Construir una vivienda económica de 60 metros cuadrados en Mendoza requiere actualmente una inversión cercana a los 90 millones de pesos. El costo de la construcción aumentó un 3,29% durante julio y ya acumula una suba del 18% en lo que va del año, prácticamente el mismo porcentaje registrado durante todo el año anterior.
Daniel Di María, presidente del Centro de Ingenieros de Mendoza, analizó los últimos indicadores del sector en Antes de Ver el Sol, el programa conducido por Hugo Lombardi y Susana Gómez en Ciudad FM 90.5. El profesional explicó que la medición provincial volvió a ubicarse por encima del índice general de inflación y advirtió que la actividad atraviesa un escenario de escasa inversión, dificultades para acceder al crédito y perspectivas negativas para el próximo año.
El relevamiento realizado por el Centro de Ingenieros durante los primeros días de julio arrojó un incremento mensual del 3,29% en el costo de construcción de una vivienda. Di María aclaró que esta medición analiza específicamente el mercado mendocino y que, por lo tanto, puede presentar diferencias respecto del Índice de Precios al Consumidor nacional.
La principal particularidad del último informe fue el comportamiento de los materiales. En meses anteriores, la mano de obra había tenido una mayor incidencia en el aumento, pero esa relación se invirtió durante julio.
El costo de la mano de obra aumentó un 2,36%, mientras que los materiales avanzaron un 4,16%. Dentro de ese conjunto, algunos componentes esenciales para la obra gruesa registraron incrementos considerablemente superiores.
“El hierro tuvo un aumento del 7%, el cemento del 2,5%, el hormigón de casi el 4% y los cables subieron cerca del 12%”, detalló Di María.
Aunque no todos los materiales modificaron sus valores, aquellos que aumentaron tienen una incidencia importante dentro del presupuesto final de una vivienda. El hierro, el ladrillo, el cemento, el hormigón y las instalaciones representan una parte central de cualquier construcción, independientemente de la calidad posterior de sus terminaciones.
El movimiento del dólar también puede influir en determinados productos vinculados con componentes importados. Sin embargo, Di María explicó que, al convertir los costos a moneda estadounidense, durante el último mes se produjo una leve disminución.
Según la medición mencionada durante la entrevista, el costo bajó un 0,25% calculado al dólar oficial y aproximadamente un 1,92% medido con el dólar informal. Esa caída en dólares se relaciona con la suba experimentada por la moneda estadounidense durante el mismo período y no representa una reducción del precio en pesos para quienes desean construir.
El dato interanual refleja con mayor claridad la aceleración del sector. El costo de la construcción muestra un incremento cercano al 33% respecto del mismo período del año anterior.
El presidente del Centro de Ingenieros recordó que hacia noviembre y diciembre la variación interanual se encontraba alrededor del 19%. El nuevo dato demuestra que los costos recuperaron velocidad durante los últimos meses.
“En lo que va del año ha subido un 18%, cuando en todo el año pasado subió un 19%”, remarcó.
De mantenerse la tendencia, el sector podría cerrar el año con una variación de entre el 30% y el 35%, según la estimación expresada por el entrevistado. Esto significaría un resultado mayor al esperado inicialmente y volvería a colocar a la construcción entre las actividades con incrementos superiores al promedio general.
Di María insistió en que el análisis del Centro de Ingenieros representa la realidad concreta del mercado de la vivienda en Mendoza. Aunque los índices generales pueden elaborarse con otras metodologías y sobre una canasta más amplia de bienes y servicios, quien inicia una obra enfrenta los precios reales de los materiales y de la mano de obra disponibles en la provincia.
El costo por metro cuadrado permite dimensionar el impacto sobre una familia. Una vivienda económica se encuentra actualmente en aproximadamente 1.514.000 pesos por metro cuadrado.
Esto implica que una construcción de 60 metros cuadrados demanda cerca de 90 millones de pesos, sin considerar posibles variaciones durante el avance de la obra ni gastos extraordinarios que puedan surgir.
En una vivienda de calidad media, el valor estimado asciende a 1.969.000 pesos por metro cuadrado. La diferencia se explica principalmente por el nivel de las terminaciones, los revestimientos, las aberturas, los artefactos y otros elementos que pueden seleccionarse una vez concluida la obra gruesa.
“La vivienda económica queda en un millón quinientos catorce mil pesos el metro cuadrado. Para construir sesenta metros cuadrados hacen falta cerca de noventa millones de pesos”, explicó Di María.
El acceso al crédito aparece como uno de los principales obstáculos. Existen líneas y propuestas bancarias, pero muchas familias no logran reunir las condiciones de ingresos, antecedentes financieros o calificación crediticia necesarias para obtenerlas.
Sin financiamiento y con salarios que no acompañan el precio final de una obra, el mercado se mantiene frenado. La imposibilidad de iniciar proyectos nuevos afecta de manera directa a los profesionales, las empresas constructoras, los trabajadores, las inmobiliarias y los comercios de materiales.
Una encuesta realizada entre mayo y junio con participación de profesionales de la construcción, constructoras, corralones e inmobiliarias calificó la situación actual del sector con cuatro puntos sobre diez.
El año anterior, la misma evaluación había alcanzado cinco puntos. La caída muestra que la percepción interna de la actividad es peor que la registrada doce meses atrás.
“Estamos en cuatro sobre diez. El año pasado había dado cinco, lo que significa que estamos bastante peor”, señaló el titular del Centro de Ingenieros.
La preocupación no se limita al presente. Cerca del 80% de los consultados considera que durante el próximo año la situación podría empeorar, según los resultados expuestos por Di María.
El problema comienza con la falta de nuevos proyectos. Cuando los profesionales no reciben encargos para elaborar planos, cálculos y documentación técnica, tampoco se generan las obras que posteriormente demandarán trabajadores y materiales.
“Los profesionales de la construcción no tenemos trabajo. Concretamente, tenemos muy poco trabajo”, advirtió.
La crisis se traslada de manera progresiva a toda la cadena. Menos proyectos implican menos albañiles, técnicos, electricistas, gasistas y plomeros contratados. También representan menores ventas para los comercios y una menor producción para las industrias vinculadas con el sector.
Durante la entrevista también se abordó el crecimiento de las construcciones en seco y de otros sistemas industrializados. Di María aclaró que el relevamiento general contempla tanto las construcciones tradicionales como las alternativas.
La aparición de más viviendas realizadas con sistemas no tradicionales no significa necesariamente que exista un crecimiento general de la actividad. Dentro de un mercado reducido puede aumentar la proporción de una modalidad, pero el volumen total de obras continuar deprimido.
El problema de fondo sigue siendo la pérdida de capacidad económica de los trabajadores. Una familia que no puede acceder a una vivienda tradicional tampoco necesariamente puede afrontar una construcción en seco, aunque esta prometa plazos más cortos o ciertos ahorros.
Otro de los temas analizados fue la oferta de viviendas prefabricadas importadas desde China. Di María explicó que los sistemas no tradicionales que se utilizan formalmente en el país deben pasar por procesos de evaluación y aprobación técnica.
Esos controles incluyen la intervención del Instituto Nacional de Tecnología Industrial y de organismos relacionados con la seguridad sísmica. Además, cada provincia y cada municipio pueden establecer exigencias adicionales a través de sus códigos de edificación.
De acuerdo con el profesional, todavía no existe información técnica suficiente para determinar si las viviendas chinas promocionadas en internet cumplen con todas las condiciones requeridas en Mendoza.
Entre los aspectos que deberían verificarse aparecen la resistencia sísmica, la aislación térmica, la ventilación, la iluminación y las dimensiones mínimas exigidas para los ambientes.
“Las casas chinas no han pasado por ningún lado. Simplemente hay un proceso de importación, pero no sabemos si cumplen las condiciones de resistencia sísmica, aislación térmica, ventilación e iluminación”, señaló.
Di María observó que algunas de estas unidades tendrían alturas interiores de entre 2,25 y 2,30 metros, mientras que la normativa mendocina exigiría una altura mínima cercana a los 2,40 metros.
También advirtió sobre diferencias entre la distribución interior de esas viviendas y las costumbres habitacionales argentinas. Algunos modelos presentan dormitorios y baños con acceso directo desde el estar-comedor, sin una circulación que separe el sector social del área íntima.
Esas características responden a la prefabricación, al traslado y al objetivo de reducir los costos, pero podrían no adaptarse a la cultura local ni a los reglamentos vigentes.
El Centro de Ingenieros todavía no realizó una presentación formal contra estas viviendas. La institución se encuentra recopilando documentación para poder evaluar los productos y formular observaciones concretas, evitando emitir conclusiones basadas únicamente en publicidades de internet.
La responsabilidad de exigir las autorizaciones correspondientes recae tanto en quienes comercializan los sistemas como en los municipios que aprueban su instalación. Antes de montar una unidad, el propietario debería acreditar que el modelo cumple con las normas nacionales, provinciales y municipales.
Di María también descartó que las construcciones no declaradas puedan explicar una parte significativa de la caída. Aunque existen obras clandestinas, su incidencia sería reducida porque evitar trámites u honorarios no elimina el principal problema: el precio de los materiales y de la ejecución.
La construcción continúa siendo una actividad que moviliza numerosos sectores económicos, pero la combinación de costos crecientes, falta de crédito e ingresos insuficientes está frenando nuevos proyectos en Mendoza.
El último relevamiento deja dos señales de alerta: construir una vivienda mínima ya requiere una inversión difícil de alcanzar para la mayoría de las familias y quienes integran la actividad no esperan una recuperación inmediata.
La entrevista completa a Daniel Di María puede verse en las plataformas digitales de Ciudad FM, donde también desarrolló los controles que deberían atravesar las viviendas importadas antes de instalarse en una provincia con exigencias sísmicas como Mendoza.









































