El Honorable Concejo Deliberante de Rivadavia distinguió a Hugo Gantus, un hombre cuya vida entera ha sido un homenaje a la tradición, el trabajo y la comunidad. Con 86 años y una vitalidad que asombra, Don Hugo sigue ejerciendo la peluquería con la misma pasión con la que comenzó siendo apenas un joven.

Su vocación nació en el seno de una familia de barberos: hijo de Don Tomasito Gantus, reconocido peluquero del pueblo, creció entre tijeras, navajas y charlas de mostrador. De todos sus hermanos, fue él quien mantuvo viva la profesión sin pausas, cortando el cabello incluso durante su servicio militar, y más tarde, mientras trabajaba como administrativo en Bodegas Gargantini, en un local frente a la bodega que se convirtió en punto de encuentro para vecinos y amigos.

Su oficio siempre estuvo marcado por una entrega que trascendió lo meramente laboral. Fue el peluquero elegido para el primer corte de pelo de muchos recién nacidos, el barbero que afeitaba con navaja a enfermos en sus casas, el hombre que cada lunes llevaba su tiempo y su arte al hogar de ancianos sin esperar nada a cambio.

A lo largo de las décadas, atendió a generaciones enteras de rivadavienses, y su dedicación no conoce días ni distancias: visita a domicilio a quienes tienen dificultades para moverse y recibe en domingo a clientes que, aunque hoy viven lejos, vuelven cada mes solo para sentarse en su silla.

Para Don Hugo, la peluquería no es solo un oficio: es un espacio de encuentro, un vínculo con las raíces y una forma de cuidar a su gente. Por eso celebra el resurgir del arte de la barbería en manos de jóvenes, convencido de que esta tradición tiene todavía mucho por dar.

Hoy, el reconocimiento no es solo para el peluquero ejemplar, sino para el vecino querido, el amigo leal y el hombre que, con tijeras en mano y corazón abierto, dejó una huella imborrable en la historia de Rivadavia.

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