Marcos Olivera

Cornejo en modo Napoleón, quiere ser el dueño de Mendoza. (Showpolitico)

«Algo huele mal en Dinamarca», le dijo el centinela Marcelo al príncipe Hamlet, en la explanada del palacio real de Elsingor. Segundos después, el genio de Shakespeare hizo entrar en escena al fantasma del rey de Dinamarca, quién le confiaría a su hijo la hondura de la tragedia universal que se desata en la siempre despiadada lucha por el poder.

Más de cuatrocientos años después, al pie de los Andes, la elocuencia de la frase repica. Un cambio en principio imperceptible, domina el ánimo de la elite mendocina. En sordina, porque pocos se animan a decirlo en voz alta, se «habla» de que Mendoza cambió. Y no en términos positivos. Desde el regreso de la democracia en 1983 al presente, la provincia se había destacado por ser una isla de institucionalidad y garantía contra los abusos de la perpetuación de un hombre en el poder.

El instrumento que siempre distinguió a Mendoza, fue la restricción constitucional que impedía la reelección. El famoso artículo 115 («El gobernador y el vicegobernador no podrán ser reelegidos para el período siguiente al de su ejercicio. Tampoco podrá el gobernador ser nombrado vicegobernador, ni el vicegobernador podrá ser nombrado gobernador. No podrán ser electos para ninguno de éstos cargos, los parientes de los funcionarios salientes, dentro del segundo grado de consanguinidad o afinidad. El gobernador tampoco podrá ser electo senador nacional hasta un año después de haber terminado su mandato»), vigente desde febrero de 1916 cuando fue sancionada la Carta Magna provincial.

Mas de cien años después, los muros de esa Acrópolis constitucional tambalean.

Un petit Bonaparte (no sólo por su baja estatura) viene horadando con paciencia -y una alta dosis de autoritarismo y control cuasi policiaco- las barreras de control institucional que distinguían a Mendoza del resto de las provincias argentinas. ¿Para qué? El objetivo de máxima sería el de modificar el artículo 115 (con el argumento de una supuesta «modernización» y/o una reducción de cargos, para hacerla digerible a la vista de la sociedad mendocina) y habilitar la reelección, mientras en el mientras tanto va cooptando y corrompiendo la arquitectura diseñada para evitar la perpetuación en el poder de un hombre o un grupo adictos.

Desde la Legislatura a la que tiene maniatada a fuerza de prebendas y un esquema que suma legisladores adictos y algunos opositores funcionales, hasta órganos como la estratégica Suprema Corte de Justicia, la Procuración de la Corte, la Contaduría General, la Asesoría de Gobierno y el Tribunal de Cuentas.

Nada sería tan grave, si el sistema de medios funcionara de manera independiente y ejerciera un contralor severo sobre los actos de gobierno. Pero no. También en esa área Mendoza entró en un proceso de degradación. Como en los años más oscuros de la dictadura militar, el silencio a las voces opositoras es la herramienta más eficaz del poder concentrado en un solo puño. La lineal editorial del diario Los Andes – el símil de los que sería La Nación en el plano nacional-, el más antiguo y el más representativo de la provincia, está ingeniosamente controlada desde el unicato del poder. No se trata de una burda operación de pauta publicitaria por centímetros de tinta y papel obsecuente. No. Más bien es una solapada edición de quién está habilitado a ser publicado en las páginas de la sección Política, y quiénes – a pesar de tener representación legislativa o política- son invisibilizados.

Mercedes Llano contó los atropellos de Cornejo en Mendoza. 

Menos sutil, el enorme poder acumulado por la web ultramacrista MDZonline directamente se vuelca en acciones contra los señalados en las listas negras del poder unívoco que fue creciendo desmesuradamente durante el período 2015-2019. Y que amenaza con ser un medio disciplinador, tras la derrota de Mauricio Macri en 2019, cuando la presión sobre todo posible «opositor» se multiplicó. El diario digital de la familia Terranova (también controlante de la empresa nacional de cartelería Publicidad Sarmiento) ejerce un poder de policía sobre la dirigencia opositora mendocina.

Aparecer o desaparecer en MDZ es un ejercicio comparable a los que un dirigente comunista cubano debe afrontar para ser nombrado en la edición digital o de papel del Granma. Sólo los «puros» de toda pureza pueden aparecer en el diario de los Terranova. Todo lo que huele a oposición es reprimido con notas hostiles o directamente difamatorias o sesgadas ideológicamente.


Pero como todas las historias, hay una primera vez que explica el desarrollo posterior.


Y, por supuesto, un protagonista.

 «En el segundo tiempo tiene que haber nuevos jugadores» dijo Cornejo en los últimos días en referencia al libro que lanzó Macri y no fue bien recibido por el radicalismo. (La Gaceta)


Ése mismo al que por lo bajo hoy – en Mendoza- es tachado de «monarca»«déspota»«autócrata» y «arrogante», en 2007 (hace 14 años) era apenas un hábil conmilitón del radicalismo de la populosa periferia mendocina de Godoy Cruz. Que sólo cargaba en la mochila su experiencia de dirigente juvenil de la Franja Morada. Uno más de los miles de dirigentes radicales que buscaban dejar atrás los fracasos del alfonsinismo y el delarruismo, las dos experiencias de gobiernos radicales que dejaron el trauma de la impericia y el fracaso a la hora de gobernar.


Alfredo Víctor Cornejo Neila (como prefiere que lo llamen, en un intento por dotar a su imagen una pátina aristocrática)
, es el Frankenstein en cuestión. El hombre más temido de la provincia y del que todos eluden hablar en «on the record». ¿Pero quién le insufló vida a tamaña criatura política? El dedo acusador debe dirigirse a Néstor Kirchner, quién en el pico de su popularidad contrarió los deseos de Cristina Fernández, y acordó con el «operador» Cornejo que Julio Cobos sería el vice de CFK. En realidad, Kirchner necesitado de ampliar su base política soñaba con una «Transversalidad» peronismo-radicalismo y otras expresiones del campo Nac&Pop, que sirviera de red a la candidatura de Cristina. Y se dejó convencer de que Cobos era más apto que Gerardo Zamora (Cristina prefería al ya entonces gobernador de Santiago del Estero) para esa faena.

Néstor escuchó a Cornejo y terminó siendo traicionado. Una historia repetida en la carrera del gobernador.

La traición política de Cobos, expuesta crudamente en el voto no positivo que derrumbó el esquema de retenciones a los sectores concentrados del agro en la famosa sesión del Senado en la madrugada del 17 de julio de 2008, debió haber servido de lección. Pero para entonces Cornejo se había refugiado en su feudo natal: la intendencia de Godoy Cruz. Y desde ahí fue planificando una carrera política exitosa y controversial. Borrar del mapa todo vestigio de oposición, cual zar ruso, fue la norma, no la excepción en los dos periodos -del 2007 al 2011 y del 2011 al 2015- como intendente.

Cumpliendo la máxima de tener afilado el cuchillo abajo del poncho, Cornejo aprovechó esos 8 años para armar las bases del «cornejismo», para ir ascendiendo en el diagrama partidario de la UCR -donde peleaba a brazo partido con Gerardo Morales, el cordobés Mario Negri o el chaqueño Ángel Rozas-, y año a año ir subiendo el tono de opositor rabioso a CFK. En especial después de 2011, cuando Cristina iniciaba su segundo mandato y quedaba tocada por el estigma del «pato rengo». Así lo encontró el 2015 reconvertido en un furibundo «macrista». Justo él, que dos turnos atrás imaginaba veinte años de una transversalidad que podía emular a la Concertación chilena que logró unificar en el poder a todas las expresiones contrarias a la herencia del pinochetismo.

Mercedes LLano (la diputada por el Partido Demócrata de Mendoza que usa su banca como trinchera, al estilo de la líder birmana Aung San Suu Kyi) desempolva la historia y apunta con agudeza: «No hay que olvidar que Cornejo y Alberto Fernández fueron los que armaron la Transversalidad que después bendijo Kirchner. Hoy uno es el Presidente de la Nación y el otro el líder de la UCR. Ambos tenían in péctore un modelo de concentración de poder. De cooptar mayorías adictas. De tratar de ampliar la Corte Suprema. De destruir los poderes legislativos y judicial. Y de construir regímenes que finalmente desprecian la democracia representativa».

LLano sabe que su lengua filosa está vedada en los dos grandes medios de Mendoza.

Bien podría ser que por sus opiniones, Llano sea próximamente víctima de operaciones de fake news. Pero si le importa, lo disimula muy bien: «Cornejo no cree en la democracia. Es más, desprecia a las legislaturas y cree que las puede comprar a algunos de sus miembros con chupetines. En su mandato como Gobernador (2015-2019) o ahora en el de su delfín Suárez, buscó de todas las maneras posibles ampliar el número de la Suprema Corte, y aunque no lo logró, sí pudo alcanzar el control sobre 4 de sus 7 miembros, y así manejar al máximo tribunal de la provincia a su antojo. Lo mismo hizo con el Tribunal de Cuentas, donde nombró a un hombre totalmente adicto, cuyo único antecedente fue haber sido presidente de la cámara de Diputados provincial, obedeciendo a rajatabla las instrucciones de Cornejo».

Llano, que busca reorientar a los «gansos» del Partido Demócrata en la senda de ser árbitros de la pelea de fondo entre radicales y peronistas, no es la única que da batalla abierta al «emperador» Cornejo. Lucas Ilardo es la mano derecha en el Senado mendocino de la senadora nacional ultrakirchnerista Anabel Sagasti, tampoco se guarda ningún cartucho. Sólo que a él (como a Llano) le hacen el clásico vacío mediático, el cepo que muchas veces lo deja predicando en el desierto.

Varias denuncias de Ilardo contra el gobernador Cornejo.

Igual, Ilardo no se achica. El sábado 20 a la noche, Ríver goleaba cómodo a Godoy Cruz cuando de la nada, el periodista Juan Pablo Varsky rompió, sin proponérselo, el cerco y explicó que el juez del partido (Delfino) se había molestado por las hostilidades que bajaban de la platea VIP del estadio Malvinas Argentina. «Hay demasiados allegados, que encima se dedican a insultar», dijo Varsky apretando el grano lleno de pus. Rápido, Ilardo publicó en sus redes quiénes eran los energúmenos que enojados por la paliza que le daban al Tomba adentro de la cancha, se comportaban como barrabravas. «Otra vez el patrón de Mendoza, su custodia policial, su familia y su familia judicial. Todos en la cancha viendo Godoy Cruz-River, cuando está prohibido para cualquier mendocino. Todo oculto, por supuesto, todo clandestino. Todo protegido. Todos los privilegios. Todo el cinismo», concluyó. No hace falta aclarar que el «Patrón de Mendoza» era Alfredo Cornejo. Sí es interesante aclarar que su «familia» era su hijo Lautaro Cornejo. Y su «familia judicial» lo decía por su amigo Alejandro Gullé, al que nombró en 2016 como Procurador de la Suprema Corte.

Las fotos de la discordia. Cornejo y su familia -de sangre y política- en la cancha de Godoy Cruz para ver el partido contra River. 

Vía Twitter, Ilardo se ocupó el jueves 18 de desnudar el grosero apriete que Cornejo les hizo a 2 de los 3 jueces de la Corte provincial que no revistan como tropa propia del capanga mendocino. Los escrachados fueron Omar Palermo y Mario Adaro. El fallo que enfureció a Cornejo garantizaba el derecho a la protesta social y sindical. Una afrenta al modelo represivo que promueve el «dictador», según la caracterización de Ilardo. «Que Macho y Blas hayan sido absueltos por los jueces kirchneristas Palermo y Adaro, diciendo que no está probado que hayan sido autores del delito, cuando está todo probado y filmado en la causa, es una burla para toda la sociedad», escribió Cornejo en un largo hilo de Twitter. «¿Se imaginan lo que se hubiera escrito si Cristina Kirchner escribía algo así de cualquier juez de la Corte Suprema de la Nación?», reflexionó Ilardo.

El dirigente peronista que más se le atreve a Cornejo lo caracteriza como «un hombre con profundos delirios de caudillo, que cuando fue gobernador (2015-2019) fue un lame botas de Mauricio Macri y ahora lo condiciona a su sucesor (Rodolfo Suárez), predisponiéndolo mal con el gobierno nacional.


«Cornejo dejó a Mendoza tan endeudada como Macri al país – el PBI retrocedió a 2010 -. Buscó controlar la Corte Suprema y lo logró, y acaparó todos los organismos de control como el Tribunal de Cuentas y la Legislatura. Y como si esto fuera poco, instauró un capo mediático que impide que cualquier voz opositora sea mencionada en los medios más leídos de la provincia. ¿Cómo lo definiría? Como un pequeño monarca, que tienen de rehenes a toda Mendoza», concluye Ilardo.


En el otro extremo del arco ideológico, Mercedes Llano redobla la apuesta: «El cornejismo busca instaurar en Mendoza un régimen como el del PRI en México: autoritario, patoteril y que desprecia todas las visiones contrarias a su interés. ¿Cómo? Sea tratando de arrasar y destruir la imagen de los docentes – uno de los pocos colectivos que mantenían un prestigio importante en Mendoza- a los que trata de vagos, o buscando la extinción del Partido Demócrata, que siempre fue un sello distintivo respecto de otras provincias, ya que actuaba como la tercera fuerza capaz de impedir la concentración excesiva de poder en una persona o un grupo partidario. Cornejo intentó subsumir al PD dentro de la alianza «Cambia Mendoza», con la intención de hacernos desaparecer como factor de equilibrio democrático».

Con mucha convicción política, Llano celebra «que Cornejo no logró hacer desaparecer al PD. Acá estamos levantando la voz. Con algunos legisladores resistimos al avance del cornejismo y nos opusimos a la reforma de la Constitución y su ideal obsesiva por eliminar la restricción a la reelección del gobernador, no votamos la creación del Banco Provincial de Vinos y voté en contra del paquete de leyes enviado por el Ejecutivo de Suárez a la Legislatura, entre muchas otras cosas».

Martín Lousteau y Alfredo Cornejo luchan por el poder en el radicalismo. (NA)

«Pero por sobre todo -agrega- estoy decidida a pelear con todas mis fuerzas para que no triunfe el mal. Esa verdadera casta política profesionalizada que arrancó hace treinta y pico de años en la Franja Morada, que después tomaron por asalto la intendencia de Godoy Cruz y que ahora buscan eternizarse en el poder».


Para la opinión pública porteño-centrista, la imagen de Alfredo Cornejo aparece difusa. Las mediciones de las principales encuestadoras no lo ubican en el radar de los presidenciables. Midió algunos puntos allá por los inicios de la pandemia en el 2020, cuando desde el absurdo institucional planteó que Mendoza podría «separarse» de la Argentina. Otros, en un esfuerzo intelectual podrían percibirlo como un Juan Guaidó que quiere destronar la hegemonía de Gildo Insfrán en Formosa.

Nada serio para sus ambiciones Bonapartistas. Por ahora, el traje de presidente de la UCR le queda muy grande si de ser Presidente se trata. No hablemos de imaginar una interna contra Rodríguez Larreta en el espacio de JxC. Ni siquiera le da el pinet (la relación entre el perímetro del tórax y la altura del cuerpo) para competir con la nueva esperanza blanca del radicalismo, el ensortijado Martín Lousteau.

Fuente: Show Político

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