En el programa Hola Gente, el médico intensivista Dr. Carlos Martínez Picco brindó un testimonio profundo sobre lo que significó atravesar la pandemia en las terapias intensivas y cómo esa experiencia dejó marcas imborrables en médicos, enfermeros y en el sistema de salud en general.
“Yo siempre hago una comparativa con los veteranos de guerra: después de una guerra, nadie queda sano”, expresó el especialista. Según señaló, el estrés laboral y emocional fue tan intenso que aún hoy se perciben las secuelas en muchos trabajadores de la salud.
Martínez Picco remarcó que el síndrome de burnout está presente en gran parte del personal que debió afrontar aquella crisis sanitaria: “Por más temple que tengas, tarde o temprano te pasa factura. Tenés que estar muy bien ordenado para no caer en ese pozo”.
El médico también se refirió a la carga que recae sobre las familias de los pacientes críticos:
“El paciente que está en coma inducido o conectado a un respirador no sabe qué está pasando. Es la familia la que lleva la cruz, la que sufre la angustia y la desesperación. Nuestro trabajo es contenerlos, aunque muchas veces no acepten que hay situaciones sin solución”.
En otro tramo de la entrevista, explicó el equilibrio entre la tecnología y el trato humano:
“La inteligencia artificial es una herramienta útil, siempre que esté basada en evidencia. Pero no reemplaza al médico. La tecnología ayuda, pero lo esencial sigue siendo el vínculo humano con el paciente y su familia”.
Consultado sobre el futuro de la profesión, el doctor fue tajante:
“La medicina es ingrata, el esfuerzo no se refleja en el bolsillo. Yo les diría a los chicos que están estudiando: no sean médicos. Es una carrera dura, una vocación que te aparta de la familia y de los amigos”.
Finalmente, dejó una reflexión sobre la vida:
“Los poquitos instantes que tenés en este mundo hay que disfrutarlos, porque no sabés cuándo se termina. Trabajar en terapia intensiva te hace convivir todos los días con esa realidad”










































