El profesor e historiador Gustavo Capone presentó su nuevo libro “San Martín: vecino de Mendoza, ciudadano del mundo”, una obra que propone mirar al Libertador más allá del bronce y de las estatuas solemnes. El texto invita a recorrer las calles de Mendoza con la compañía de un San Martín humano, cercano y profundamente comprometido con el presente y el futuro de su pueblo.

En diálogo con el programa radial, Capone resaltó que la relación de San Martín con Mendoza fue mucho más que un simple paso estratégico hacia la campaña libertadora. Fue aquí donde el prócer organizó acequias, proyectó canales, impulsó la vida social y política, y formó un ejército con hombres y mujeres comunes que dieron origen a una gesta que aún hoy perdura.

“San Martín organizó los canales y acequias que anticiparon la Ley de Aguas de 1884. Esa conciencia sobre el agua sigue marcando a Mendoza hasta hoy”, afirmó.

El historiador explicó que la figura de San Martín se sostiene no sólo por sus logros militares, sino también por la capacidad de empatía y liderazgo con la que logró persuadir a miles de mendocinos para sumarse a la causa de la libertad:

“Llegó con 150 sables y sin hombres, y en dos años tenía 5.000 soldados. Obreros, chacareros, talabarteros y maestras: gente común que se transformó en ejército”.

Capone contrastó esta hazaña con los grandes imperios de la historia:

“Mientras los ejércitos imperiales conquistaban para sí, San Martín peleó por la libertad de los pueblos. Muchos murieron sin verla, pero esa libertad aún perdura”.

El libro también rescata su rol como gobernador y gestor social: agua, educación, cultura, justicia y desarrollo territorial fueron parte de su agenda cotidiana en Mendoza. A la par, el historiador reivindicó un aspecto muchas veces invisibilizado: el papel de las mujeres.

“Mientras tres mil hombres partían a la campaña, fueron las mujeres quienes sostuvieron a Mendoza política, económica y culturalmente”.

Finalmente, Capone subrayó el mensaje central de su obra: un San Martín vivo, activo, ejemplo cotidiano.

“No tenemos que quedarnos sólo en elogiarlo: hay que imitarlo. San Martín se parece mucho a nuestros padres y madres que trabajan todos los días sin deberle nada a nadie”.

 

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