Oscar Campos tiene 66 años y es pura fibra. Con apenas 46 kilos de peso, este vecino del Mirador en Rivadavia desafía todos los pronósticos: no toma medicamentos, corre sin hidratarse y acumula más de 30 carreras en su historial deportivo, muchas de ellas coronadas con triunfos.

Su historia fue compartida en el programa «Última Parada», conducido por Daniel Aguilera, donde el maratonista reveló los secretos de su extraordinaria condición física y su inquebrantable espíritu competitivo.

«No me gusta perder casi», confesó Campos con la sinceridad que lo caracteriza. El deportista vive en el asilo de Rivadavia, donde además de entrenar, trabaja por las mañanas haciendo jardines y dedica su tiempo libre a pintar dibujos para mantener su mente activa.

Una trayectoria impresionante

Campos lleva 15 años corriendo. Comenzó entrenando con Peteto González durante una década, y actualmente trabaja con Jonathan Botrano desde hace ocho meses, ganador de múltiples maratones en la provincia.

«Corrí 15 con el Peteto y las 15 las gané», recordó con orgullo. Entre sus logros más destacados figura un récord en los 5.000 metros en pista, que completó en 19 minutos y 14 segundos, compitiendo en categoría libre y venciendo a corredores mucho más jóvenes.

Recientemente participó en la carrera nocturna de Junín, donde terminó en cuarto lugar, resultado que no lo dejó conforme. «Estaba nervioso, había mucha gente», explicó sobre su desempeño y ahora tiene la mira puesta en la próxima carrera de La Paz de 10 kilómetros.

Un cuerpo fuera de lo común

Lo que más sorprende de Campos no son solo sus victorias, sino su particular forma de correr. «No tomo agua cuando corro. No llevo nada», reveló ante la incredulidad del conductor. Su método desafía todas las recomendaciones deportivas: comienza la carrera y no se detiene hasta cruzar la meta, sin hidratarse en ningún momento.

«Ya me he acostumbrado. Tomo un poquito más y no tomo más. No la siento, no me hace nada», explicó el atleta, quien admite que esta peculiaridad es una de las razones por las que su entrenador no lo deja competir en los 42 kilómetros de una maratón completa.

Su condición física también es excepcional en otros aspectos: no toma ningún tipo de medicamento, jamás fumó ni bebió alcohol, no se enferma y mantiene una rutina de entrenamiento que incluye sesiones los martes por la mañana y por las tardes en diversos lugares como el bulevar.

Más que un deportista, un ejemplo de vida

Aguilera, quien frecuentemente se cruza con Campos en sus recorridos, confesó que antes de conocerlo mejor pensaba que estaba enfermo por su extrema delgadez. «Pero cuando lo encontraba, el saludo siempre cordial, siempre gracioso», recordó el conductor.

La vida de Campos no ha estado exenta de dificultades. Hace un tiempo sufrió un accidente mientras trabajaba en un jardín: se cortó con un alambre y perdió un dedo del pie. Sus compañeros de entrenamiento lo apoyaron durante su recuperación. «Ellos me ayudaron mucho, me quedó bien el pie. Estoy contento con ellos porque me han ayudado mucho», agradeció emocionado.

Para Campos, su grupo de entrenamiento se ha convertido en su familia. «Son muy buenos todos ellos. Me quieren mucho», expresó. También mencionó especialmente a Lilia, una señora que lo ayudó cuando llegó al asilo y que le recomendó mantener su mente ocupada pintando.

Un sueño pendiente

A pesar de su extenso palmarés, Campos tiene una espina clavada: nunca ha podido ganar en La Paz. «Nunca la puedo ganar, siempre ando cuarto», lamenta sobre esta carrera que se corre en noviembre. Pero lejos de desanimarse, ya está preparándose para intentarlo nuevamente.

Su mayor anhelo, sin embargo, es poder correr algún día los 42 kilómetros de una maratón completa. «Nunca he corrido, quiero correr 42», expresó con determinación, aunque reconoce que su peculiar método de no hidratarse representa un obstáculo para que lo autoricen.

«No me va a pasar nada, porque me siento bien», asegura con la confianza de quien conoce perfectamente su cuerpo.

Un mensaje de vida

Al finalizar la entrevista, Aguilera no pudo ocultar su emoción: «Realmente me siento muy conmovido por lo que hace Oscar. Te felicito, te felicito de verdad».

Oscar Campos es la prueba viviente de que la edad es solo un número cuando hay pasión, disciplina y amor por lo que se hace. A sus 66 años, sin medicamentos, con una dieta peculiar y un método de entrenamiento único, continúa demostrando que los límites están en la mente.

Para este vecino del Mirador, cada carrera es una oportunidad de superarse, cada entrenamiento una celebración de la vida, y cada podio, la confirmación de que nunca es tarde para seguir conquistando sueños.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí