El pasado viernes 27 de diciembre, Ricardo Mansur y su séquito oficialista dieron una lección magistral de política ventajera en Rivadavia. Con maniobras que rozan la desfachatez, el Concejo Deliberante aprobó la ordenanza tarifaria 2025, incrementando las tasas municipales en un escandaloso 150%, consolidando uno de los aumentos más altos de Mendoza. Mientras Junín optó por un 50% y San Martín por un 30%, Mansur decidió cargar todo el peso de su inoperancia fiscal sobre los hombros de los contribuyentes.
¿Cómo se gestó este golpe al bolsillo del pueblo? Con dos concejales opositores de vacaciones y el presidente del HCD Luis Garcia Llauro (casualmente oficialista) actuando como intendente provisorio, el oficialismo logró que sus cuatro fieles levanta-manos convirtieran al Honorable Concejo Deliberante en una burda escribanía al servicio del intendente. Alicia Khin, Víctor Conejo Aguero, Juan Carlos Argüello y Estela Pichilli demostraron que su lealtad está más con Mansur que con el pueblo que dicen representar.
Los ediles opositores que alzaron la voz, Juan Manuel Villalba, Johanna Genovese y Alejandro Flores, señalaron con razón la falta de argumentos del oficialismo para defender un aumento tan brutal. ¿Acaso es normal que un proyecto de esta envergadura no sea debatido ni explicado por los concejales oficialistas? Parece que para Mansur y su equipo, el diálogo y la transparencia quedaron en el olvido, al igual que sus promesas de campaña.
Un municipio en decadencia
La gestión Mansur no solo se destaca por su voracidad fiscal, sino también por su ineficiencia y abandono. Calles llenas de basura, inseguridad creciente, y un municipio que parece estar más preocupado por incorporar militantes al sistema que por resolver los problemas de los vecinos. Más de 200 empleados ingresados al municipio en un año, funcionarios que cobran sueldos que superan el millon de pesos, sin resultados visibles, funcionarios que ingresan familiares y amigos a trabajar al municipio y una obra pública prácticamente inexistente son el reflejo de un gobierno que está hundiendo a Rivadavia.
Mientras tanto, familias y empresarios migran a Junín y a otros departamentos, donde encuentran progreso, orden y oportunidades. ¿Qué ha hecho Mansur para detener esta sangría? Nada.
En lugar de apostar por la inversión en deporte, cultura y desarrollo, su gestión se limita a criticar a la administración anterior y a maquillar números en una página de transparencia que ni siquiera está actualizada. No solo omiten información, sino que también mienten descaradamente sobre los sueldos de los funcionarios, publicando cifras de bolsillo cuando en realidad corresponden a montos brutos que superan con creces el millón de pesos.
Promesas vacías y una gestión sin rumbo
El primer año de gobierno de Ricardo Mansur ha sido un desastre. Prometió progreso, pero entregó retroceso; habló de transparencia, pero ocultó información. Los vecinos de Rivadavia enfrentan cada día un panorama más desolador: servicios deficientes, tasas impagables y un gobierno que parece más interesado en perpetuar su poder que en cumplir con sus responsabilidades.
Es hora de que Mansur deje de actuar como el patrón de una estancia decadente y recuerde que gobierna para el pueblo, no para sus amigos y aliados políticos. Rivadavia merece algo mejor. Los vecinos merecen un intendente que los escuche, los respete y trabaje por ellos. ¿Dónde quedó la ética? ¿Dónde quedó la gestión?
Hoy, Rivadavia es un departamento en decadencia, y gran parte de esa responsabilidad recae sobre los hombros de un intendente que prometió mucho y cumplió nada. El pueblo no olvidará, y las urnas, tarde o temprano, harán justicia.
La realidad y el abandono a Rivadavia no se maquilla de color Naranja.








































