En la edición del sábado del programa Hola Gente, la psicóloga Elida Mussa ofreció una profunda y valiosa charla sobre el bienestar emocional en niños y adolescentes. Con un lenguaje cercano y metáforas poderosas, brindó herramientas para madres, padres y cuidadores que buscan acompañar con mayor conciencia el desarrollo emocional de sus hijos.

🌱 El psiquismo como un jardín

Para explicar el complejo mundo emocional infantil, Mussa propuso una metáfora simple pero poderosa: pensar la mente de los niños como un jardín. “No se trata de controlar la mente de un niño, sino de aprender a regar lo que queremos que crezca”, señaló. Así como un jardín necesita agua, sol, sombra, paciencia y cuidado, también la mente en desarrollo requiere atención amorosa, límites claros y acompañamiento.

En ese jardín simbólico, hay flores que crecen solas, otras que necesitan más cuidado, y también hay maleza que no necesariamente debe arrancarse, sino entenderse. “No se trata de eliminar todo lo que no nos gusta, sino de reconocer qué necesita más luz, qué necesita poda, qué necesita tiempo”, explicó.

👶🏼 Desde el nacimiento: cuerpo, emociones y lenguaje

La licenciada hizo hincapié en que los niños, desde que nacen, están “inaugurando un mundo”, no sólo a nivel externo, sino también en su interior: un cuerpo, un psiquismo, una forma de sentir que aún no puede ser expresada con palabras. Por eso, muchas veces lo que no pueden decir lo manifiestan con el cuerpo: berrinches, dolores de panza, rabietas o silencios que hablan.

“No es que no quieran hablar, es que no pueden simbolizar lo que sienten. Ahí el rol del adulto es fundamental: acompañar, sostener, ayudar a poner palabras”, dijo Mussa.

❤️ Cuidar también a los que cuidan

Un punto central fue el alivio de las culpas que suelen cargar los padres. Mussa destacó que “no hay padres perfectos” y que la crianza no es un control constante, sino una construcción diaria. “Criar no es controlar, es cultivar. Nadie nace sabiendo ser madre o padre. Pero sí se puede aprender a estar presentes con conciencia emocional”.

La psicóloga invitó a desarmar frases comunes como “yo le doy todo y no entiendo por qué hace berrinche”. Explicó que el deseo en un niño necesita espacio: “Una persona desea cuando algo le falta. Si le damos todo, aplastamos el deseo”.

🚦 La gestión emocional y el “semáforo roto”

Consultada sobre la tan nombrada “gestión emocional”, Mussa explicó que en los niños ese proceso aún está en construcción. “A veces tienen un semáforo roto. No pueden frenar. Todo se mezcla. Y lo que el adulto interpreta como un problema de conducta, es en realidad una dificultad para procesar lo que sienten”.

Aquí el límite cumple una función vital. “Los límites son como las paredes de una casa. No encierran, protegen. Y decir ‘no’ a tiempo, con amor, también es una forma de cuidado”.

🧩 Rutinas, pantallas y tiempos compartidos

Mussa abordó también la importancia de las rutinas para generar orden y calma, especialmente frente a la ansiedad infantil. “Saber qué viene después permite anticipar y reducir incertidumbre. Jugar, bañarse, ponerse el pijama, dormir: todo tiene un ritmo que sostiene”.

Sobre el uso de pantallas, fue clara: “No hay que demonizarlas, pero sí entender que muchas veces las usamos para tapar. El tiempo frente a la pantalla no puede reemplazar al tiempo compartido, al vínculo real”.

🏗️ La casa emocional: límites sanos y reglas claras

Otra de las analogías que utilizó fue la construcción de una casa. “El límite no es castigo. Es contención. Es enseñar las reglas del juego antes de empezar a jugar. Anticipar las consecuencias, no improvisar castigos. Poner normas no es autoritarismo, es responsabilidad afectiva”.

Finalmente, destacó la diferencia entre acompañar a un niño pequeño y a un adolescente. “No se trata de usar el mismo mapa para todos los territorios. Hay que estar disponibles como una brújula, no como un GPS. No se trata de darles el camino, sino de estar ahí cuando lo necesiten”.

Con sabiduría, empatía y claridad, Elida Mussa dejó en claro que la crianza emocionalmente consciente no es una utopía, sino un desafío cotidiano que vale la pena transitar. Porque cada niño y cada adolescente merece un jardín interior cuidado con amor, respeto y presencia.

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