El organizador y piloto Daniel Dindorf fue entrevistado en el programa Última Parada (Ciudad FM 90.5) y brindó un repaso detallado de lo que fue la carrera de enduro más alta del mundo, realizada los días 11 y 12 de octubre en Penitentes, a 3.600 metros sobre el nivel del mar.

“Fue una fiesta, con la presencia de unos 150 pilotos divididos en trece categorías”, resumió Dindorf, destacando que el evento cumplió con todos los estándares previstos a pesar del viento que complicó el armado de las estructuras.

El organizador explicó que la competencia, parte del campeonato Enduro Classic Series, reunió a corredores de Buenos Aires, Córdoba, La Rioja, Salta, Santiago del Estero, Santa Fe, Uruguay y otras provincias. “Esperábamos un poco más de afluencia de mendocinos, pero tuvimos un gran nivel de pilotos de afuera”, comentó.

Dindorf señaló que la carrera se desarrolló con éxito gracias al trabajo de un grupo compacto de familiares y amigos: “Somos un club que funciona como una familia. Esta fue la novena edición y la segunda que realizamos en Penitentes. Queremos seguir muchos años más en ese lugar”.

Sobre el recorrido, detalló que el circuito combinó sectores técnicos y zonas más accesibles: “El enduro del Aconcagua es una carrera muy técnica, con la dificultad de la altura y la falta de oxígeno. La idea es que la pueda correr todo el mundo, con tramos diferenciados para cada categoría”.

Entre las anécdotas más destacadas, el organizador celebró la participación femenina: “Hubo chicas que lograron completar toda la vuelta, lo que fue un desafío enorme. Eso nos impulsa a seguir adaptando el circuito para distintos niveles de manejo”.

Además, Dindorf recordó su experiencia internacional en Rumania, donde compitió en una de las pruebas más exigentes del mundo: “Corríamos entre seis y siete horas diarias durante cinco días. Fue durísimo, pero una experiencia increíble. Eso nos inspiró a traer ese espíritu de desafío a nuestras carreras”.

Consultado sobre la aclimatación de los corredores, explicó que la jornada previa se usa para que los cuerpos se adapten a la altura: “Pocos pilotos tuvieron dolor de cabeza o agotamiento. Es una carrera técnica, donde hay que saber cuándo acelerar y cuándo parar a oxigenar el cuerpo”.

El evento no solo fue deportivo, sino también turístico y familiar, con paisajes únicos y momentos emotivos: “Muchos pilotos de Buenos Aires nos pedían dar otra vuelta después de la carrera para sacar fotos. Verlos llegar emocionados, con lágrimas, es impagable”, relató.

Dindorf adelantó que el objetivo es mantener la fecha en octubre y fortalecer la participación local: “Queremos captar más mendocinos. Penitentes nos abrió las puertas y ahora, con una concesión de veinte años, tenemos la posibilidad de consolidar esta sede”.

Finalmente, expresó su orgullo por haber sido designado nuevamente comisario deportivo del Trasmontaña, una de las competencias más importantes del país: “Es un reconocimiento al trabajo que hacemos desde Rivadavia, con pasión, esfuerzo y familia. El Enduro es una fiesta, y queremos que siga siéndolo”.

Con Penitentes como escenario natural y el respaldo de un equipo que trabaja todo el año, el Enduro del Aconcagua se consolida como una marca mendocina que proyecta a la provincia en el mapa mundial del motociclismo extremo.

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