Tomando como plataforma la simbólica película mexicana del mismo nombre y en cuyo argumento cinco hombres buscan su destino y reivindicación en la vida pintando la línea divisoria entre dos carriles, de un lado quedaban los «afines» y del otro el resto del mundo.

Pero volviendo a la traza amarilla en la reciente carpeta asfáltica que se observa en calle Falucho por eso la ocurrencia de compararla con la actual gestión de gobierno municipal dirigido por Miguel Ronco.

Para empezar hay que decir que es difusa, como la toma de decisiones por parte del jefe comunal o por lo menos de la autoría de las mismas, así lo que refleja el presupuesto para usar por parte de la Secretaría de Gobierno que al parecer es proporcional a la toma de decisiones, en pocas palabras el «futuro» intendente, Hernán Amat, toma más decisiones que el actual, confusión de futuro perfecto con presente imperfecto o viceversa.

Pero saliendo de la película y volviendo la realidad, varios ya se disputan el sillón del Rey Miguel, pero por ahora lo dejan sólo.
De un lado de la delgada línea amarilla los «afines», amigos del poder de turno obsecuentes casuales, por ahí también se debe incluir al Presidente del Honorable Concejo Deliberante, Mauricio Di Césare, de prolija y muy buena gestión consecuente con Ronco ;otro de los candidatos potenciales, Javier Fornasari, se fue de la «fortaleza radical» cuando ésta comenzó a mostrar señales de vulnerabilidad, incertidumbre de gestión poca autoridad del Ejecutivo.

Entonces ¿la delgada línea amarilla a quién separa? ¿al pueblo de la clase política aburguesada? ¿a los mismos radicales entre sí que se desenfocan de sus obligaciones de gobierno?

No es muy difícil darse cuenta que el Municipio es una olla a presión; dónde muchos sonríen para la foto y mire que de eso saben, si hasta tienen quién les tome fotos y maneje las redes sociales a algunos funcionarios como muestra de estatus, total usted paga cada persona que trabaja en el Municipio.

Mientras tanto el peronismo mira la película desde la primera fila, sin protagonismo, salvo un concejal rebelde.

Debería ponerse también de un lado la obra pública y el desarrollo del otro lado de la delgada línea amarilla, a ver si dejan de confundir una cosa con la otra.

Ni hablar de comprar objetos de valor para las aspiraciones de algunos funcionarios, esta gestión se ha dado el lujo de contratar el equipo de prensa más caro de los últimos tiempos, que agregó un poco más de fuego a la presión de la olla municipal, fichaje que trata de cambiar la imagen del ejevutivo, alterando los ánimos de todos los medios locales salvo «excepciones» claro.

El final de la delgada línea amarilla, que por cierto en algunos lugares le falta rectitud, es un final incierto porque la comunidad rivadaviense hasta ahora vota con la memoria y no con la realidad actual, porque hay una condena hacia el justicialismo y además hay mucho «locacionismo» y poca militancia en el oficialismo, muchos de los neoradicales nunca perdieron elecciones, habría que ver cuantos quedan en el hipotético caso de que esto pasara, pero usted vecino de Rivadavia no sabe cuanto contrato de locación paga, pero ¿si eso no es populismo, que es entonces?

No vaya a ser que un día algunos locos se junten y decidan ir por encima de la delgada línea amarilla, ni por lado del radicalismo ni por el lado del peronismo sino por el lado del pueblo.