Durante una entrevista en el programa “Hola Gente”, conducido por Oscar Mira, se abordó una de las problemáticas más sensibles y alarmantes que atraviesa a la sociedad argentina: el bullying. La licenciada en psicología Elida Mussa, especialista en clínica infantojuvenil y residente en San Rafael, brindó una mirada profunda sobre el fenómeno y sus implicancias.

Argentina ocupa el tercer lugar en el mundo en cantidad de muertes por bullying, según estadísticas recientes que ubican al país detrás de España y México. Mussa explicó que si bien el acoso escolar o social ha existido siempre, la virtualidad ha ampliado el alcance y la exposición de quienes lo sufren. “Antes, el límite era el patio de la escuela; hoy, las redes sociales y los grupos de WhatsApp no tienen fronteras. Ser bloqueado o ignorado en redes es, para muchos chicos, dejar de existir en la vida real”, explicó la profesional.

La especialista remarcó que el bullying ya no es un fenómeno aislado entre víctimas y agresores, sino que hay una escena social más amplia: espectadores pasivos, adultos silenciados, docentes que naturalizan con frases como “son cosas de chicos”. Esa indiferencia, advierte, construye subjetividades frágiles en plena adolescencia, una etapa clave en la formación de identidad.

Uno de los puntos más contundentes de la entrevista fue la crítica a la propuesta de bajar la edad de imputabilidad penal en menores. “Cuando un adolescente comete un acto violento, deberíamos preguntarnos: ¿dónde estuvieron los adultos antes de que eso pasara? ¿Dónde estuvo el Estado?”, sostuvo Musa. Afirmó que no se trata de castigar más temprano, sino de llegar antes con políticas públicas, salud mental, redes de contención y espacios de escucha.

En cuanto a las señales de alerta para detectar si un niño o adolescente está siendo víctima de bullying, Musa destacó cambios en el comportamiento, aislamiento, retraimiento, autolesiones, y también actitudes violentas inusuales. “El extremo del bullying es la muerte. La víctima puede suicidarse, y el victimario puede llegar a matar. Ambos están gritando algo que no supimos escuchar”.

La licenciada instó a la sociedad a dejar de responsabilizar únicamente a los jóvenes. “Cuando un niño o adolescente sufre, es la sociedad la que tiene fiebre. No se trata solo de aplicar sanciones, sino de acompañar, de generar lazos, de darles un lugar en el deseo del otro. Necesitamos instituciones que escuchen antes de que el dolor estalle”.

Una entrevista conmovedora que obliga a mirar más allá de las estadísticas y a hacernos cargo, como adultos, como educadores, como medios de comunicación y como sociedad en su conjunto.

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