En su visita al programa “La Brújula”, la docente y coach neurocognitiva Marilyn Lidia Fortte, también profesora de yoga y facilitadora de mindfulness, compartió una definición clara sobre su trabajo y el alcance del coaching en la vida personal, laboral y social.
“Cuando dicen que alguien está coacheado, se piensa que está guionado, pero el coaching es lo contrario. No damos un libreto: acompañamos para que la persona, desde sus propias capacidades, logre cambiar sus significados y alcanzar un resultado distinto. Nosotros solo somos un canal”, explicó Fortte.
En ese sentido, diferenció su rol del de un mentor: “El mentor aconseja y guía con pautas claras. El coach, en cambio, acompaña a que el consultante descubra por sí mismo sus bloqueos, los trabaje y avance hacia su objetivo”.
La especialista también señaló que el proceso de cambio implica atravesar incomodidad: “No hay transformación sin pasar por un período en el que uno se siente mal o fuera de lugar. Pero a la larga, si sostenés el proceso, los resultados son positivos porque son tuyos”.
Sobre la comparación con la psicología, aclaró: “El psicólogo trabaja en salud mental y patologías. El coach trabaja en el logro de objetivos a partir de las habilidades de cada uno. No somos competencia, somos procesos distintos que incluso pueden complementarse”.
Fortte también cuestionó la presión de los estereotipos sociales: “Las redes imponen un modelo perfecto a seguir. Y muchas veces la incomodidad de la gente no es real, sino que surge de esa comparación con algo que no le representa”.
Finalmente, dejó un mensaje a la audiencia:
“Recuperen lo que son, sin cuestionarse tanto. Todos tenemos cosas buenas que ya habitan en nosotros. No hace falta salir a buscar aprobación para ser distintos o mejores”.










































