DE LA ESCUELA A LA ACCIÓN: 33 ALUMNOS PRODUCEN KITS DE EMERGENCIA


Treinta y tres alumnos de quinto año de la escuela Nuestra Señora del Santísimo Rosario desarrollaron un microemprendimiento escolar dedicado a fabricar y comercializar kits para afrontar situaciones de emergencia. El proyecto combina aprendizaje empresarial, reutilización de materiales, trabajo manual y una propuesta solidaria surgida íntegramente dentro del curso.

La docente Silvana Castro explicó en Antes de Ver el Sol, por Ciudad FM 90.5, que la iniciativa comenzó en marzo a partir de una lluvia de ideas realizada en el espacio curricular Proyecto y Gestión de Microemprendimientos. Después de analizar distintas alternativas, los estudiantes eligieron desarrollar un kit de emergencia y comenzaron a trabajar sobre todas las etapas necesarias para convertir aquella idea en una empresa escolar.

Castro, profesora de la institución ubicada en el distrito de Ingeniero, en el límite entre San Martín y Junín según lo expresado durante la entrevista, detalló que el proyecto involucra a los 33 estudiantes del curso y permite aplicar conocimientos que vienen adquiriendo desde años anteriores, además de incorporar contenidos vinculados específicamente con la organización y administración de un emprendimiento.

“Surge producto de una lluvia de ideas allá por marzo”, explicó la docente al recordar el momento en que comenzó a tomar forma la propuesta.

El trabajo no consiste únicamente en fabricar un producto. Los alumnos deben atravesar el proceso completo de creación de una empresa: definir qué producir, capitalizarse, organizar el trabajo, calcular costos, administrar recursos, comercializar, registrar la operatoria y posteriormente realizar el cierre y liquidación del emprendimiento.

La docente explicó que trabajan además articuladamente con una organización de carácter internacional que brinda contenidos conceptuales vinculados con el desarrollo de emprendimientos. El nombre de esa institución no quedó identificado con claridad durante la entrevista, por lo que no corresponde precisarlo.

Uno de los aspectos más particulares es la manera en que se confecciona el bolso que contiene el kit. Los estudiantes reutilizan bolsas de alimento para mascotas, que previamente son sometidas a un proceso de limpieza e higienización.

Luego se realiza el molde, se corta el material y comienza la etapa de costura. Parte del trabajo se desarrolla dentro de la escuela y otra parte se completa en los hogares, debido a que los tiempos de cursado no alcanzan para finalizar toda la producción. Algunos alumnos cosen a mano y otros utilizan máquinas, según los recursos disponibles.

Castro aclaró además que, aunque habitualmente se las menciona como “mochilas”, en realidad el producto confeccionado por los estudiantes tiene formato de bolso.

El trabajo manual no termina allí. Cada kit incluye una manta elaborada también por los propios alumnos.

Para poder realizarla, todo el curso aprendió a tejer al crochet. Los estudiantes confeccionan cuadrados de aproximadamente 20 por 20 centímetros utilizando restos de lana obtenidos mediante donaciones. Posteriormente unen las piezas hasta completar cada manta.

“Todo el curso aprendió a tejer al crochet”, destacó Castro, al explicar una de las actividades que más involucró a los estudiantes en la producción.

Dentro de cada kit se incorporan diferentes elementos considerados necesarios para una situación de emergencia. Entre ellos se encuentran la manta confeccionada por los alumnos, un botiquín de primeros auxilios, alimentos no perecederos, agua, un instructivo con recomendaciones y teléfonos para comunicarse ante una emergencia.

Parte del agua que incorporan fue obtenida mediante una donación empresarial, según explicó la docente, como parte del acompañamiento que reciben los proyectos escolares.

La primera producción prevista es limitada. El curso comenzó con 33 kits, una cantidad directamente vinculada con la capacidad de fabricación que tienen los alumnos durante el período disponible.

Sin embargo, el interés generado por la propuesta ya comenzó a superar las previsiones iniciales.

“Tenemos una producción inicial de 33 kits, pero la demanda se ha generado”, explicó la profesora, quien señaló que analizan alternativas para incrementar la cantidad en la medida en que los tiempos y la capacidad de trabajo lo permitan.

Los primeros productos ya comenzaron a comercializarse mientras continúa el armado de nuevas unidades.

Cada kit tiene un valor de 45 mil pesos y la venta se realiza exclusivamente a través de la escuela. No se comercializan por el momento mediante negocios del distrito y el stock continúa siendo limitado.

La experiencia también tiene una fuerte dimensión educativa vinculada con la orientación de la institución, centrada en Economía y Gestión de las Organizaciones.

Para desarrollar el emprendimiento, los estudiantes formaron una empresa bajo un esquema similar al de una sociedad anónima con acciones. Esas acciones fueron comercializadas para conseguir el capital inicial que permitió comenzar con la producción.

A partir de allí, los chicos deben gestionar el funcionamiento del emprendimiento como parte de su formación.

“Ellos tienen que aprender el proceso contable. En realidad, se forma una empresa”, explicó Castro.

Al concluir el año escolar, la empresa debe realizar todo el procedimiento de cierre correspondiente. Esto incluye la liquidación de sueldos y la distribución de la rentabilidad obtenida.

La docente remarcó que el dinero generado no queda para la institución educativa. Cada estudiante recibe una remuneración por el trabajo realizado dentro del emprendimiento y posteriormente se distribuye la rentabilidad de acuerdo con el funcionamiento del proyecto.

Parte de esos recursos será utilizada por los jóvenes para afrontar gastos relacionados con su egreso de quinto año, incluida la fiesta de egresados.

Además, la propuesta incorpora un componente solidario: se contempla un aporte destinado a instituciones del medio, manteniendo una dimensión comunitaria dentro de la experiencia empresarial.

El proyecto, sin embargo, no se aprueba únicamente por fabricar y vender los kits. Los estudiantes son evaluados tanto en los contenidos teóricos como en la aplicación práctica de los conocimientos.

De esa forma, la producción funciona como una herramienta para comprender desde adentro cómo se organiza un emprendimiento real: desde la idea inicial hasta la planificación, la producción, la venta y finalmente su cierre.

Durante la entrevista en Antes de Ver el Sol, programa conducido por Hugo Lombardi y Susana Gómez, Castro valoró especialmente el compromiso del curso con una propuesta que combina diferentes aprendizajes.

“Gracias por interesarse en nuestro proyecto y por valorar el trabajo de estos 33 hermosos alumnos que tengo”, expresó hacia el cierre de la conversación.

La iniciativa es la primera experiencia de la escuela específicamente dedicada a kits de emergencia, aunque todos los años se desarrollan proyectos dentro del espacio curricular.

En este caso, una lluvia de ideas terminó convirtiéndose en una experiencia que cruza educación, economía, reciclaje, trabajo manual, prevención y solidaridad. Los estudiantes no solamente diseñaron un producto: debieron organizarse como una empresa, conseguir recursos, producir, vender y asumir responsabilidades dentro de cada etapa.

La entrevista completa con Silvana Castro puede verse y escucharse a través de las plataformas digitales de Ciudad FM.

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