreso de la expareja. En esas situaciones entran en juego la autoestima, el autoconcepto y el valor que cada persona se atribuye.
Las entrevistadas aclararon que una ruptura no produce automáticamente un trastorno de la conducta alimentaria. Según lo expresado durante la entrevista, puede actuar como detonante o agravar una problemática previa cuando existen antecedentes o predisposición. Los TCA son multifactoriales y deben evaluarse de manera individual, considerando aspectos biológicos, psicológicos, familiares, sociales y contextuales.
El sueño es otro de los factores que puede verse alterado. Descansar mal influye sobre el estado emocional y la conducta alimentaria, y puede aumentar la vulnerabilidad frente a los episodios de ingesta desordenada.
El trabajo excesivo, el entrenamiento, la comida, el alcohol, el cigarrillo u otras sustancias también pueden utilizarse como mecanismos para dejar de sentir durante un momento. Della Longa propuso observar si esas conductas se volvieron constantes, si comenzaron a ocupar toda la vida de la persona o si afectan el trabajo y las responsabilidades cotidianas.
Morales y Della Longa coincidieron en que la red de apoyo resulta fundamental. El acompañamiento de personas que escuchen y ayuden a transitar el proceso puede evitar que el dolor quede tapado detrás de salidas, excesos u otras conductas que producen un alivio breve, pero terminan generando mayor malestar.
También destacaron la necesidad de un abordaje interdisciplinario. El seguimiento conjunto entre psicología y nutrición permite observar aspectos que podrían pasar inadvertidos si se analiza únicamente la alimentación o solamente el estado emocional.
Entre las señales para consultar mencionaron la preocupación permanente por la figura o la cantidad de comida, la imposibilidad de descansar, la dificultad para cumplir actividades cotidianas y los pensamientos sobre la ruptura que ocupan de manera constante la vida de la persona.
“Nosotros somos nuestra casa”, resumió Della Longa al señalar que la salud física y la salud mental necesitan un cuidado conjunto. El objetivo consiste en recuperar el equilibrio entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace.
Las profesionales también remarcaron que no todas las separaciones se viven únicamente como una pérdida. En algunos casos, el final de una relación representa una liberación y permite que la persona vuelva a reconocerse, recuperar proyectos postergados y reconstruir su bienestar.
La entrevista dejó como eje central que el dolor necesita ser transitado y no ocultado. Pedir ayuda, sostener una red de apoyo y atender de manera temprana los cambios en la alimentación, el descanso y el estado emocional puede evitar que el malestar se profundice. La conversación completa con Pilar Morales y Agustina Della Longa puede verse en los canales de Ciudad FM.






































