Claudio Daniel Aguilera

Por Claudio Daniel Aguilera

La crisis del tomate en Mendoza ha alcanzado un punto crítico. En San Carlos, productores han tomado una decisión drástica: arar sus propias cosechas y regalar toneladas de tomates como forma de protesta ante la falta de rentabilidad. La combinación de altos costos de producción, caída en la demanda y ausencia de medidas gubernamentales ha dejado al sector al borde del colapso.

 

Las imágenes de campos destruidos y familias cargando cajas gratuitas reflejan la magnitud del problema. Productores denuncian que vender el tomate a los precios actuales no cubre ni siquiera los costos básicos. Mientras tanto, las fábricas procesadoras —antes principal destino de la producción— compran menos y a valores irrisorios, profundizando la crisis.

 

El silencio del gobierno provincial solo agrava la situación. Agricultores exigen subsidios, créditos blandos y un fondo de emergencia que evite el cierre masivo de establecimientos. Se teme que, sin una respuesta rápida, el 20% de los productores mendocinos desaparezca antes de fin de año, con un impacto directo en más de 5.000 empleos.

 

Más allá de las pérdidas económicas, la crisis también pone en riesgo la seguridad alimentaria. Mendoza aporta el 45% del tomate en conserva consumido en Argentina, y se estima que, si la tendencia continúa, podría haber desabastecimiento y una suba de precios de hasta el 200% en los próximos meses.

 

Ante la falta de soluciones, los productores preparan movilizaciones masivas hacia la Casa de Gobierno mendocina. La demanda es clara: políticas públicas que protejan al sector y permitan su sostenibilidad. Como advierten los agricultores: «El tomate mendocino alimenta al país; no podemos dejarlo morir». Ahora, la decisión está en manos de las autoridades.

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí